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En tiempos de pandemia, el discurso del mal menor y de abrocharse los cinturones para salvaguardar los beneficios millonarios de la patronal tiene un buen caldo de cultivo. Algo así debieron pensar en el consejo de administración de la empresa al presentar un ERE para los 129 trabajadoras y trabajadores de las dos plantas que la empresa tiene en Álava: Amurrio y Lloido.

La plantilla, que ya venía convocando paros de 24 horas ante las continuas amenazas de la empresa sobre recortes salariales y despidos, no se lo pensó dos veces y se lanzó a la huelga indefinida. Una huelga que ha tenido un seguimiento ejemplar y que pese a los palos de la Ertzaintza, el esquirolaje y las diferentes vulneraciones del derecho a huelga, ha conseguido una importante victoria judicial al reconocer como nulo el ERE presentado por la empresa.

De momento, van 147 días de huelga, 147 días de ejemplo y dignidad obrera, en los que se ha organizado todo tipo de actividades y se ha presionado a la empresa para que eche atrás el ERE. Y digo de momento, porque mientras se escribe este artículo, la empresa ha recurrido la sentencia del TSJ del País Vasco y se niega a readmitir a la plantilla afectada por el ERE.

En cualquier caso, la experiencia adquirida por la plantilla y por el conjunto de la clase trabajadora de la comarca no se lo pueden negar ni la empresa ni los tribunales.

Desde un primer momento, la plantilla tuvo claro que sin la unidad sindical no había capacidad de hacer retroceder el ERE que proponía la empresa. Así, desde un primer momento, se creó un comité de huelga formado por los sindicatos representativos: LA, LAB, CC. OO., STAT e Independientes, contando con la participación de toda la empresa a través de las asambleas de trabajadoras/es. Es un claro ejemplo de cómo los intereses de la clase trabajadora están por encima de las siglas sindicales, y que sin unidad, no hay victoria posible. En este sentido van las declaraciones del presidente del comité de empresa Eduardo Ibernia: “Tuvimos que unir nuestros pensamientos. Somos gente con mentalidades diferentes pero similares en cuanto a la defensa de los trabajadores, así que desde el primer momento tuvimos claro que la respuesta al despido masivo debía ser la huelga indefinida”

Otra de las grandes enseñanzas de esta lucha es cómo se ha implicado el conjunto de la clase trabajadora de la comarca en el conflicto. Solamente un pueblo con conciencia de clase tiene la capacidad de organizar la solidaridad con las familias de las y los trabajadores que deciden hacer una huelga indefinida.

Buen ejemplo de ello ha sido la “kutxa” solidaria, donde colectivos y asociaciones de todo tipo han estado organizando actividades para poder sufragar los gastos de la huelga y para que nadie tuviese que dejar la lucha por motivos económicos. Buena nota de ello deberían coger los sindicatos mayoritarios para la que se nos viene encima, sin una caja de resistencia no hay posibilidad de hacer frente a los abusos de la patronal, estamos absolutamente a su merced y sin capacidad de presionar con la mejor arma que tiene la clase trabajadora para presionar y defenderse de sus ataques: la huelga.

Con estas líneas sólo se pretende dar un mensaje de apoyo a la las y los compañeros de Tubacex y señalar que su lucha es ejemplo y una inspiración para toda la clase trabajadora. Muchas son las conclusiones a extraer de cada conflicto de clase, pero el que es común a todos ellos es que no hay medias tintas ni atajos en la defensa de nuestros intereses como clase, son sus beneficios contra nuestras vidas.

¡Hasta la victoria siempre!

Javi Ortega

 

 

 

 

 

 

 

 

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