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En los últimos años hemos ido observando en nuestra “democrática y ejemplar” Europa la creación de legislación cada vez más cercenadora de las libertades en general, y de la ideología marxista-leninista en particular, a la par que nos instalábamos en la enésima crisis capitalista, esta vez desde su perspectiva especuladora, que al mismo tiempo que socializaba las pérdidas sirve de excusa para recortar tanto el llamado estado de bienestar como las libertades de las que tanto se enorgullecen nuestros políticos y gobernantes.

Ya desde 1991 en Lituania, Letonia y Estonia se ilegalizó el Partido Comunista, ilegalización que también ocurre en Rumanía. Además en Polonia aprobaron el 8 de junio de 2010 el nuevo Código Penal en el cual en el artículo 256 se prohíbe producir, registrar, importar, vender, comprar, regalar, transportar o enviar simbología comunista con fines propagandísticos, bajo penas que van desde multas hasta dos años de cárcel. En Hungría y Moldavia también es ilegal la hoz y el martillo.

También podemos contar la ilegalización de la Unión de Jóvenes Comunistas de la República Checa, disuelta oficialmente por el Estado Checo el 12 de octubre de 2006, alegando para ello el ministerio del Interior que, en su programa, incluía ¡la necesidad de sustituir la propiedad privada de los medios de producción por la propiedad colectiva!. Poco después se hizo lo propio con el Partido Comunista de Bohemia y Moravia, a raíz de una comisión formada por el Senado checo promovida por una moción presentada por el diputado “verde” Jaromir Stetina.

Podemos continuar con las condenas a dos años de prisión a la dirección del Partido Comunista de los Trabajadores Húngaros por “injurias”.

Como broche cabría incluir la pregunta que el parlamentario Georgios Toussas formuló al Consejo Europeo en la sesión del 16 de abril de 2009: “En el pueblo de Svirplyay, en Lituania, se ha encontrado recientemente un retrato del líder histórico de la Revolución de Octubre, Vladimir Ilych Lenin. La policía ha abierto una investigación de inmediato para perseguir a los responsables y acusarlos de “mostrar en público símbolos comunistas”. Esta medida se ha adoptado en virtud de la notoria legislación anticomunista que sirvió para ilegalizar al partido comunista ya en 1991 y para prohibir el uso de símbolos soviéticos y comunistas en 2009.

Estas acciones forman parte y alimentan la histeria anticomunista, en cuya difusión las instituciones de la UE desempeñan un papel principal. Este se ha caracterizado históricamente por tratar de equiparar, sin éxito, el fascismo y el comunismo, por tratar de criminalizar la ideología comunista y por prohibir el uso símbolos comunistas, así como las acciones y operaciones de los partidos comunistas. La historia ha demostrado que el anticomunismo y la persecución de los comunistas son siempre los precursores de una agresión general a los trabajadores, los derechos democráticos y las libertades populares.

¿Puede aclarar el Consejo si condena dicha campaña anticomunista y la existencia misma de esta inaceptable legislación anticomunista, que tiene como objetivo impedir la libre circulación de ideas y la actividad política sin obstáculos en Lituania y también en otros estados miembros?”

Por si alguien tenía alguna esperanza, y para que sepa lo que pude esperar de las autoridades y órganos de la UE y de sus naciones integrantes la respuesta que recibió fue ésta: “El Consejo no ha debatido esta cuestión ya que se trata de un asunto interno del Estado miembro afectado”.

No satisfechos con esto, en la reunión de la OSCE celebrada en Julio de 2009, se aprobó la resolución que, bajo el pomposo título “La reunificación de la Europa dividida: promover los derechos humanos y las libertades civiles en la región de la OSCE en el siglo XXI”, en el párrafo 14 se señala que los partidos comunistas deberían ser desmantelados, siendo acusados de ser “estructuras con patrones de comportamiento que idealizan el pasado, intentan volver a él o extenderlo hacia el futuro”.

Evidentemente la lista está lejos de ser exhaustiva, y cada día que pasa suma nuevos ejemplos. Así podemos ver, sin ir más lejos, las nuevas competencias con que ha dotado el Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna, municipio de la isla de Tenerife, a su Policía Local, para que, sin tener que poner sobre aviso a otros cuerpos, puedan multar con cantidades que van desde 100 hasta 300 euros a todo el que “ocupe la vía pública obstaculizando su uso” sin el pertinente permiso. O sea, que intentar plantear una reivindicación o airear unas protestas o razones te puede costar económicamente muy caro: ¡disuasión económica! Y más en los tiempos que corren.

O ver como los mismos que cínicamente se rasgan las vestiduras ante cualquier sugerencia de una democracia directa y participativa en la que el ciudadano pueda tomar parte activa en la toma de decisiones, “pues para eso ya están sus representantes votados legítimamente” aplauden que, con bandas fascistas como punta de lanza, “el pueblo” eche a un oligarca impresentable en Ucrania para poner a “nuestro” oligarca. Y si en el camino mueren tiroteados algunos policías y se lincha públicamente y con imágenes a uno de ellos... ¡bien hecho! ¿Qué creen que dirían estos mismos tipos si en los disturbios que unos meses antes asolaron barrios populares de varias ciudades inglesas unos jóvenes hubieran cogido a un policía y lo hubieran linchado?

No nos llamemos a engaño. Como bien reflejó Toussas en 2009 estamos contemplando la adopción de medidas para criminalizar las protestas y perseguir a las organizaciones comunistas, ante el temor de que las ideas revolucionarias avancen en esta Europa en la que los trabajadores cada vez ven menos esa idílica Europa que nos venden, y sí, en cambio, observan empeorar radicalmente sus condiciones de vida, aumentar el paro y la pobreza, perder derechos y libertades de forma acelerada, disminuir su poder adquisitivo y crecer más y más las desigualdades.

Recuérdenlo: la democracia burguesa es un lujo de burgueses ricos y acomodados. En tiempos de crisis hay que restringir los lujos y, como consecuencia, la democracia burguesa cada vez es menos democrática y va siendo incorporado su recambio natural: el fascismo.

Desde que se instauró el capitalismo se viene produciendo una inacabable guerra de clases y, en estos tiempos, los capitalistas van ganando. Son menos, y si lo consiguen no sólo es por tener los medios represivos a su disposición, sino, también, en función del dominio ideológico sobre los trabajadores, con la inexcusable ayuda política de las fuerzas oportunistas y reformistas que proyectan la concepción de que el capitalismo es reformable y mejorable para el conjunto de la clase trabajadora.

Los beneficios –la famosa plusvalía- sólo se consiguen por la explotación del trabajo, por la parte que se apropia el capitalista. Cuando el capital no obtiene la suficiente renta en la producción y venta de recursos se lanza al ámbito especulativo: el famoso capitalismo especulativo (el “nuevo capitalismo financiero” de los últimos años). Y cuando les estalla la burbuja estos liberales empedernidos no tienen empacho en llamar a sus lacayos del gobierno para que –con dinero público- se tapen los agujeros de sus balances y les salven sus ganancias.

Alexei Dorta