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La situación de Pandemia ha puesto de relieve la crisis estructural del capitalismo en todo el mundo. En los estados “del bienestar” europeos, si lo miramos con perspectiva, éstos sólo han “funcionado” durante tres o cuatro décadas y, en el caso de España, ni siquiera eso.

Desde la última década del s.XX los partidos de extrema derecha han ido creciendo y desarrollándose en la Unión Europea, proporcionalmente al desmantelamiento de los servicios públicos, al retroceso de derechos en sus países miembros y al cierre de sus fronteras con consecuencias tan bárbaras como la transformación del Mar Mediterráneo en un cementerio. Y la doble moral europea se atreve a criticar las políticas de Trump con la inmigración en EEUU y a presentarlo como una opción de gobierno perjudicial para el mundo.

En el estado español vemos cómo se legaliza y normaliza la existencia de partidos como VOX, se ponen condiciones de criminalización del comunismo para condenar al franquismo y asistimos al espectáculo de rojigualdas y fanatismo de sotana que el fascismo, heredero del nacional-catolicismo de ayer, nos vuelve a llevar a las calles.

Mientras tanto, el gobierno socialdemócrata sigue con las viejas fórmulas “pesoístas”, aprobar leyes que le den a este despropósito un barniz “social”, como la del cambio de género o la reciente de educación, las cuales, no nos engañemos, más liberales no pueden ser. Y aprovechan el escenario COVID para combinar las medidas represivas que permite la Pandemia con los peores ataques a las condiciones económicas y sociales de la clase obrera y los sectores más castigados por el sistema.

Así nos sirven la oligarquía española y sus lacayos reformistas y oportunistas el avance del fascismo que se extiende por todas partes, porque forma parte del propio sistema capitalista decadente y podrido que, una vez haya explotado y destruido la mayor parte de los recursos naturales, sólo podrá seguir haciéndolo de la mano del fascismo para que ordene con sus bárbaras formas el caos provocado por el sinsentido antinatural e inhumano de las leyes de mercado.

La única manera de derrotar al fascismo es combatiéndolo y construyendo la alternativa al sistema capitalista, el Socialismo. Organizándose la clase obrera y los sectores populares en los puestos de trabajo para defender nuestros derechos, y en los pueblos y barrios para construir las redes de apoyo alternativas a las estructuras del sistema actual, para organizar una sociedad de personas libres e iguales sin explotación de unas personas sobre otras.

Es necesario que las organizaciones obreras y populares se revistan de antifascismo y se fundamenten en la lucha por la recuperación de la memoria histórica y de la República de la clase trabajadora y de los pueblos, por una República Socialista y de carácter Confederal para el estado español.

Mientras no avancen las organizaciones obreras y populares que nos permitan revelarnos contra la realidad actual, el avance del fascismo es imparable y la barbarie está cada vez más cercana y presente en nuestras vidas.

Gloria Marrugat

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