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"En una sociedad en lucha de clases, la ideología imperante siempre es la de la clase dominante. Y solamente con la introducción de la ideología obrera entre las masas, nadando a contracorriente del marasmo al que nos empujan los medios de control del sistema, es cuando podemos crear un proyecto independiente para la clase obrera y los sectores populares. "

A medida que la crisis va sumiendo más en la miseria a la clase obrera de nuestro país, la oligarquía va preparando sus defensas para una agudización de la lucha de clases. Aparte de las fuerzas directas (aumento del gasto policial, endurecimiento legal, mayor manipulación informativa, etc.), el sistema cuenta con la quinta columna entre la clase obrera: el reformismo y el oportunismo. Sustentados en décadas de traición sindical y política, a la par que en el interés de una clase pequeñoburguesa duramente golpeada en esta crisis, sus consignas prenden como la mecha. Muchos sabemos ya donde nos quieren llevar, a la confusión de nuestro objetivo y la derrota de nuestra lucha; al pantano. ¡Es un problema de gestión, vótame y estará solucionado! O lo que hoy está de moda, no organizarse –que es autoritarismo colectivo– si no "desobedecer" individualmente. A los sectores populares les ofrecen una salida no traumática a su situación, y aunque la mayoría, inconscientemente, sabe que es una puerta emparedada, se agarran a ello como a un clavo ardiendo. Todo esto no es nada nuevo, más de cien años de historia tiene ya esta quinta columna dentro de la clase obrera y los sectores populares; un siglo cambiando de forma, inventando "nuevas teorías" liberadoras pero manteniendo su esencia de poner todos los palos posibles en las ruedas revolucionarias. En Catalunya estamos asistiendo al último cambio de piel de este camaleón, "El Procés Constituent", y si otros ropajes habían sido amarillos, este es amarillo chillón.

El Procés Constituent es lo último de moda en las iniciativas ciudadanistas y alternativas. Lo dirige la monja Teresa Forcades, el economista Arcadi Oliveras, y ya se ha apuntado al carro Esther Vivas, que no pierde una oportunidad en ir allí donde ve que puede pillar cacho. Su política es clara, coger todo lo alternativo que está de moda y unirlo en un proyecto; desde el cooperativismo, al independentismo a rebufo del President Mas. 

En una sociedad en lucha de clases, la ideología imperante siempre es la de la clase dominante. Y solamente con la introducción de la ideología obrera entre las masas, nadando a contracorriente del marasmo al que nos empujan los medios de control del sistema, es cuando podemos crear un proyecto independiente para la clase obrera y los sectores populares. Para los comunistas, ser retaguardia del movimiento, es decir, simplemente escuchar y recoger lo que los "ciudadanos" opinan de manera espontánea, implica estar a merced de nuestro enemigo de clase. Ser una marioneta a la espera de qué nuevo movimiento la burguesía va a promocionar, qué estado de opinión va a crear y cuándo lo va a hacer desaparecer porque ya ha cumplido su objetivo. Los comunistas somos vanguardia porque escuchamos al pueblo, aprendemos de él; pero lo contradecimos cuando nos viene cargado con ideas de nuestro enemigo, y le proponemos elevar la consciencia para deshacerse del control ideológico burgués. El reformismo y el oportunismo alaban, en cambio, lo contrario como algo positivo. Recogen la espontaneidad de las masas y no pretenden cambiarla, porque su único objetivo es el crecimiento electoral, meca última para cambiar en su opinión el sistema, pero lo que lleva es al levantamiento de un dique de contención para las fuerzas revolucionarias primero, y a un recambio dentro del sistema después, en caso de que el bipartidismo esté ya demasiado desacreditado para gobernar. Cuantos más mejor, y no importa para qué. Por lo tanto no es de extrañar que en un mitin la monja dijera que en su movimiento quieren que nadie piense igual, y que nadie le imponga a otro su opinión. El individualismo pequeñoburgués no termina aquí, y en una entrevista, Forcades y Esther Vivas nos muestran su condición de clase: "Esta lucha de clases existe y se debe hacer conscientemente. Y no hay que tener miedo a apelar a esta descripción por el fantasma de la realización histórica del marxismo en la Unión Soviética, donde hubo una dictadura. Mi postura personal es ir a favor de la iniciativa privada pero que se sitúe en un marco de procesos cooperativos, que no tiene nada que ver con el capitalismo y tampoco con que un comité central te diga qué tienes que hacer". Es decir, estoy contra el capitalismo de palabra, pero acepto su premisa fundamental, la propiedad privada. ¡Aquí estas dos malabaristas nos intentan hacer pasar gato por liebre, y nos venden anticapitalismo cuando en realidad quieren decir antimonopolismo! Muy en consonancia estaban sus declaraciones hace meses en televisión, donde identificaba un capitalismo malo que hace trabajar a niños indios en fábricas de la NIKE por 4 euros al día, y un capitalismo bueno. Esta monja utópica, aparte de inventarse el reino de Dios, se inventa otro reino inexistente, aquí en la Tierra, donde el capitalismo puede volver a estar gobernado por pequeños burgueses y cooperativistas que explotan, pero solo un poquito, a sus trabajadores.

Teresa Forcades, que nos vende su aportación como algo desinteresado, seguramente es simplemente una utópica (y reaccionaria al querer llevar la historia hacia atrás), pero el sistema ya ha percibido sus potencialidades. ¿Cuáles? Pues elevar entre la vanguardia obrera y la oligarquía ese muro de contención, vendernos que la oposición al capitalismo no debe ser necesariamente "la dictadura soviética", si no que entre el mundo de la burguesía y el de la clase obrera existe un espacio para construir otro sistema posible. Socialdemocracia pura que la historia se ha encargado de rebatir.

Entonces, si este proyecto es una simple reedición del oportunismo, ¿en qué reside su novedad? ¿Por qué narices estoy hablando de ello? Pues porque el sistema va a necesitar en breve en Catalunya una alternativa de gobierno burgués. El PSC se está desmoronando como un castillo de naipes dado su desplazamiento fuera del bipartidismo, y ERC es un partido sumamente inestable que no podrá gobernar ni una sola legislatura sin mutar. El panorama para la "izquierda" queda bastante despejado para dos formaciones, ICV-IU y las CUP. Con programas sociales muy parecidos, oportunistas y reformistas en su condición, les separa un mundo en sus bases. Unos con base tradicional proveniente del sur, otros catalana; unos institucionalizados, otros formalmente rebeldes; unos con fuerza en el movimiento obrero, otros de la pequeña burguesía e intelectuales; unos del campo, otros de la ciudad; antaño unos represores, los otros reprimidos. Grandes distancias que enfrentan a sus bases pero que las cúpulas, que saben dónde se dirigen, están recortando con velocidad. Pues bien, el Procés Constituent de Teresa Forcades irrumpe en este escenario para ser lo que los catalanes llamamos "el pal de paller", la madera central que aguanta todo el pajar, que de otra manera se esparciría sin unión. Este pajar de la izquierda oportunista, o como ya se ha ido bautizando, la Syriza catalana, es deseado fervientemente por los líderes de IU-EUiA, y se hará posible cuando la CUP haya crecido más y le haya arrebatado todos los votos posibles al reformismo clásico, pactando un alianza en mejores condiciones para los independentistas. El vacío en el espacio socialdemócrata necesitará ser cubierto para regenerar el sistema, y sonarán con estridencia los cantos de sirena para la "unidad de las izquierdas"; cantos que deberán ser combatidos con determinación por aquellos que no pretenden crear falsas ilusiones sobre el sufrimiento de nuestra clase.

A. Camarasa