Compartir

 “… aun el Estado más pequeño realmente está dividido en dos Estados. Uno es el Estados de los pobres y el otro el de los ricos. Ambos están en permanente guerra entre sí”. Platón

Lo que el filósofo griego tuvo claro, en el siglo V a.n.e., vuelve a ser caballo de batalla en nuestros días. Tras el estallido de la crisis capitalista la respuesta social a las medidas impuestas por los monopolios ha seguido dos vías fundamentales: por un lado la respuesta del movimiento obrero y sindical, mediante la convocatoria de multitud de manifestaciones obreras, huelgas de empresa y generales; por otro, un movimiento popular enfrentado a los desmanes del poder y que ha reaccionado en defensa de los derechos sociales.

Entre tales respuestas ni existió ni puede existir una muralla china. Los obreros y obreras de nuestro país responden a los recortes laborales y a las agresiones contra sus intereses de clase, desde los puestos de trabajo: trinchera que separa con toda claridad el mundo del trabajo del capitalista. A su vez, los sectores populares, en los que se integran cientos de miles de profesionales arruinados, la enorme bolsa de trabajadores autónomos, la juventud de extracción obrera y popular, las mujeres oprimidas, los jubilados y pensionistas empobrecidos, etc., reaccionan desde los barrios populares, desde las calles de nuestros pueblos y ciudades, defendiendo palmo a palmo cada conquista social, defendiendo las condiciones de vida del pueblo.

Sin embargo, hay quien trata de levantar esa muralla china entre las formas de lucha y organización acuñadas por el movimiento obrero y lo que pretenden ser los novísimos manuales de dirección de la protesta social, en cuyo seno se libra una lucha ideológica sumamente intensa. De un lado los autores de los nuevos manuales, que comienzan por rebautizar la protesta obrera y popular denominándola <ciudadana>. De otro el movimiento obrero revolucionario y sus organizaciones.

Los primeros ven en el <movimiento ciudadano> el sujeto que debe encarnar la ideología del <ciudadanismo>, en la que chapotea igualmente el Frente Cívico del señor Anguita, el mediático Podemos y también Izquierda Unida, unidos a una marea de ONG´s, plataformas y organizaciones de nuevo cuño nacidas al calor, o más bien para dar aliento, al 15-M o movimiento de los indignados. El <ciudadanismo> se levanta como ideología de la <sociedad civil> indignada, convirtiéndose en paradigma definitorio del posmodernismo que pretende una reforma a lo grande del Estado y de las instituciones jurídicas, tratando de reetablecer la correspondencia entre éstas y la citada <sociedad civil>.

Enfrente, quienes consideramos que, como señalaba Carlos Marx, “la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la economía política”, la cual nos enseña que la sociedad civil se divide en clases sociales enfrentadas, y que es precisamente la lucha entre esas clases la que explica la protesta social y que, en esa protesta, no todas las clases juegan un mismo papel ni representan unos mismos intereses. De ahí que hablemos de forjar una alianza social entre quienes todo lo producen, los obreros y obreras, y quienes con ellos comparten las penurias impuestas por esta barbarie capitalista; una alianza entendida como frente obrero y popular enfrentado al bloque oligárquico - burgués y su Estado, en lucha por una sociedad diferente: el socialismo – comunismo.

Como siempre sucede, entre los dos bloques cotendientes surge el pantano, la chaca cenagosa en la que habitan todo tipo de charlatanes, que desde su catecismo talmúdico confunden la necesaria transformación del movimiento espontáneo en consciente, a través de la intervención política y de la lucha ideológica, que ayudan a las masas a asimilar su experiencia de lucha, con la sumisión a lo espontáneo y el repliege ante unas ideas y unas organizaciones que nada tienen de espontáneas; para terminar dirigiendo sus tristes pistolas de agua contra el movimiento obrero revolucionario, pidiéndonos una vez tras otra, cual Pepito Grillo, que les acompañeros al pantano. De la misma tribu forman parte quienes nos señalan lo equivocados que estábamos y que seguimos estando, bajo el pretexto de que “en mi barrio eso no funciona así”. De acuerdo, en tu barrio no funciona así, pero seguramente por desgracia tu barrio no determina el proceso general que se desarrolla ante tus ojos, y el árbol de tu barrio te impide ver el bosque que ante ti se está levantando.

Vivimos tiempos convulsos. Se agotan los pactos alcanzados durante la transición del fascismo a la dictadura capitalista en que vivimos, chirrían los engranajes de una superestructura golpeada desde la base económica. Crecen las tensiones entre las potencias imperialistas, los estados se militarizan e incrementan la represión interna en unas condiciones en que el desarrollo científico – técnico permite espiar o asesinar de todas las formas imaginables e inimaginables. Los monopolios, sus estados y las uniones entre sus estados (como esa cárcel de pueblos que es la U.E.) están necesitando imponer nuevas formas de dominación. Y para ello precisan renovar consensos y, sobre todo, desarmar al único sujeto que, como bien saben, es capaz de hacerles frente: la clase obrera. Un desarme ideológico, político y organizativo que ya han puesto en marcha.

Nos dicen: ¡Señores obreros, sustituyan ustedes su vieja monserga de lucha de clases por un pensamiento moderno, sean ustedes buenos ciudadanos! ¡Señoras obreras, déjense de sindicato y de partido, todos son iguales! ¡Jóvenes estudiantes, dejaros de pancartas y de banderas, pensad como individuos y sumaros a la marea! Pues lo sentimos mucho, respetables predicadores del ciudadanismo, aún recordamos los tiempos de Kissinger, allá por los años setenta, en que desde EEUU se hizo pasar a los grupos contrarrevolucionarios por sociedad civil enfrentada a los “totalitarios” países socialistas del este europeo. Recordamos también como, ya en los noventa, el asesor de la Casa Blanca para asuntos de Cuba y el Caribe (Richar Nuccio), utilizó ese mismo pretexto de la sociedad civil para enfrentarla a la impenetrable sociedad política totalitaria del socialismo cubano. Por tanto, con todos los respetos, no vamos al pantano, no todos somos iguales, no nos dejamos arrastrar por la marea oportunista, no abandonamos la lucha sindical y ni sueñen con desarmar a un Partido que no está dispuesto a plegar sus banderas.

¡Todo para la clase obrera!

R.M.T.