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Pero si el mito que los monopolios de la información ha tratado de construir en torno a la figura de Kennedy se tambalea con un somero análisis de su política interior, en cuanto entramos a desmenuzar su política exterior este mito se derrumba. La política exterior de la administración Kennedy, se caracteriza por ser seguidista en lo referente a la defensa de los intereses de los monopolios norteamericanos en Latinoamérica y Asia, por ser profundamente militarista y violenta, y por despreciar y pisotear la soberanía e independencia de los pueblos

Dos son los acontecimientos más relevantes durante su mandato y en ambos confluyen los elementos señalados arriba: se trata de la invasión mercenaria de Cuba y la guerra de Vietnam. De estos acontecimientos se ha tratado de desvincular la figura de Kennedy con todo tipo de vulgares recursos, desde que era un problema heredado en el caso de Cuba, hasta ocultar la responsabilidad de éste en el caso de la agresión a Vietnam

Es cierto que fue Eisenhower quien en 1961 dio la orden a la CIA para que entrenase y armase a un grupo de mercenarios anticubanos en Guatemala, para proceder con rapidez a invadir Cuba y derrocar el gobierno revolucionario dirigido por Fidel Castro. Pero cuando Kennedy llegó a la presidencia en 1961 no paró dicho plan, sino que continúo adelante produciéndose la invasión el 17 abril, y siendo derrotadas las fuerzas invasoras en tres días. Entorno a este asunto y la posición de Kennedy al respecto se ha desarrollado toda una campaña de manipulación y mentiras, que tratan fundamentalmente de borrar de la historia la actitud hipócrita y mentirosa que adoptó el gobierno de los EEUU con su presidente al frente.

Cuatro días antes de producirse la invasión, el presidente Kennedy en rueda de prensa afirmaba que “las fuerzas armadas estadounidenses no intervendrían en Cuba bajo ningún concepto”. Escudándose en el hecho de que tropas terrestres de Estados Unidos no participarían directamente en la invasión, trataba de encubrir sus planes agresivos contra Cuba. Engañó al pueblo norteamericano evitando que varios periódicos publicaran noticias sobre la instrucción que estaban recibiendo los mercenarios anticubanos de la CIA, pero también mintió a las familias sobre la causa de la muerte de los cuatro pilotos norteamericanos que murieron tripulando aviones de la armada estadounidense sin identificar.

Tras el estrepitoso fracaso del intento de invasión por Playa Girón, Kennedy continuó con su intención de derrocar al gobierno revolucionario de Fidel Castro. Tras recibir informaciones que afirmaban que era improbable que se produjese el derrocamiento sin la intervención directa de EEUU, éste autoriza la puesta en marcha de la llamada “operación mangosta”, cuyo objetivo era asestar un golpe aéreo sorpresivo y realizar la invasión. La instalación de las armas estratégicas en Cuba y el acuerdo alcanzado entre la URSS y EEUU tras la crisis de Octubre, alejó las intenciones norteamericanas de invadir la isla, pero en ningún caso la administración Kennedy renunció a acabar con el gobierno revolucionario cubano. Se diseñaron desde gobierno norteamericano cientos de planes para acabar con la vida de Fidel Castro y de dirigentes de la revolución.

No cabe la menor sombra de duda, sobre la implicación de J.F. Kennedy en los acontecimientos de abril de 1961 y los posteriores planes desestabilizadores dirigidos contra la revolución cubana. De la misma manera, lo que el presidente Kennedy trató de presentar como un programa de ayuda económica y colaboración con las democracias de América Latina, a través de la llamada “Alianza para el Progreso” no fue más que un intento de contener el influjo de la revolución cubana en el continente que se saldó con nuevos baños de sangre, golpes militares, e intervenciones directas e indirectas de Estados Unidos en la región.

Si en el caso del intento de invasión de Cuba los medios han tratado de exculpar a Kennedy minimizando la importancia de sus decisiones en el desarrollo de la operación, en lo que se refiere a su implicación en la agresión a Vietnam directamente han ignorado el papel jugado y la responsabilidad de J.F. Kennedy y su administración en la guerra imperialista desatada contra el pequeño país asiático.

El régimen dictatorial de Diem que favorecía a los terratenientes a expensas de los campesinos, mereció la siguiente valoración de Kennedy: “Su libertad política es objeto de inspiración”. Esta opinión tenía el senador Kennedy en 1953, de un régimen encarcelaba a campesinos y se negaba a abrir un proceso político para la unificación del país, a pesar de los acuerdos de paz de Ginebra. La impopularidad del régimen provocó la organización de la resistencia campesina y popular, que se articuló entorno al Frente Nacional de Liberación que controlaba la mayoría del territorio campesino de Vietnam del Sur. En este momento, la administración Kennedy elevó a 16.000 la presencia de asesores militares norteamericanos que empezaron a tomar parte en operaciones de combate secretas. A pesar de incrementar el número de efectivos americanos en Vietnam del Sur no conseguían recuperar el control efectivo del territorio. La administración Kennedy optó por organizar y apoyar a un grupo de generales para desalojar a Diem, que fue ejecutado el 1 de noviembre.

La palabrería utilizada por Kennedy para justificar la intervención en Vietnam hacía referencia a la responsabilidad que EEUU tenía como principal potencia de Occidente en promover la libertad y la democracia en todos los rincones del planeta. Pero los verdaderos objetivos del gobierno estadounidense los desvelaba en 1963, el subsecretario de Estado de Kennedy, Alexis Johnson en el club Económico de Detroit ante los verdaderos beneficiarios de dicha agresión, con las siguientes palabras: “¿Cuál es el poder de atracción que ha ejercido durante siglos del sudeste de Asia en las grandes potencias que lo flanquean a ambos lados?... Los países del sudeste asiático producen valiosos excedentes exportables como el arroz, el caucho, la teca, el maíz, el estaño, las especias, el aceite, y muchos productos más”.

Al terminar la guerra se habían lanzado sobre Vietnam, Laos y Camboya 7 millones de toneladas de bombas, más del doble de las lanzadas durante la Segunda Guerra Mundial sobre Europa y Asia. Este ha sido el resultado de la campaña por la “libertad” iniciada por John F. Kennedy en Asia.

A la luz de los hechos podemos decir sobre la presidencia de John F. Kennedy, que cumplió con el objetivo de continuar con la estrategia que habían diseñado clases dominantes tras la Segunda Guerra Mundial, que había puesto fin a los efectos de la crisis capitalista de 1929 sin deteriorar el propio sistema, es decir con una solución no revolucionaria en los países capitalistas. Por lo tanto, si la Segunda Guerra Mundial había sido positiva para los negocios, un estado de guerra permanente con la Unión Soviética serviría para mantener e incrementar los beneficios después de 1945 por medio de los contratos militares. Esto unido a la creación de un estado de histeria anticomunista creado desde los mass media, generaba las condiciones sociales para mantener la estabilidad dentro del propio país a través de la persecución y represión de cualquier manifestación revolucionaria y para justificar las agresiones imperialistas para la conquista de nuevos mercados.

Por último, referente a la muerte de Kennedy y las diversas teorías que existen al respecto las cuales no vamos a valorar, dejamos a modo de reflexión las declaraciones realizadas por Malcolm X cuando se le preguntó sobre su muerte: “… es el caso de las gallinas que vuelven a casa a dormir, cuando mis gallinas vuelven a casa a dormir no me siento triste, siempre me alegro”.

Fuentes:

Eric Hobsbawm: Historia del siglo XX

Howard Zinn: La otra historia de los Estados Unidos.

Mumia Abu-Jamal: Queremos libertad.

ToTe Fernández