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Ni a los Estados Unidos del belicista Barack Obama y Cia., ni a sus fieles lameculos, entre ellos la pintoresca Spain de nuestros días, les cae bien, pero nada bien, el periodista y activista de Internet australiano Julian Assange. ¡Quién lo iba a imaginar! un chico tan joven, apuesto e inteligente, es decir con méritos propios como para compararse con el mismísimo Bill Gates de la informática, y sin embargo, el muy jodido, va y la caga con su manía de querer utilizar su sabiduría cibernética para desvelar los crímenes cometidos por el imperialismo norteamericano. Tela marinera. El caso es que, ni corto ni perezoso, un buen día (sobre todo para la Humanidad), el irreverente Assange se lio la manta a la cabeza y empezó a disparar desde su portal Wikileaks (“leaks” significa “fugas” en inglés) verdades como puños. Comenzó divulgando más de 400.000 documentos confidenciales relativos a las matanzas (más de 109.000 civiles asesinados) perpetradas por el ejército norteamericano en Irak; después le siguieron 77.000 documentos secretos sobre las torturas y barbaries cometidas por los marines estadounidenses en las prisiones de Abou Ghraib (Irak), Bagram (Afganistán) o Guantánamo (Cuba), así como la distribución de un video: “Asesinato colateral”, que destruye la imagen idílica de los Estados Unidos defensor impenitente de los derechos humanos. Documentos, todos ellos facilitados, para más escarnio del orgullo norteamericano, por el soldado yanqui Bradley Mannnig quien, según sus propias palabras, quería mostrar con ellos “el desprecio por la vida con que algunos militares ejecutaban ataques en Irak o Afganistán” y “denunciar los abusos de la guerra”. Evidentemente, con tal programa, la ira del Tío Sam no podía esperar, y lo que, en otros casos hubiera sido una defensa sin tregua de la sacrosanta libertad de expresión, aquí se transformó en una auténtica “caza de brujas” aplaudida por Occidente. En agosto de 2010, el osado informático es acusado en Londres de violación por la justicia sueca, y más tarde se lanza una orden internacional de arresto, produciéndose su detención en diciembre de 2010. Sin embargo, es durante su libertad bajo fianza, y cuando en mayo de 2012 ve denegada su demanda de no extradición a Suecia, que Julian Assange, temiendo ser extraditado a Estados Unidos, entra en la embajada de Ecuador en la capital inglesa y solicita asilo político. El “gobierno progresista” de Rafael Correa se lo concede el 16 de agosto de 2012. Desde entonces Assange permanece en la sede diplomática ecuatoriana, porque el gobierno inglés, obedeciendo órdenes de Obama y contraviniendo el derecho internacional, le niega un salvoconducto para instalarse en el país latinoamericano. Pese a ello, Julian Assange, que como Marx estima que hay que “transformar el mundo”, sigue combatiendo la ignominia y el silencio a los que le condena Occidente. Concede entrevistas, participa en debates y en la realización de documentales, promete nuevas revelaciones y, sobre todo, mantiene en vida Wikileaks, porque defendiendo su trabajo de “divulgador de verdades que los poderosos quiere ocultar”, se interroga y nos pregunta: “si usted tuviese acceso a informaciones “top secret”, y descubriera cosas increíbles, cosas horribles, cosas que el público debería saber… ¿Qué haría usted?”.

José L. Quirante.