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Es un deporte que se practica desde tiempos inmemoriales y que ha saltado de una cultura a otra a través de los siglos y de los contactos entre unas y otras. Los antiguos griegos lo consolidaron llegando incluso a crear federaciones de competición y Roma lo hizo suyo como tantos elementos culturales y civilizatorios griegos. Fueron los romanos quienes introdujeron su práctica en la península ibérica pero con la caída del Imperio, la llegada de las tribus bárbaras y la conquista islámica no queda constancia que siguiera formando parte de la práctica de los moradores de la franja mediterránea.

La reintroducción en territorio valenciano llega de la mano de Jaume I El Conqueridor. La primera referencia escrita la encontramos en una crónica de guerra que describe el ataque de Al- Azraq a la ciudad de Alcoi en el año 1250 en la que se menciona una plaza de la ciudad llamada El jugador de pilota”. El juego se extiende rápidamente y lo practican todas las clases sociales, del campesinado a la nobleza pasando incluso por la curia.

En 1391 los dirigentes de Valencia, a través del Consell General, prohíben que se juegue en la calle aduciendo que es un punto de encuentro de conspiradores y agitadores. Se toman medidas similares en Castellón, Gandía y Alcoi que provocan fuertes respuestas populares para eliminar el edicto. En cambio en los trinquets”, canchas específicas de este juego, sí se podía practicar lo que derivó en que aumentara su construcción hasta llegar a 13 solo en la ciudad de Valencia.

Tras la guerra de Sucesión y la pérdida dels furs” a principios del siglo XVIII, los Reinos de Aragón y Valencia desaparecen y la nobleza valenciana emprende la senda de la castellanización que, entre otras muchas cosas, supone el abandono de tan arraigado deporte dejándolo en manos de las clases populares que lo mantienen vivo a pesar de nuevas prohibiciones. Llegado el siglo XIX la pilota valenciana vive un resurgimiento que la convierte en el juego más seguido y practicado. Así lo atestigua la profesionalización de los mejores jugadores y la construcción de nuevos trinquets. Este siglo de oro de la pilota valenciana toca a su fin en los años 60 del siglo XX cuando la industrialización trae el asfalto, los coches y un nuevo modelo de urbanismo que expulsa el juego de las calles a la vez que la nueva burguesía valenciana lo rechaza como algo rural y propio del populacho. El franquismo centralizador y represor lo persigue abiertamente por no poder controlar su raíz popular. Prohíbe que se practique y, cuando no puede evitarlo, prohíbe que se hable valenciano donde se juegue imponiendo fuertes multas por ambos conceptos. Las calles de pueblos y pequeñas ciudades, junto con los trinquets, pasan a ser focos de fuerte resistencia popular a la pérdida de identidad cultural valenciana.

Con el fin de la dictadura se inicia un resurgimiento que extiende la práctica del deporte. En 1985 la Federació de Pilota Valenciana se desliga de la estatal, que sólo contemplaba las variantes vascas, permitiendo que pueda organizar las competiciones y, por fin, regular y homologar normas y sus muchas variantes de juego. Hay dos grandes modalidades: juego directo y juego indirecto. Dentro del indirecto está el frontón y el frare. Dentro del directo están los más populares como llargues, raspall, escala i corda o galotxa.

En 1989 la fundación de Canal 9, la televisión autonómica, lleva la pilota valenciana a casa de la afición con las primeras retransmisiones televisivas de partidas completas y el seguimiento de la liga profesional. El siglo XXI es testigo de una recuperación y consolidación inéditas con la introducción de la liga de mujeres, el programa Pilota a l’Escola impulsado por la Conselleria de Cultura, 3.700 deportistas federados y 130 instalaciones deportivas donde se practica este deporte. Además, en el año 2014 fue declarado Bien de Interés Cultural Inmaterial por Decreto del Consell de la Generalitat Valenciana.

En palabras de Rovellet, mítico pelotari valenciano de 88 años reconocido como uno de los cinco mejores de la historia, la pilota puede haber pasado por periodos de crisis, pero es innata. Por eso, tengo claro que la pilota nunca puede desaparecer porque es del pueblo, y es el pueblo”.

Aitor Manero