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Las políticas emanadas de la UE y aplicadas sistemáticamente por los gobiernos españoles han traído como consecuencia la destrucción del sector industrial en España. El peso de la industria tuvo una importante caída en 1992, fruto de las políticas de reconversión industrial que se aplicaron como consecuencia de la entrada de nuestro país en la CEE.

Pero no todos los países de la UE han sufrido las consecuencias de esta reconversión industrial. Alemania, por ejemplo, ha sufrido un progresivo incremento de su sector industrial, mientras que países como Portugal y España pierden su industria. Se comprueba que la UE no es una “comunidad de iguales” sino una alianza interestatal imperialista para promover medidas a conveniencia del capital monopolista. Esto trae como resultado una concentración industrial en los países del centro imperialista y un predominio del sector servicios en los países periféricos.

El progresivo cierre de los astilleros, la siderurgia, la minería o el sector del automóvil trae consigo una destrucción brutal de fuerzas productivas y la dramática realidad del paro para la clase obrera, así como el abandono de comarcas enteras que vivían de esos sectores.

Bazán, Astilleros Euskalduna, Naval Gijón, Astilleros Españoles, Altos Hornos de Vizcaya, Ensidesa o Hunosa son tristes ejemplos de cómo el sector industrial español desaparece, a pesar de la dura lucha obrera, en beneficio de los monopolios de otros países.

Pese a la desindustrialización de nuestro país, la clase obrera no se ha reducido sino que se ha incrementado a la par que se han arruinado los pequeños productores fruto de la agresividad de los monopolios. El número de asalariados en España es más alto que nunca, lo que confirma de nuevo que la clase obrera de nuestro país es el motor de la revolución hacia el Socialismo, frente a las “nuevas” teorías que niegan la centralidad de la clase trabajadora en el proceso revolucionario.