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Hoy hablamos con María, joven trabajadora de 25 años, entrenadora de equipos de remo y estudiante de ingeniería química. Una mujer fuerte y combativa que lucha por construirse un futuro.

Cuando se decretó el Estado de Alarma y se inició el confinamiento domiciliario María se encontraba trabajando en el sector hostelero…”En el momento en el que se instauró el confinamiento domiciliario paré totalmente mi actividad laboral entrando en ERTE, sin cobrar siquiera los quince días del mes de marzo". Además, como estaba infracotizando (trabajaba más horas que las cotizadas) la prestación por ERTE se vio afectada, recibiendo una cantidad bastante inferior a lo que venía cobrando (que ya era bastante poco).

Esta situación de alarma sanitaria ha supuesto cambios laborales, nos cuenta que “debido a las penosas condiciones de la hostelería (salario, horario, infracotización) me vi obligada a dejar el trabajo de camarera porque no aguantaba más. “

Actualmente, ha encontrado otro trabajo (entrenadora de equipos de remo) con unas condiciones mejores que las que me ofrecía el sector hostelero…” A pesar de ser un contrato temporal a media jornada, este nuevo trabajo mejora mi estabilidad económica, ya que se cumplen las condiciones pactadas en el contrato (no como en mi trabajo anterior) ¡Parece mentira que haya que agradecer que cumplan las condiciones contractuales!”.

Respecto a cómo han afectado las medidas actuales a su vida actual nos confirma que le han afectado a nivel social, emocional y laboral, al igual que a muchas otras mujeres.

Su contacto social se ha visto reducido, con lo que ello conlleva, de afectación del estado anímico y a nivel laboral han incrementados las exigencias de seguridad, conllevando más trabajo para ella y sus compañeras y compañeros. Además nos cuenta que siente una mayor incertidumbre “Al tener un contrato temporal y ser entrenadora deportiva, lo cierto es que existe un riesgo de cierre de la actividad, lo que conllevaría la paralización de mi trabajo y volver a estar en una situación difícil económicamente. “

María, al ser joven y no tener a nadie a su cargo no ha visto aumentadas las tareas de cuidado, aunque sí que ha tenido que aumentar el trabajo en su domicilio, ampliando la limpieza. El miedo al contagio, unido a la incertidumbre laboral conlleva un mayor cuidado.

Además, María, a pesar de tener un contrato a media jornada y ser estudiante no recibe ninguna ayuda. Nos cuenta que tan solo estuvo percibiendo lo correspondiente al ERTE. “Al dejarse el anterior trabajo y no ser un despido, no tuve opción si quiera a desempleo”.

Nos plantea además que durante este año he sentido una inestabilidad e incertidumbre en todos los sentidos (estudios, trabajo, casa, familia…). “En ciertos momentos ha sido muy duro afrontar el día a día con ánimo y aceptar tantos cambios importantes”.

“Yo, además de entrenadora, soy estudiante de ingeniería química, sin embargo este año no he podido continuar con los estudios. La incertidumbre laboral, las clases online y sus horarios, mi estado anímico, perjudicado por la pandemia y el coste que supone, me han obligado a dejar mis estudios en suspensión, aunque espero retomarlos el año que viene”.

A María le gustaría alcanzar una estabilidad social y económica que le permita vivir más tranquila a dichos niveles y disfrutar de nuevo las cosas como antes de la pandemia o de una manera muy similar pudiendo salir con amigos, ver a toda la familia, viajar, conocer gente nueva… “Y por supuesto que la situación en la universidad se estabilice, pudiendo finalizar sus estudios”.

Secretaría Feminista