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En marzo del 2015 Arabia Saudí, al frente de una coalición integrada por los países árabes más reaccionarios como Egipto, Baréin, Kuwait, Katar, Emiratos Árabes Unidos y otros, intervienen en Yemen para hacer frente a las fuerzas rebeldes que combaten al gobierno títere sometido a los designios de Arabia Saudí.   

Esta intervención cuenta con el apoyo de Estados Unidos, Francia, Inglaterra y las principales potencias de Occidente.

Con esta intervención Arabia Saudí, fiel aliado del imperialismo Norteamericano, trata de mantener su influencia sobre Yemen.

Hay que tener en cuenta que este país tiene una ubicación geográfica estratégica, pues se halla situado en el sur de la península Arábiga con una extensa frontera terrestre con Arabia Saudí y unos límites marítimos con el Golfo de Adén o Bab Al Mandab que comunica con el Mar Rojo, paso obligatorio de la mayor parte de los buques petroleros que transportan el crudo producido por este país.

El objetivo último de esta intervención militar es mantener un Yemen sometido a los dictados de Arabia Saudí y del imperialismo Norteamericano e impedir la victoria de las fuerzas rebeldes, y el establecimiento de un gobierno yemení independiente y soberano.

Los grupos opositores a la intervención militar, están formados mayoritariamente  por los hutíes adeptos a la rama chií del Islam.

La justificación para esta intervención militar es el supuesto apoyo de Irán en armas a los rebeldes  hutíes. Por su parte Irán siempre ha negado estas acusaciones.

La intervención militar saudí se inició con bombardeos masivos de aldeas y masacres entre la población civil. Esta intervención y el bloqueo impuesto por Arabia Saudí ha producido una hambruna generalizada que asola todo el país.

Esta guerra oculta por los medios de información al servicio del imperialismo norteamericano con el silencio cómplice de las potencias capitalistas interesadas en el control de la ruta del petróleo, dura ya más de cinco años. En este tiempo Arabia Saudí está cometiendo un verdadero genocidio contra el pueblo de Yemen.

Yemen es uno de los países más pobres del mundo, ocupa el puesto  154 en un ranking de 187 naciones independientes. Cuenta con una población de 29 millones de habitantes aproximadamente y una extensión territorial de 527 968 Km2, algo menos del territorio español. Una idea del atraso del país nos la da el hecho de que el índice de analfabetismo ronda el 55 % de la población.

En 1918 Yemen queda dividido en dos, el sur sometido al colonialismo inglés y en el norte se establece una monarquía que es derrocada en 1962, proclamándose la república.

Fruto de la resistencia armada encabezada por el Frente de Liberación Nacional (FLN) en 1967, el sur adquiere la independencia. El FLN accede al poder y funda la República Popular de Yemen.    

 En 1990 se lleva a cabo la unificación de ambos Yemen, que en la práctica fue una absorción del sur por el norte. El descontento existente en el sur culmina con un levantamiento popular en 1994 que fue brutalmente aplastado.

En 2011, al calor de la llamada “Primavera Árabe”, es derrocado el presidente títere Saleh y substituido por Mansour Hadi, que mantiene la misma política de sometimiento a los saudíes.

La resistencia armada del movimiento de los hutíes, principal grupo opositor, va alcanzando cada vez más envergadura. En septiembre 2014 toman Saná, la capital de Yemen, y en marzo del 2015, toman Adén, el principal puerto del país. La inminente derrota del gobierno títere pro-saudí conduce a la intervención militar de Arabia Saudí y sus aliados y al estado de guerra existente en la actualidad.

 La posición de los comunistas ante este conflicto ha de ser la exigencia de la retirada saudí y de sus aliados poniendo fin al genocidio al que está sometido el pueblo de Yemen y que sea este pueblo el que decida libremente su destino de forma soberana y sin injerencia exterior.

Juan Manuel Hernández Legazcue