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Juana Azurduy  (1780-1862), una fiel defensora de los derechos indígenas y  símbolo del compromiso de las mujeres latinoamericanas con las luchas independentistas.

Nacida  en Toroca (Potosí) mientras se expandía la rebelión  de Tupac Amaru,  quedó huérfana pronto. Fue criada en un convento de monjas y se casó a los 22 años con el general Manuel Ascensio Padilla, con quien tuvo cinco hijos. El  25 de mayo de 1809, cuando estalla la revolución independentista, ambos se unieron a los ejércitos populares creados tras la destitución del virrey, y lucharon en las guerras que comenzaron en Chuquisaca y La Paz.

Estuvo al frente de un ejército de indias, mestizas y criollas, apodadas “Las amazonas”. Montada en su caballo, con su chiripá blanco, casaca roja y el  gorro del mismo color, era un vendaval de furia que electrizaba a sus seguidores en las batallas.

En 1810, se incorporó al ejército libertador del argentino Manuel Belgrano, quien llegó a entregarle su propia espada en reconocimiento a su labor. El  3 de marzo de 1816, esta  heroína boliviana, al frente de 200 mujeres indias a caballo, derrota a las tropas españolas en Bolivia, libera a su esposo (que estaba prisionero desde 1814) y es nombrada teniente coronel, siendo así la primera mujer con rango militar en el mundo.

En agosto de 1816, se unió a la guerrilla del argentino Martín Miguel de Güemes  y liberó el norte de Argentina del control realista.  Algún agente extranjero la describió como “esa hermosa señora de veintiséis años que manda un grupo de cuatrocientos indios en la comarca de Chuquisaca”; aunque otras fuentes hablan de que había organizado una milicia de diez mil indígenas.

En medio de la lucha perdió a sus cuatro hijos mayores de hambre y malaria, y en septiembre de 1816, -embarazada de  su quinto hijo- fue herida durante la batalla de La Laguna y quedó viuda. El cuerpo de su marido fue colgado por los realistas en el pueblo de la Laguna; pero Juana, incluso en su estado, lo rescató al mando de un centenar de soldados.

Azurduy lo fue perdiendo todo, su casa, su tierra, cuatro de sus cinco hijos, su esposo,... pero jamás la dignidad, el coraje y la firme voluntad revolucionaria.

En 1825 el libertador Simón Bolívar, visitó a Azurduy y tras ver la condición miserable en que vivía, en extrema pobreza, la ascendió al grado de coronel y le otorgó una pensión.

Murió el 25 de mayo de 1862 en la provincia argentina de Jujuy, a los 82 años de edad, en la soledad, el olvido y la pobreza absoluta. Fue enterrada en una fosa común y 100 años después, sus restos fueron exhumados y depositados en un mausoleo que se construyó en su homenaje en la ciudad de Sucre.

Ana Muñoz