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Editorial Abril 2021

Superado el año del primer confinamiento motivado por la Covid19, hay algunas evidencias incuestionables para cualquier observador mínimamente perspicaz.

  • La gestión realizada por los países socialistas o con un alto nivel de capacidad de organización social, ha sido capaz de minimizar las consecuencias humanas y económicas de la pandemia. El uso por los estados de todos los recursos técnicos, económicos, científicos y humanos para el objetivo prioritario de salvar vidas, además de éticamente superior, ha demostrado ser mucho más eficaz que la imposición del mantenimiento del ciclo de reproducción ampliada del capital como única meta. SOCIALISMO ES VIDA.
  • El modelo de desarrollo económico y social dominante, propio de la fase de desarrollo imperialista, es absolutamente insostenible económica, social y medioambientalmente. La Humanidad necesita desterrarlo y, más allá de idealismos y neutralizantes pasatiempos de los viernes, solo el poder obrero y el Socialismo reúne las condiciones materiales e ideológicas para realizarlo. CAPITALISMO ES MUERTE.
  • Para incrementar la explotación de la clase trabajadora y el expolio de los recursos naturales, la burguesía usa todos los medios a su alcance. Paro, precariedad, división, desregulación, alienación, violencia, destrucción y guerra, son elementos de una misma ofensiva antiobrera y contra los pueblos, dirigida a mantener la decadente tasa de ganancia de unos monopolios cada vez más concentrados. Solo una potente contraofensiva obrera y popular de marcado carácter de clase, puede frenarla y fundamentar un proceso práctico de acumulación de fuerzas por el Socialismo. SOCIALISMO O BARBARIE.

Sentadas las bases objetivas para el Socialismo, es necesario centrar todas nuestras capacidades en madurar y hacer avanzar las condiciones subjetivas. Solo la vanguardia política revolucionaria –el Partido Comunista- puede enfrentar esta ardua tarea con garantía de éxito. Acumular fuerzas que enfrenten la hegemonía ideológica y cultural del capitalismo/imperialismo, es un proceso de organización de masas que se expresa en la práctica política de la confrontación de clases.

Sin lucha de clases la Historia no avanza; acelerarla es nuestro deber. Ninguna cesión, ni un paso atrás, en ese campo de debate ideológico y de disputa política fundamental. El objetivo del Estado, con la complicidad objetiva de la socialdemocracia política, social y sindical, es encerrarnos en casa y aislarnos para en un momento de creciente agudización de la crisis estructural del capitalismo, anular la temida capacidad de respuesta de unas masas conscientes que, encabezadas por la clase obrera, respondan a las consignas de su vanguardia política y enfrenten decididamente los planes del Estado.

Esa es la verdadera razón del debate que hay en nuestro país, pero, por la información que nos trasladan camaradas de partidos hermanos, también en Europa. No son razones sanitarias; pues el movimiento obrero organizado actúa con la máxima responsabilidad en ese sentido, y solo la burguesía interviene como multitud irresponsable cuando interviene en defensa de sus privilegios. La única razón es tratar de ejecutar un cambio “definitivo” que arrincone la respuesta obrera y popular y facilite el cambio orgánico que, aprovechando las circunstancias sobrevenidas con la COVID-19, pretende imponer la burguesía para incrementar la tasa de explotación.

La criminalización de la lucha y la movilización es un objetivo deseado por el poder burgués y para el que movilizan todos sus recursos mediáticos y represivos que disponen. Igualmente, cuentan con la inestimable ayuda de la socialdemocracia y la colaboración necesaria del izquierdismo contrarrevolucionario que, con su irresponsable accionar, aleja a las masas de los escenarios y convocatorias de movilizaciones. La situación vivida en torno a las movilizaciones convocadas para el 8 de marzo, son un ejemplo claro de esta dinámica de estigmatización de la movilización y del conjunto de las personas que luchan.

La respuesta más consecuente de las manifestaciones y concentraciones mantenidas frente a la presión mediática e institucional para desconvocarlas, muestran con claridad que el único camino de defensa de nuestros derechos es la lucha y la organización de masas. El intento de sustituir las convocatorias colectivas por escenarios de realidad virtual en los que esconder la lucha de clases tras un monitor de ordenador, es una farsa en la que el PCPE no caerá de ninguna de las maneras.

Por eso el 14 de Abril y el 1º de Mayo estaremos en la calle

Es mucho lo que está en juego y no hay otra opción. Es un mandato político de primer orden, del que de ninguna manera y bajo ningún pretexto podemos sustraernos, y para el que trabajaremos articulando y/o participando en diversas y amplias estructuras de base desde las que trasladar nuestra posición con una táctica acorde a cada una de las realidades en las que participemos. Lo fundamental es impedir que se abandone la calle como espacio de lucha y confrontación política con el bloque de dominación y sus gestores.

14 de abril. Acabemos con los Borbones marcando la senda republicana del Socialismo.

El descrédito de la monarquía, con los continuados escándalos del emérito y del conjunto de la Casa Real, convierte a esta institución fundamental de la estructura de dominación del 78 en su engranaje más débil y, quizás, en la pieza de cambio sobre la que si es capaz de alcanzar un consenso el conjunto del bloque de dominación, articular un nuevo proyecto político de estabilidad y amplios consensos sociales, sobre el que asentar su poder. La degradación de los Borbones por las evidencias de su robo continuado y uso de la jefatura de estado para sus ilegales e ilegítimos negocios, está engrasándole a Felipe VI la barrera fronteriza que años atrás ya atravesaron Carlos IV, Fernando VII, Isabel II, Alfonso XII, Alfonso XIII y Juan Carlos I

Crear un amplio movimiento republicano. Errores propios e incapacidades políticas ajenas, han logrado que después de alcanzar un cierto nivel de referencialidad política y organizativa en la primera década del siglo, el denominado movimiento republicano en el estado español se encuentre desorganizado y sin proyecto propio.

Nuestra tarea es crear un movimiento de masas, plural, unitario, confederal y con las referencias políticas propias del movimiento obrero y de liberación nacional. Autodeterminación, salida de la OTAN, fuera Bases, No a la UE y al Euro, defensa de lo público, reversión de las privatizaciones, No a la Ley de Extranjería, derogación de las reformas laborales y de las pensiones, Libertad de Expresión, no a la Ley Mordaza, Memoria Histórica de la clase obrera, Antifascismo… estas son las bases sobre las que se hace imprescindible articular el movimiento republicano que, no solo está llamado a derrocar la monarquía, sino que debe truncar cualquier posible plan de relevo en la Jefatura del Estado gestado desde el bloque de dominación.

No basta con manifestarse el 14 de abril, nuestra tarea principal es dejar un poso organizativo de base que sea el germen de un potente movimiento republicano que, en el conjunto de estado, confronte, mano a mano con el movimiento obrero, con los planes de rearticulación institucional del Estado.

República Socialista de carácter Confederal. Esa es la propuesta en la que se sustenta la propuesta comunista, del PCPE, de nuevo proyecto histórico para el conjunto de pueblos y naciones de España; el paradigma de estado fundamentado en el poder obrero capaz de superar las limitaciones del estado/nación articulado por el poder burgués.

Esa es la posición con la que siempre participará la militancia del PCPE y la JCPE, buscando posicionarla como hegemónica, como opción legítima de cualquier intervención militante en un frente de masas, pero entendiendo que la convocatoria colectiva unitaria no tiene que asumir necesariamente de principio nuestra propuesta estratégica. La intervención política de masas requiere de una táctica que se construye caso a caso en función de la realidad sobre la que se interviene, y que necesita de un análisis colectivo del que surjan los planes de trabajo concretos que marquen las pautas con las que intervenir en cada caso, uniendo en un mismo proyecto de coherencia revolucionaria la táctica y la estrategia.