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“Todos los  días veo cuánto necesita Cuba esta revolución. Concebimos la necesidad de una  conciencia revolucionaria y la hemos logrado, y ahora el  pueblo tiene una verdadera conciencia de sus sentimientos y la revolución está  por encima de todas las cosas".

Estas afirmaciones, hechas por  Celia Sánchez Manduley a su padre, en una carta fechada en 1957, conservan hoy total vigencia y proponen además el reto permanente de cualquier proceso de construcción revolucionaria.

Celia fue revolucionaria antes de luchar por la Revolución. Aprendió a respetar el monte y los ríos igual que al ser humano y tal vinculación con su entorno natural (Oriente) le sirvió para guiar el camino de sus compañeros en el desembarco del Granma. Fue Celia la que buscó el mejor camino para que los expedicionarios pudieran alcanzar  la Sierra Maestra y hacerse fuertes allí.

Celia fue una organizadora nata, que supo trabajar con los campesinos y ganarlos para la causa revolucionaria. Lo demostraría también como soldado del Ejercito Rebelde, siendo la primera mujer que participó en un combate abierto con el enemigo, en la histórica batalla de El Uvero, y más tarde responsable de crear el primer batallón femenino de la guerrilla, llamado Mariana Grajales, en honor a la madre del héroe de la independencia cubana, Antonio Maceo.

La confianza entre ella y Fidel es el reflejo del trabajo entre verdaderos revolucionarios, que en su lucha por una vida mejor para el pueblo, convirtieron la lealtad en referencia para las generaciones futuras.

Ejemplo de esa lealtad es la carta que Fidel enviara a Celia, como reacción al espanto que causaron en él las bombas (suministradas por EEUU) lanzadas por la aviación batistiana contra los poblados campesinos de la Sierra Maestra.

" Celia:

Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario (donde se podía leer la inscripción USAF (United States Air Force), me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero.

Fidel "

El líder revolucionario, de alguna forma, desahogaba con la compañera de lucha su rabia ante la injusticia y el crimen, pero también hace una declaración de lo que habría de ser el futuro no ya de la Revolución sino de sí mismo.

Creación y memoria

Celia Sánchez aborrecía la burocracia tanto como defendía el papel de la creación en el proceso revolucionario. Tenía un alto sentido de la estética y ello, sumado a su unión con la naturaleza, la llevaron a responsabilizarse del diseño del Parque Lenin, una de las obras señeras de la Revolución, en su esfuerzo por  garantizar para el pueblo el derecho a contar con lugares para el esparcimiento y el descanso.

Celia vislumbró  la importancia de que los hechos de la Revolución no se agotaran con la vida de quienes los habían protagonizado en primera persona. Por ello se dedicó a recopilar toda la documentación de la lucha en la Sierra Maestra, y de esa manera hizo posible que, tras el triunfo en la guerra nacional de liberación, se creara la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, en 1964.

En 1979, ya gravemente enferma, pero sin renunciar a la defensa de la justicia y la emancipación de los pueblos, Celia viajó con Fidel a Nueva York, cuando a éste le tocó intervenir en la ONU, en representación de los Países No Alineados. Allí pudo ser testigo directo de la denuncia que el líder revolucionario hizo del bloqueo y  las agresiones terroristas del imperialismo yanqui contra Cuba. También presenció el análisis que Fidel  hizo de la desigualdad y del orden económico perverso (capitalista) impuesto sobre la mayor parte de los habitantes del planeta.

Estaba allí cuando Fidel terminó su discurso, arrancando el aplauso cerrado y largo de una Asamblea puesta en pie al completo. 

Pocos meses más tarde Celia Sánchez Manduley fallecía en La Habana. Su huella de mujer revolucionaria, a la que le gustaban las flores,  permanecerá.

ML. González