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El pueblo cubano ocupa un lugar especial en el corazón de los pueblos de África. Los internacionalistas cubanos hicieron una contribución a la independencia, la libertad y la justicia en África que no tiene paralelo por los principios y el desinterés que la caracterizan. Son palabras de Nelson Mandela en 1991 en Cuba, su primera visita internacional después de su largo cautiverio, y es que los sudafricanos que durante décadas lucharon a muerte contra el régimen fascista del apartheid, siempre sintieron que Cuba fue su principal aliado, el principal aliado de África, el principal aliado de los pueblos que luchan por su propia existencia. Es importante comenzar señalando las palabras de Nelson Mandela, no solo por lo certeras que son, sino también por lo sorprendentemente chocante que a muchos y muchas a día de hoy le puede resultar que Nelson Mandela, ese gran luchador que los grandes medios han convertido en un icono de paz y no violencia que lideró la transición sudafricana, hablase así de lo que esos mismos medios describen como una terrible tiranía totalitaria que mata de hambre a la pequeñita y pobre isla caribeña.

Desde luego, es algo más que un chocante contraste, es toda una contrariedad que deshilvana el espeso tejido cotidiano que los mensajes de los medios dominantes tejen a diario, el relato sobre el que se apoyan las sociedades presentes se ve entonces comprometido. Probablemente hoy, más de uno le hubiera rápidamente espetado a Nelson Mandela “ah pues vete a vivir a Cuba, así es el pensamiento dominante, un diseño capaz de instalar automatismos mentales en las más inconscientes sensibilidades, sin embargo, ni la más espesa de las alfombras puede disimular la figura de determinados hechos. Y por mucho que los medios hegemónicos hayan diseñado un relato neutro con respecto a las grandes y violentas contradicciones de nuestro presente histórico, una ficción burdamente parecida a una de esas moralizantes y maniqueas películas de Hollywood, en el que, paradójicamente, al más puro estilo orwelliano, con neolengua incluida, el imperialismo nunca existió, el libre mercado es la democracia, la guerra fría fue la lucha de la democracia por contener el avance del totalitarismo, y Cuba es una dictadura. Aun con todo eso, resulta que a diferencia de esas democracias espectaculares, la dictadura cubana no invade ni bombardea países, ni vende armas a otros para que masacren a pueblos indefensos como en Palestina o Yemen. Es una dictadura que no boicotea los acuerdos del clima, ni acapara productos básicos en el mercado internacional como sí hacen las democracias. Es una dictadura que somete a un prolongado debate popular su proceso constituyente, a diferencia de las democracias, que modifican sus constituciones de espaldas al pueblo. Es una dictadura en la que la salud, la educación, el cuidado de la infancia o la vivienda son bienes públicos indiscutibles, a diferencia de las democracias en las que todo eso es primeramente un negocio.

Naturalmente Cuba no es una de esas democracias, como las que promovieron el asesinato de Lumumba en el Congo, o de Sankara en Burkina-Fasso, o que respaldaban a Mobuto en el Zaire, a Bokassa en la República Centroafricana, o a Jonas Savimbi en Angola, y esto solo en África. La lista es extensa, esas democracias espectaculares que protegieron a Franco, que promovieron la dictadura de los coroneles en Grecia, el golpe contra Mossadeq en Irán, que invadieron la República dominicana en el 65, que diseñaron y coordinaron la Operación Cóndor que es responsable de miles de asesinatos y torturas, y que dieron el visto bueno al genocidio indonesio, uno de los mayores de la historia. Afortunadamente Cuba no es de esas democracias, Cuba es un gobierno revolucionario guiado por un Partido comunista que, a través de todo tipo de organizaciones, posee una profunda y extensa vinculación con las masas populares. Y puesto que la participación política no requiere ni de partidos escaparate que representan el teatro del “y tú más” delante de las cámaras de las multinacionales de la comunicación, filiales de grandes corporaciones, ni de toda esa legión de tertulianos que nos dicen cómo ver lo que ocurre en el mundo, en resumen como en Cuba la participación política no consiste en ser espectador de un espectáculo bien dotado de todo tipo de efectos, y por supuesto, como Cuba ni se vende ni se somete, entonces ocurra lo que ocurraCuba delenda est.

Naturalmente, tampoco hay que simplificar, y nuestra democracia espectacular dispone de relatos de todo tipo, y si resulta que a los bien pensantes espectadores del lado izquierdo les resulta incómodo denunciar la dictadura cubana con los mismo términos que los espectadores del lado derecho, comienzan a aparecer los que bajo la bandera de la crítica manejan términos como aperturismo, modernización, ideología anticuada, etc, para aliviar a unos y otros en su batalla contra la revolución cubana. Ahora bien, detrás de la pantalla en que el sistema proyecta su ficción, está la realidad con su inequívoca verdad, la revolución cubana y el socialismo en Cuba siguen la consigna martiana de que Patria es humanidad y ninguna de nuestras ricas democracias ha dado tanto a la humanidad como sí lo ha hecho Cuba con todas carencias y limitaciones.

Afirmaba Fidel que ser internacionalista es saldar nuestra propia cuenta con la humanidad. Quien no sea capaz de luchar por otros, no será nunca suficientemente capaz de luchar por sí mismo. Y aquí está la gran riqueza moral de la revolución cubana que siempre ha salido en defensa de la independencia y soberanía de los pueblos. Lo ha hecho con las armas cuando esos mismo pueblos no han tenido otra vía que la de las armas, como con la operación Carlota, llamada así por una esclava insurrecta que lideró una sublevación contra el poder colonial español, que logró asegurar la soberanía de Angola y la independencia de Namibia, invadida por el régimen fascista sudafricano, acelerando de este modo su hundimiento. Pero también fueron las armas de los combatientes cubanos las que contribuyeron decisivamente en el mantenimiento de la integridad territorial etíope cuando este país fue invadido por Somalia. También el apoyo a Argelia cuando fue atacada por la monarquía marroquí. Y por supuesto, también al pueblo palestino.

Pero las auténticas armas que han caracterizado la revolución cubana, su más poderosa verdad que ninguna ficción puede silenciar, han sido la de los ejércitos de batas blancas -como los llamó Fidel-, las brigadas de médicos que la revolución ha movilizado por todo el mundo desde la misma década de los 60, ejércitos que en lugar de quitar vidas las han dado, ejércitos que han servido en todo tipo de países bajo una única bandera, la protección de la vida. Así, por ejemplo, en 1960 están en Chile tras sufrir uno de los peores terremotos de su historia, en 1991 en Iraq, en 1998, en pleno periodo especial, tras la devastación de los huracanes George y Mitch acuden a Haití, Guatemala y Honduras. Desde el 2004, con el programa Barrio Adentro han dado atención odontológica, oftalmológica, pediátrica y de medicina general en los barrios marginales y excluidos de Venezuela, Brasil, Ecuador y Bolivia. En el 2005, con la finalidad de dar una atención especializada en la atención médica tras catástrofes, se funda la brigada médica Henry Reeve, que ha estado presente en Guatemala, Pakistán, Indonesia, Bolivia o Haití, e incluso haciendo gala de una generosidad sin igual, la revolución ofreció su ayuda a los EEUU después del huracán Katrina. En 2014, a petición de la OMS, Cuba envió más de 250 médicos a Sierra Leona, Liberia y Guinea para atajar el brote de ébola que azotó la región. Y en el 2020, en la lucha contra la COVID, la revolución prestó su ayuda en algunas de esas democracias espectaculares como Portugal o Italia. Pero no solo fuera de Cuba, entre 1990 y el 2011 se atendió en la isla a más de 25 mil niños y niñas de Ucrania, Bielorrusia y Rusia afectados por la radiación tras el desastre de Chernobyl. Han sido cientos las que personas, incluidos ciudadanos estadounidenses, las que han acudido a Cuba y se han puesto en la manos de la revolución para ser tratados contra el cáncer con medicamentos como Cimavax. Un medicamento elaborado en Cuba, que como otros de reconocida eficacia, como la vacunas cubanas contra la COVID, o importantes tratamientos contra el VIH, se han logrado desarrollar gracias al Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba que desde 1986 gracias a la revolución, que antepone la vida humana al negocio, está a la vanguardia mundial de la investigación médica.

La revolución cubana consciente del valor fundamental que la formación tiene para el desarrollo de los pueblos, en 1999 funda la Escuela Latinoamericana de Medicina que ha becado a cientos de estudiantes de los países más pobres para formarse como médicos. También se han desplegado ejércitos de maestros para liberar a los pueblos de la miseria mental del analfabetismo, logrado su máximo éxito con el programa de alfabetización “Yo, sí puedo” que desde el 2002, ha enseñado a leer y escribir a más de diez millones de personas en 130 países, llegando a ser premiado por la UNESCO en el 2006. Hay que poner en alza que este programa pedagógico no solo se ha desarrollado en español, portugués, inglés o francés, las lenguas coloniales, también en aquellas otras lenguas que siendo patrimonio humano están en peligro de extinción, como ocurre con las lenguas nativas como el quechua, el aymara, el guaraní, el creole, el swahili o el tetun. Todos estos hechos son solo algunas de las demoledoras verdades de la revolución y del socialismo que para sorpresa y desazón de muchos y muchas son reconocidas en todo el mundo, desde dirigentes hasta sencillos trabajadores, pasando por reconocidos profesionales y premios nobeles.

La Revolución cubana ha sido y es, la voz por el desarrollo de los pueblos descolonizados, la voz que desde hace décadas, antes que muchos, ya clamaba contra la carrera armamentística que absorbe los recursos económicos, coloca a la humanidad al borde de su aniquilación y produce el chantaje del miedo que somete las naciones pequeñas a las grandes superpotencias, la voz que clama contra la deuda financiera internacional que bajo condiciones imposibles de asumir para los países en vías de desarrollo los recoloniza y los condena a una pobreza permanente, la voz que denuncia los desequilibrios cada vez más profundos que condenan a una miseria extrema a millones de hombres, mujeres y niños en todo el mundo, la voz contra el acaparamiento del 75% de los recursos mundiales por parte del 20% de la población más rica, la voz que ha alertado del desastre climático, intrínseco al actual modelo económico, y que ha demandado el empleo de la ciencia para lograr un crecimiento adecuado que proteja la tierra y garantice un futuro digno para toda la humanidad. Esa ha sido y es la voz de la revolución cubana que nunca ha hablado de imperios o ejes del mal, de guerras preventivas o de sanciones económicas, sino que siempre ha priorizado la dignidad humana.

¡VIVA CUBA SOCIALISTA!

Eduardo Uvedoble