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Los días 13 y 14 de enero se cumplen treinta años de la celebración, en Madrid, del Congreso de Unidad Comunista, que dio lugar al nacimiento del Partido Comunista de los Pueblos de España, inicialmente “pecepunto” (PC). El proletariado de nuestro país recuperó, así, su Partido Comunista marxista-leninista como organización de vanguardia.

Pasadas estas tres décadas podemos sacar algunas conclusiones, del mayor interés para el camino hacia la revolución socialista que hemos de andar en el Estado español.

El I Congreso del PCPE -que se celebró en un ilusionante ambiente de entusiasmo combatiente-, como toda obra humana de nueva creación, no pudo evitar que en su génesis se incorporaran algunos de los viejos problemas que se habían instalado en el comunismo español en las décadas anteriores. Junto a una militancia revolucionaria que vino al proyecto con la determinación y la firmeza necesarias para enfrentar esta gigantesca tarea, vino también una carga de lastre que entendía que el apoyo del PCUS a este proceso era una garantía para hacer carrera y medrar, al estilo de lo que ocurría en la vieja organización oportunista en que se había convertido el PCE.

Ya en los prolegómenos del triunfo de la contrarrevolución en la URSS las ratas empezaron a abandonar un barco que, rápidamente, comprendieron que no era el suyo. La realidad es tozuda, y en el corto plazo nos puso ante la evidencia de los errores cometidos en la fase previa al Congreso, y en los voluntarismos carentes de justificación.

El joven PCPE se vio pronto sometido a una dura prueba: la desaparición -al inicio de los noventa del siglo pasado- de los sistemas socialistas del Este europeo. Tiempos en los que desde todos los altavoces del sistema se hacía una repetitiva, e insolente, exigencia de disolución a todas las organizaciones revolucionarias, “a la vista del fracaso del socialismo real”.

En esa etapa se puso de manifiesto la enorme fortaleza del PCPE para resistir en las más duras coyunturas. El núcleo duro de la resistencia, ante el letal ataque lanzado por la artillería del imperialismo, estuvo en aquella parte de la Dirección que se mantuvo firme -con Juan Ramos al frente-, y en una base militante que no tuvo dudas sobre la tarea que le correspondía en esos momentos históricos decisivos. La herencia de la III Internacional se expresaba en la firmeza y determinación con que nuestra militancia defendió el proyecto.

Se acuñó en el Partido, entonces, una consigna muy clara: “Hemos cavado una profunda trinchera para resistir, y de ella sólo saldremos hacia delante”

En el año 2000 el proceso de unidad con el PCOE, encabezado por Fernando Ferraz, significó un punto de inflexión, y el inicio de la salida de la trinchera. Pasamos de una fase de resistencia a los primeros pasos de la ofensiva.

El VII Congreso (extraordinario) nos permitió crear las condiciones para el paso activo a la ofensiva y al crecimiento. No hay antecedentes en la historia cercana en los que un Partido Comunista resuelve un complicado problema de dirección -que afectaba a la Secretaria General- sin rupturas. Aquí se puso de manifiesto la importancia del método -de la cultura bolchevique que siempre nos ha inspirado-, que nos permitió afrontar problemas muy difíciles con una capacidad de superación extraordinaria. Sin duda, este respeto por el método es una de las aportaciones más significativas del PCPE a la nueva cultura revolucionaria que estamos construyendo en estos años.

Dos señas de identidad caracterizan al PCPE en este recorrido: nuestra lucha contra el oportunismo y nuestro internacionalismo consecuente.

La lucha contra el oportunismo se ha concretado en un avance continuado del rigor político e ideológico de nuestro proyecto, del modelo de partido y del deslinde con las organizaciones reformistas, que en esta última etapa se expresa en nuestro trabajo por la salida del euro, la UE y la OTAN. Para ello ha sido de extraordinaria importancia la recuperación de la formación ideológica continuada de toda la militancia, que había desaparecido décadas atrás en la vieja organización oportunista.

La posición internacionalista proletaria del PCPE ha sido otra línea de actuación insobornable. En los momentos más desfavorables de la lucha ideológica el Partido nunca flojeó, por ejemplo, cuando en los noventa la Cuba socialista enfrentaba el “período especial” y el acrecentado ataque imperialista, siempre estuvimos en nuestro puesto de combate junto a Fidel y al PCC. También en la primera fila contra todas las guerras que el imperialismo desató en estas décadas, siempre sin concesiones.

Producto de ello, el Partido participa hoy en primera fila en todas las iniciativas internacionales del polo leninista: Revista Comunista Internacional, Iniciativa de PPCC para Europa, Encuentros Internacionales.

Una correcta política de masas y de vinculación directa con la clase obrera coloca al PCPE en una posición de ofensiva, resultado del trabajo realizado en el IX Congreso, que supuso importantes avances en la elaboración teórica del proyecto y del modelo de Partido.

En este recorrido apasionante, para sentar las bases de la revolución en nuestro país, el acompañamiento de la juventud comunista -organizada en los Colectivos de Jóvenes Comunistas-, que crecen en número e influencia política, constituye el necesario complemento y la cantera de nuevos cuadros comunistas, con un alto nivel de preparación, para el desarrollo futuro del Partido.

Carmelo Suarez