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Fármaco es una palabra de origen griego que, curiosamente, significaba veneno y remedio. Ello se debe a que en la medicina antigua el mismo veneno que te mata, en una dosis apropiada, pude servir como remedio. A día de hoy, las vacunas son, más o menos, un poco eso, una pequeña dosis de la misma enfermedad de la que te quieres proteger y así lograr que tu cuerpo se vuelva inmune. 

Hace ya más de un año que la pandemia es instaló en nuestras vidas, o mejor dicho, nos desahució de ellas, de la normalidad en la que más o menos vivíamos. Y si algo bueno podemos podemos decir de la pandemia, es que por lo menos muestra el terrorífico espectáculo del capitalismo en su fase más corrupta y agresiva. No es algo que pase desapercibido, tal vez cueste verlo, sobretodo si uno se aferra a las sombras en la pared de la caverna mediática, al fin y al cabo, durante mucho tiempo, los medios nos han inmunizado de la barbarie capitalista a fuerza de repetirnos en dosis diarias su relato al servicio de los intereses de las grandes multinacionales. Desde luego es todo un prodigio comunicativo, ya que unos minutos te inoculan una fórmula perfecta que aúna geopolítica e interés humano. Te cuentan los desastres, lo buenos que son USA y Europa, los malos que son Rusia y China, lo inoportuno de los políticos, siempre peleándose, y lo acertado de los empresarios, que siempre resuelven, y para terminar un poco de sentimientos bienintencionados con alguna noticia sobre iniciativas contra el cáncer o cosas así.  Sin embargo, con la pandemia hemos podido palpar la humedad del barro del que están hechos los pies del gigante; la facilidad con la que sagrada democracia liberal impone medidas de control social, la fragilidad de los servicios públicos, los barrios obreros confinados y a la vez, los vagones del metro atestados de trabajadores, una mayor quiebra social, una mayor concentración de riqueza, los fascistas envalentonados ocupando las calles, y cómo no, el acaparamiento y la especulación con lo más necesario que toda crisis alienta siempre entre los emprendedores más adelantados.  

Así ocurre con las vacunas, protagonistas desde hace meses del relato mediático, y que vienen a encarnar perfectamente el devenir de los acontecimientos. Por un lado, las vacunas y los miedos sociales bajo los que el fascismo sociológico se crece, al calor del negacionismo se congregan aquellos sectores sociales que luego pasan a formar parte de la reacción. De otro lado, tenemos los planes de vacunación que, al margen de la poca vergüenza de todos esos políticos, militares, curas, etc, que han aprovechado para vacunarse antes que el resto, sirve de munición en las campañas políticas entre los partidos políticos del sistema. Luego, las vacunas y los gobiernos, donde encontramos acuerdos secretos, gobiernos que acaparan, vacunas que no llegan, y sale a relucir el modo en el que unos estados se imponen a otros, la UE y el Brexit, Israel bloqueando las vacunas de Palestina, y África, a la que que ni llegan ni se las esperan. También está las vacunas y las empresas farmacéuticas, que además de haber recibido numerosos fondos públicos para el desarrollo de las vacunas, logran excelentes cotizaciones en bolsa a medida que los planes de vacunación y la guerra de las vacunas producen a diario noticias que agitan los mercados bursátiles. Y por último, las vacunas y el imperialismo, no es ninguna casualidad que los laboratorios estén asociados a los principales bloques imperialistas, que la división internacional del trabajo que impone el imperialismo se refleje en la procedencia de las vacunas, así como resulta obvio que el mercadeo de vacunas sirve para reforzar los mecanismos de dependencia de los estados subalternos  a los bloques hegemónicos. Es por eso, que tampoco es ninguna casualidad que el único país que escape a este esquema sea Cuba, que ha logrado desarrollar sus propias vacunas. Una vez más se pone de manifiesto la superioridad del socialismo en el desarrollo y planificación de los recursos al servicio del pueblo, así como de la solidaridad internacionalista que siempre ha practicado Cuba y que pone el derecho a la vida por encima de la especulación mercantil.

Eduardo Uvedoble