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Créanme, no pensaba yo que fuésemos tantos/as en este jodido país. ¡Qué va! Ni siquiera en aquellos días eufóricos que significaron la muerte del sanguinario dictador lo hubiera podido imaginar. “26 millones de rojos”. ¡Manda huevos!, y yo como un mentecato sin coscarme. No tengo perdón de Dios. Vaya, ya se me coló este. Millones de rojos/as malos/as paseando por las calles de la sempiterna “Hispania grande y libre”, así, como si ná. ¡Qué barbaridad!, y nosotros/as, cada mes que pasa, desde estas modestas páginas rebuscando militantes. ¡Hay que ver, dónde tendremos la cabeza! Pero bueno, si estos malditos bastardos (¿todos militares retirados?) lo afirman con tanta mala leche castrense, pues ¡cojones!, sus razones tendrán. ¿No les parece? Aunque vaya usted a saber, de esa gentuza se puede esperar todo. Incluso que no sean todos ellos militares inactivos como nos repiten los medios de desinformación burgueses y que el execrable huevo de la serpiente esté en gestación. Cosa que agravaría considerablemente el tema, pues las pretensiones de estos pirados salvapatrias son las de dar golpes de Estado y como en los tiempos de su añorado “irrepetible”, fusilar a todos/as los/as que ellos consideren rojos/as malos/as. “Hay que fusilar a todos esos hijos de puta con 26 millones de balas”, vomitaban en las redes sociales altos mandos militares fascistas el pasado mes de diciembre; al tiempo que otros energúmenos galoneados de “La XIX del Aire” aseguraban que “hay que extirpar el cáncer”, refiriéndose al gobierno, según ellos, “social-comunista”.

Franquismo soterrado

Y todo, básicamente, porque esos nostálgicos del franquismo siguen sin aceptar la pluralidad nacional del Estado español, ni tampoco el más mínimo cuestionamiento de la enseñanza controlada por la bulímica iglesia católica. Unas bravuconadas chulescas y facciosas que bien habrían merecido una respuesta rápida, clara y contundente de quien se considera “el gobierno más a la izquierda de la historia de España”. Máxime cuando el manifiesto inicial de protesta firmado por “73 mandos retirados del Ejército de Tierra”, miembros de “La XXIII Promoción de la Academia General Militar” – un teniente general, dos generales de división, cuatro generales de brigada y 66 coroneles - y enviado al rey Felipe VI el pasado 25 de noviembre, da a entender que el Jefe del Estado comparte sus preocupaciones. Pero no, como en tantas otras ocasiones, especialmente en todo lo que concierne al pasado franquista y a la permanencia de esa repugnante ideología en las instituciones del Estado, el perfil adoptado por el ejecutivo español ha sido el de doblegarse y prácticamente callarse. A lo sumo alguna que otra declaración de la Ministra de Defensa; Margarita Robles, reduciendo “el problema” a que “esos militares avergüenzan a todos los demócratas”, y que “el asunto” está en manos de la Fiscalía. Y pare usted de contar. Claro, no vaya a ser que se nos cabreen todavía más. ¿Verdad? Por su parte los medios de intoxicación burgueses han tratado de ningunear la infamia, reduciéndola a que es producto de “un grupúsculo de militares jubilados que no representan a nadie”, y a que se trata de “chats privados”. Vamos, cháchara entre amigotes. Sin embargo, posteriormente a los hechos comentados, centenas de altos mandos militares – dicen también retirados - firmaban un manifiesto apocalíptico compartiendo las inquietudes de sus exaltados compinches y entrometiéndose en las decisiones políticas del ejecutivo de Pedro Sánchez. Poniéndose en evidencia así que “el affaire” no es tan nimio como pretenden, y que el franquismo soterrado que arrastramos desde la vergonzosa y traicionera Transición pende sobre nuestras cabezas como la espada de Damocles para, en caso necesario, mejor dicha del capitalismo. Una amenaza que sólo podremos eliminar definitivamente con un pueblo concienciado, decidido y organizado revolucionariamente

José L. Quirante

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