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Por su interés y ante la más que evidente desinformación y manipulación de los medios de propaganda capitalistas,  reproducimos esta declaración que nos llega  del Partido Comunista de Bielorrusia.

Redacción UyL


Tras el colapso de la Unión Soviética, regímenes políticos de Occidente dirigidos por Estados Unidos siguen reduciendo a escombros los logros del sistema socialista, incluyendo a los estados antaño pertenecientes a ese sistema.

Para demostrar la supuesta ausencia de alternativas a la senda de desarrollo neoliberal, se bloquea y suprime cualquier régimen de izquierda orientado al socialismo que defienda su propio programa de desarrollo independiente de la injerencia de otros gobiernos. De hecho, esta es una nueva forma de colonialismo en la que el control militar es sustituido por estrategias de dominación en el ámbito de la economía, la información, el desarrollo tecnológico y la diplomacia. 

Si a nivel individual algunos estados persisten en su negativa a hacer concesiones políticas al “nuevo poder colonial”, surgen de forma simultánea sanciones económicas e intervenciones de tipo militar. En este sentido recordamos perfectamente que la partición de Yugoslavia y el bombardeo de Belgrado fueron precedidos por un duradero embargo económico cuyo propósito no era otro que generar un necesario estado de opinión en las sociedades occidentales al tiempo que se impulsaban una emergencia humanitaria y el descontento masivo dentro del país. Para contribuir a este propósito se emplearon grandes cantidades de dinero en la formación de una “quinta columna” que, tras la apariencia de “oposición democrática”, trabajaban como una auténtica red de agentes al servicio de Occidente.

Los resultados de muchos años de intervención y bloqueo económico por parte de Occidente pueden verse en los ejemplos de Siria, Venezuela, Cuba, Iraq, Libia, etc. El fin último de semejante política no es otro que el acceso a bienes, materias primas, mano de obra gratuita, así como la creación de “zonas de control” en territorios que anteriormente formaban parte de estados soberanos en las que, exentas de la aplicación de las leyes internacionales, se financian supuestas organizaciones terroristas y canales para el tráfico de droga a gran escala. 

No queremos que ese sea el destino de nuestro país. No nos hacemos ninguna ilusión al respecto de las aspiraciones de los países de Occidente que han puesto en marcha sanciones de tipo sectorial contra Bielorrusia. De hecho, consideramos que esta es una nueva fase de la agresión híbrida que desde hace más de un año se está produciendo en contra de nuestro país.

Para los comunistas, las razones de esta agresión son obvias. En el contexto de una prolongada crisis económica y financiera, el capital de nuestros días, como ya hiciera en el pasado, está buscando nuevas formas de repartirse los mercados, incluyendo aquellos situados en el este de Europa. Tal como demuestra la historia del mundo, los métodos más habituales empleados por el capital son la guerra, la generación de conflictos locales convenientemente controlados y unidos a constantes crisis humanitarias que destruyen las fuerzas de producción y acaban con las estructuras industriales y básicas de la economía. Una crisis de estas características ya ha tenido lugar anteriormente en Moldavia, Georgia y Ucrania, lo que sirve de lección para nosotros.

Al mismo tiempo, en lo que respecta a Bielorrusia, comprobamos que las sanciones sectoriales se imponen exclusivamente en aquellas áreas en las que se compite por los mercados de la Unión Europea: la industria automotriz y el sector petroquímico.

Paralelamente, las sanciones tienen como principal objetivo político la erosión de las industrias que en Bielorrusia son propiedad del estado y con cuyos impuestos se generan servicios sociales para la población a nivel estatal.

 Sin embargo, la meta de los estados que han iniciado estas sanciones sectoriales – y que no es sino influir de alguna manera en el régimen político de nuestro país – solo es pretexto formal para proteger sus mercados domésticos a la vez que rompen los lazos corporativos previamente establecidos por nuestro país. Este es básicamente el mismo plan utilizado con anterioridad en la guerra comercial iniciada por Estados Unidos contra la República Popular China, donde la política es solo una excusa formal para resolver sus propias dificultades económicas.  

El paquete de sanciones europeas ha sido cínicamente adoptado  cuando se cumple el 80º aniversario del ataque perpetrado por la Alemania nazi y sus países satélites contra la Unión Soviética. Aparentemente las lecciones políticas de la Segunda Guerra Mundial no han sido aprendidas, y el capital internacional, utilizando para sus fines a los regímenes nacionalistas del Este de Europa, apunta una vez más a los territorios de la Federación Rusa ricos en recursos y materias primas. Con este propósito, en la fase inicial de su agresión se han generado puntos de inestabilidad a lo largo del perímetro de Rusia, diseñados para convertir sus fronteras en “zonas grises” incontrolables e inseguras. En este plan, Bielorrusia está destinada exclusivamente a jugar el papel de estado pantalla que sea a la vez una fuente potencial de amenaza contra Rusia y el trampolín desde el que llevar a cabo las agresiones militares de la OTAN.

Hacemos un llamamiento a los ciudadanos de nuestro país para que permanezcan junto al presidente de Bielorrusia elegido de manera legítima, Aleksander Lukashenko, conformando la respuesta unida del pueblo de Bielorrusia frente a las sanciones y la presión económica.

También hacemos un llamamiento a los ciudadanos de otros países, a las organizaciones internacionales y a las fuerzas progresistas para que apoyen a la República de Bielorrusia en su lucha contra la presión que suponen las sanciones económicas, así como por su derecho de determinar de manera independiente y soberana el curso de su desarrollo.

Aquellos que han desatado su guerra económica, informativa, diplomática y política deberían saber que, al igual que ocurrió en junio de 1941, la fortaleza de Brest se alzará en el camino de su traicionero ataque como símbolo de la voluntad invencible y la lucha desinteresada de nuestro pueblo en el frente y en la retaguardia. Será entonces cuando llegue el inevitable giro decisivo, el “nuevo Stalingrado”.

Hoy, nosotros, los descendientes del victorioso Pueblo Soviético, escuchamos de nuevo las proféticas palabras: “¡Nuestra causa es justa! ¡El enemigo será derrotado! ¡La victoria será nuestra!”

Comité Central y Consejo del Partido Comunista de Bielorrusia