¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?…. y lo que es más importante, ¿los votantes de Castilla y León sueñan con ovejas de vox?. En fin, bromas aparte, la reflexión que podemos extraer de las elecciones en Castilla y León, no es tanto sobre la pírrica victoria del PP o el desgaste de las autodenominadas fuerzas progresistas, tampoco la más que anunciada muerte de Ciudadanos, esa opción política que siempre será fugaz y anecdótica puesto que su única función es la de ser un ecléctico parche de ambiciones para momentos de crisis, tampoco la irrupción, nada novedosa, de formaciones regionalistas. Todos esos sesudos análisis mejor dejárselos a los tertulianos especializados, lo verdaderamente relevante es si esta nueva ola de fascismo, populismo de derechas, trumpismo, ultraderecha, extrema derecha o como mejor se le pueda llamar, que se extiende por todo el mundo a la misma velocidad con la que se actualizan las rrss, que es la misma con la que los rumores se institucionalizan, es también un suceso momentáneo o preconiza la lucha política venidera.

Las elecciones de Castilla y León han sido como su misma tierra, una etapa, algo áspera y bucólica, pero efímera a fin de cuentas, en un viaje a Madrid. En este caso el viaje es el que hace Vox, la nueva formación de la vieja derecha, que cumple así con la ley pendular de la gestión política capitalista, esto es, el gestor socialdemócrata es refrescado por la reacción conservadora, y viceversa, el gobierno conservador es refrescado por el reformismo progresista, y así cual trilero, el sistema de dominación burgués distrae a la vez que alimenta la sensación de movimiento y cambio en el pueblo trabajador. Naturalmente nunca es del todo igual, la crisis estructural devenida de la siempre decreciente tasa de ganancia, obliga a operar todo tipo de ajustes, y como en cualquier obra humana, no siempre salen bien, en cualquiera de los casos, ahora no basta con ser de centro reformista liberal, ahora el mundo, desde los “iuesei” hasta la vieja Europa necesita algo más ultra, algo que arrastre multitudes agitadas bajo la bandera del nuevo oscurantismo, la llamada posverdad, en la que muchedumbres tumultuosas ansían ver confirmada su espesa desinformación y sus hondos prejuicios, todo un tropel de sentimientos afectados en torno a una vox que exprese alto y claro lo que quieren oír.

La deprimida meseta castellana (y leonesa), buque insignia de la llamada España vaciada, es una escala óptima en esta operación por crear aquí ese nuevo sujeto político que a base de twits y likes conjuga tan bien el antiestatimo libertario, la defensa a ultranza del capitalismo y el nacionalismo más cerril, ese sujeto, que bien sujeto a la voz de su amo, asalta un parlamento, un pleno municipal o la mismísima Otawa ataviado con una cabeza de búfalo o de toro, con chaleco de camuflaje o con náuticos y palo de golf, y con sus colores nacionalistas como si fueran las pinturas de guerra de ese salvaje que todo hombre viril debe llevar dentro. Armar ese sujeto es la estrategia, claro que la táctica tiene coste, y algo de ganado se ha perdido. En la dicotomía del “libertad o…” algunos de sus portavoces fueron a por lana, que en Castilla hay mucha -o por lo menos la había- y han salido trasquilados. En cualquier caso, nada que lamentar, entre las filas de los políticos de raza, la raza que emplea el capitalismo, siempre hay buenas puertas giratorias, lo importante está logrado, así, cuanto más ultra sea el refresco de la socialdemocracia, más dócil y liberal será esta.

Eduardo Uvedoble.