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Editorial. Octubre 2021

Iniciamos así el editorial de este mes porque queremos resaltar en él las ideas centrales sobre las que venimos insistiendo en el último periodo y sobre las que, disponiendo todas nuestras capacidades militantes a su consecución, no cejaremos en su desarrollo y puesta en marcha hasta que sean una realidad.

Con la desmovilización social y la multitud rendida ideológicamente al individualismo y el fatalismo solo se garantiza la agenda de la burguesía. En pura lógica dialéctica de una concepción materialista de la sociedad fundamentada en la disputa irreconciliable entre burguesía y proletariado, si lo que se busca es elevar a la clase obrera a clase en el poder, se hace imprescindible sentar las bases políticas y organizativas que propicien un cambio de actitud y, consecuentemente, de tendencia frente a las políticas de la patronal y sus gobiernos (UE, central, autonómicos y locales). Necesariamente, este giro de 180º que requiere de una táctica y una compleja política de alianzas, tiene que basarse en el protagonismo de las masas movilizadas en defensa de sus intereses y necesidades materiales y, a la vez, desarrollarse en el seno de las más diversas y plurales convocatorias desde las que empezar a germinar espacios organizativos en los que agrupar a los elementos más avanzados y conscientes de la clase obrera y el pueblo -concebido éste como la alianza rupturista de la mayoría social frente a la dominación burguesa-.

No hay día que perder, sobran las razones para, en cualquier lugar y con el más diverso motivo, empezar a articular esas estructuras de participación y encuentro de masas que enfrente la creciente explotación que padecemos como clase y que, fundamentada en una creciente precariedad y desvalorización de la fuerza de trabajo, normaliza la existencia de la pobreza incluso entre las personas que trabajan, fundamentalmente mujeres y jóvenes. Sumemos a esa sobreexplotación y ataque a los marcos colectivos de relaciones laborales, la desprotección social, la carestía de la vida y el aumento incesante de la segregación social en ciudades donde cada día es más evidente la quiebra entre zonas privilegiadas y los barrios obreros, y concluiremos necesariamente que el abanico de oportunidades para organizar y levantar la protesta es infinito.

Pero para acertar, se hace imprescindible un análisis certero de la realidad que, más allá de visiones idealistas, se fundamente en una rigurosa interpretación materialista de la formación social sobre la que intervenimos. No cometamos nunca el error de situarnos ni como furgón de cola de la pequeña burguesía, ni como elementos incapaces de relacionarse con las masas por no ser éstas “merecedoras” de ese privilegio limitado a quienes ya conocen la “verdad”.

No es fácil, lo sabemos, pero nunca dijimos que derrotar el poder burgués lo fuera, tampoco lo fue en 1917, pero para hacerlo es imprescindible llenarse las botas de barro bajando al tajo y aumentando, día a día, nuestra capacidad de intervención y dirección política de masas. Es lo que nos corresponde como Partido y militantes de Vanguardia y es por ello que lo asumimos con toda responsabilidad y, con la solemnidad que merece, compartimos con los lectores y lectoras de UyL que nuestra tarea central es promover y organizar el conflicto social y laboral y enfrentar el pacto y la paz social. Solo desde esta experiencia de organización y movilización compartida, se puede dar el paso al desarrollo del conflicto político y la progresiva asimilación de la ideología revolucionaria/comunista por las masas.

La lucha de clases es el motor de la Historia que nunca se para.

NO AL PACTO SOCIAL.

A pesar de la ruina progresiva del andamiaje político e institucional de la Transición del franquismo a la actual fase de la dictadura de clase burguesa, la idea del pacto y la paz social sigue siendo un elemento de dominación ideológica que conserva una amplísima hegemonía social.

El PCPE como Partido de la Revolución, enfrenta esta realidad desde la doble perspectiva de, por una parte, evidenciar la imposibilidad de, en una sociedad dividida en clases, generar acuerdos beneficiosos para todas las partes intervinientes y, por otra, negar la legitimidad de quienes, calificados por el Estado burgués como interlocutores sociales, dicen representar los intereses del conjunto de la clase trabajadora de este país.

Todos los derechos laborales y sociales conquistados por la clase trabajadora lo han sido siempre luchando y todos ellos se perderán si no se lucha por defenderlos y ampliarlos. El resultado del largo y contradictorio recorrido que, desde los Pactos de la Moncloa a las mesas de negociación lideradas por la Ministra Yolanda Díaz, ha acabado arrinconando la lucha obrera frente al diálogo y el acuerdo con la patronal, se resume en una creciente e innegable pérdida de derechos laborales y del poder adquisitivo de los salarios que, objetivamente, sufren todas las personas obligadas a vender a diario su fuerza de trabajo para sobrevivir.

En definitiva, mientras el gobierno del pacto social desmoviliza a las masas a cambio de pequeñas mejoras exclusivamente temporales, la reacción se fortalece y avanza en los barrios, en la movilización y su discurso va calando entre las masas. Ese es el papel del pacto social, de sus gobiernos y cúpulas sindicales.

En una sociedad en la que la única evidencia es que las futuras generaciones vivirán en peores condiciones que las precedentes, ni es posible dejar de confrontar con la supuesta superioridad del valor de la moderación y el pacto, ni es aceptable seguir callando sobre las desvergüenza de quienes sin consultar siquiera con sus afiliados/as, acuerdan con la patronal y sus gobiernos en nombre de toda la clase trabajadora.

Es imprescindible acabar con la paz social denunciando sus consecuencias y a sus actores políticos y sindicales.

EL 16 DE OCTUBRE A MADRID EN DEFENSA DE LAS PENSIONES.

El PCPE se hace eco de esta convocatoria y, desde la coincidencia con sus reivindicaciones, llama al conjunto de la clase trabajadora a sumarse a ella. Solo la movilización obrera puede detener los planes para un progresivo desmantelamiento del sistema público de pensiones a favor de los planes privados. La oligarquía financiera no renuncia a quedarse con la tajada de las pensiones públicas para lucrarse con ellas y conducirlas, como la totalidad de los planes privados, a la quiebra técnica. Perpetrar el mayor robo del progresivo proceso de privatización del sector público iniciado en la década de los 80 del siglo pasado, es su objetivo.

Tanto el Pacto de Toledo, como la reforma propuesta por el ministro Escrivá, muy al contrario de lo que se afirma, contienen las bases para facilitar este asalto a las pensiones públicas. El plan de reformas en relación a las pensiones que, junto a la reforma laboral, condicionarán el desembarco de los Fondos Europeos que durante 2022 llenarán los bolsillos de los monopolios, merecen una respuesta contundente. Una vez más, el gobierno de coalición PSOE/UP, se pliega a los intereses del gran capital y actúa a su favor facilitando la implementación de sus planes.

Esta es una batalla crucial en la que toda la clase trabajadora – personas jubiladas, pensionistas, en activo, personas desempleadas , estudiantes…- debe implicarse. Nos va en ello el presente y el futuro y, por eso, es tan importante la unidad del movimiento de pensionistas. Reclamamos la máxima responsabilidad a todos los actores que intervienen en él y les pedimos su máximo compromiso con el objetivo de superar la muy negativa división actual.

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