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En 1910 Clara Zetkin propuso en la II conferencia Internacional de Mujeres Socialistas el 8 Marzo como Día Internacional de la mujer trabajadora.

Más de un siglo después continúa siendo necesario un día que se dedique al reconocimiento de las mujeres trabajadoras y sus reivindicaciones, y, en concreto, es especialmente relevante para las jóvenes de clase obrera. Seguimos sufriendo la agresión patriarcal y los escasos derechos conquistados por quienes nos precedieron en la lucha van desapareciendo al servicio del capital.

Efectivamente, vemos cómo un siglo después las mujeres siguen siendo la parte más vulnerable de la clase obrera, y las jóvenes, lejos de ver cómo el yugo del patriarcado va cediendo, vemos que éste nos esclaviza cada vez más, dejándonos claro que dentro de este sistema opresor las jóvenes trabajadoras tenemos todavía un largo camino por delante para conseguir la igualdad y los derechos que se nos niegan.

¿Se puede decir que hemos conseguido algunos derechos? Convengamos que sí, algo hemos conseguido este último siglo, pero sin duda son muchos los ataques que sufrimos. En relación a esto vemos cómo la mujer joven visualiza cada vez más lejana la posibilidad de decidir sobre su propio cuerpo, siendo las jóvenes las más afectadas por la criminalización del aborto, haciéndose de nuestra libertad sexual un mero instrumento al servicio del capital.

Las cadenas patriarcales, lejos de desaparecer entre la juventud, persisten, a veces incluso con renovados eslabones que mejoran el sometimiento. Se siguen reproduciendo los roles familiares y de pareja donde las mujeres estamos relegadas a un segundo plano, de dependencia, reflejo de ello es el aumento del número de casos de violencia de género. Los celos, las agresiones físicas, las vejaciones, el control y demás atentados directos contra las jóvenes entre las parejas de temprana edad, están sorprendentemente normalizados, fruto en parte de la idea de amor romántico y del tipo de relaciones que se nos inculca desde bien pequeñas.

El elitismo del sistema educativo y la situación económica a la que el capitalismo en crisis arrastra a las familias de la clase obrera, obliga a las jóvenes al pronto abandono de sus estudios. Sin una formación básica y sin una posibilidad de seguridad ni estabilidad laboral, ya que al alto índice de paro juvenil hay que añadir los contratos temporales y la desigualdad laboral, las jóvenes de extracción obrera y popular estamos siendo avocadas a una situación vital de extrema explotación. Eso y el confinamiento en las tareas del hogar.

Otro lastre que continuamos sufriendo es la objetivación de nuestro cuerpo, no hay más que salir a la calle un día cualquiera para ver cómo las jóvenes ven condicionada su imagen a un estereotipo impuesto por una sociedad en la que se utiliza a la mujer como una herramienta sexual. Ejemplo de esto es también la pronta edad en la que algunas recurren a la prostitución, convirtiendo su cuerpo en mercancía, como única solución para poder costearse unos estudios o mantener a su familia.

Es por todo esto por lo que las mujeres, y en especial las jóvenes, que continuamos sufriendo esta infinidad de agresiones, necesitamos y reivindicamos el 8 de Marzo, fecha emblemática y conmemorativa de las luchas del pasado que traemos al presente para alumbrar el futuro. Un día de combate, que nos ayuda a llamar a las filas de la lucha por el socialismo a las mujeres de la clase desangrada por el capitalismo. Fecha de plena vigencia en el siglo XXI, donde destacar que sin nosotras no hay revolución y que somos parte imprescindible de la clase que escribirá la historia de la derrota de la oligarquía.