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"Los grupos radicales de extrema derecha y extrema izquierda afloran con una mayor actividad delincuencial en los últimos años, en los que también se han incrementado las detenciones"

Que los extremos se tocan, que todo radicalismo es malo, así como la equiparación de comunismo con nazifascismo y que las dictaduras son todas iguales tanto "las de izquierda como las de derecha" es quizás uno de los mantras más recurrentes del adoctrinamiento de masas por la burguesía. Fingiendo condenar por igual toda forma de violencia, ocultando su diferente grado de legitimidad y signo de clase, lo que se pretende a la postre es criminalizar toda acción considerada fuera de la ley (burguesa) por orientarse contra los privilegios de la clase dominante y su dictadura criminal. Se considera violento y punible que un/a joven escriba en una pared "¡No seremos vuestros esclavos!", o que un grupo de obreros/as obstruya el paso a camiones de distribución, esquiroles y rompehuelgas, pero no se considera violencia la brutalidad policial del 11 de marzo en Santiago sobre las mujeres e hijos de los marineros en lucha contra las cuotas y restricciones de la UE. Ni computan como violencia el hambre infantil, el despido de dos profesoras interinas con embarazos de alto riesgo, la orden de no ingresar a mayores de 80 años en el hospital de Toledo. Tampoco lo son las matanzas de inmigrantes en las vallas fronterizas ni el apoyo expreso a gangs y gobiernos golpistas y nazifascistas por los gobiernos de España y la Unión Europea.

La violencia de la patronal, el Estado y las uniones imperialistas no es violencia, o al menos es violencia legal, legítima, necesaria para la detracción de plusvalía y el mantenimiento de la tasa de ganancia. Que Linde (el gobernador del Banco de España) haya dicho el 12 de marzo que hay que abaratar más el despido y privatizar las pensiones no es violencia; simplemente, como puntualizó el propio Linde, "nada es perfecto en esta vida".

El articulista obvia cualquier referencia a la violencia terrorista de la patronal y del Estado, las penas de cárcel contra sindicalistas, como en La Rioja, Getafe, Galicia, la denuncia por huelga ilegal a los/as trabajadores/as de Panrico (la empresa les reclama 5 millones de euros) el endurecimiento de los Códigos Penales, la planificada proscripción de los Partidos Comunistas en diferentes países de Europa, la persecución y criminalización de la lucha obrera organizada, que se percibe en alza y como una amenaza a los beneficios y los privilegios de la clase dominante.

Porque, por mucho que diga Anguita "no me da miedo el ruido del poder, me da miedo el silencio del pueblo" , no hay tal silencio, depende de lo que entendamos por silencio y sobre todo depende de lo que entendamos por pueblo. Los/as estudiantes van nuevamente a la huelga el 26 de marzo, la mujer trabajadora se movilizó masivamente el 8 de marzo y también el día anterior y el siguiente, la clase obrera habla y habla claro, lucha, se organiza, se agrupa en estructuras unitarias de clase y de masas y hace frente a la patronal y a sus perros de presa con coraje y tenacidad y hay que estar sordo, o demasiado ocupado oyéndose a sí mismo, para escuchar silencio en Panrico (130 días de huelga indefinida), en Cocacola, en las cuenca mineras, en tantas y tantas luchas donde cada vez más trabajadores y trabajadoras se hacen oír y aprenden juntos, en la práctica, la necesidad de construir la fuerza organizada de la clase y de unir las luchas para conquistar victorias.