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Si algo va quedando claro a lo largo de la pandemia, es que, salvo algunas excepciones, la salud de la clase obrera no es lo prioritario.   A pesar de haber demostrado que cuando no acudimos al puesto de trabajo, la producción se para y el miedo entra en las cabezas de los capitalistas como los billetes entraban en sus bolsillos.   Durante algunas semanas, el País se paró, no se producía, salvo lo esencial, y lo esencial para la sociedad era y es los servicios públicos, la limpieza, el transporte y la alimentación.

Pero la economía no puede parar, es como montar en bici, si dejas de pedalear, te caes.  Por eso, a pesar de los brotes, del aumento de casos, de la cantidad de información que hoy día tenemos las y los ciudadanos, a las empresas le interesa que se produzca y consuma ya.  Hay que recuperar el tiempo perdido, ganar al competidor.  Y en esas se está, mientras se legisla la obligatoriedad de la distancia entre personas, la obligatoriedad del uso de mascarillas, la necesidad de mantener la higiene personal y el uso de gel hidroalcoholico, en el CONSEJO SINDICAL OBRERO, vemos como en muchas empresas, la seguridad de sus trabajadores es sólo una fachada, nunca mejor dicho.

Dan las charlas y ponen los carteles del uso obligatorio de mascarillas, pero ni el que pone el cartel lleva la mascarilla obligatoria.   No son negacionistas, son capitalistas y les preocupa su nivel de producción, no la salud de sus trabajadoras y trabajadores.  Eso pasa en la obra y en multitud de empresas, donde el uso de mascarillas ralentiza la producción.

Hace un par de meses acudió a la sede de CSO un trabajador de una contrata de SEUR, y nos contó la situación en la famosa empresa de reparto de mensajería.  Lo dicho, en la entrada pone un cartel del uso obligatorio de la mascarilla, pero debe ser para echar unas risas o por si viene la inspección, porque nadie, excepto este trabajador la llevaba.  Harto de trabajar en unas condiciones donde su seguridad no se respetaba, nos comunicó que podía hacer.

Desde CSO pusimos denuncia ante la Inspección de trabajo, (nada se sabe de ella después de más de dos meses) Así nos cuida la Inspección.     El trabajador volvió por la Sede de CSO hace unos días, y nos planteó que iba a dejar el trabajo.  Después de hablar con él, y conociendo la manera de actuar de SEUR, le planteamos la posibilidad de provocar el despido reclamando el uso de la mascarilla.  Fue absolutamente eficaz.  El trabajador manifestó a su jefe la obligatoriedad del uso de la mascarilla en el centro de trabajo para toda la plantilla.  A la media hora le llamaron de Dirección para decirle que si no podía soportarlo le finalizaban el contrato para que pudiera cobrar el paro, y todos tan felices.

Es evidente que no les importa la salud de las y los trabajadores, saben que por desgracia hay un ejército de parados dispuestos a trabajar sin condiciones por una miseria, y de eso se aprovechan.  Al Capital le interesa que haya desempleo porque evita la conciencia obrera ante la necesidad.

El trabajador, con la carta de finalización en la mano, ha puesto demanda por despido, reclamando la improcedencia y las cantidades que le debían.  En CSO nos vamos a encargar que este hecho sea conocido por todas las contratas y subcontratas que trabajan así, y que los trabajadores y trabajadoras sepan dónde acudir para reclamar sus derechos laborales y salariales.  También nos vamos a encargar que la Inspección no deje en un cajón la denuncia presentada.

Vicent Alcaraz