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La tan cacareada Constitución españolísima de 1978, esa que nos volvió a la caverna europea, después de 40 años de franquismo y otros 40 de postfranquismo de regalo, no superaba a la de 1.931 ni de lejos, pero aún así, en su artículo 35 recoge: Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.

Pero no nos vengamos arriba, la Constitución recoge derechos fundamentales y otros que se llaman programáticos. Los derechos fundamentales son aquellos derechos inherentes a la persona. Es decir, son derechos inviolables, inalienables e irrenunciables, perteneciendo a toda persona por su dignidad, de tal forma que las personas, y los poderes públicos, que actúan siempre sometidos a la Ley, deben respetarlos en todo caso, configurándose dichos derechos, por lo tanto, como un límite a la actuación de aquéllos. Pero hete aquí que los únicos derechos fundamentales que recoge la españolísima son los comprendidos entre los artículos 14 y 29, por lo que, ohhhhh!, el derecho a la vivienda no es un derecho fundamental, sino que solamente interviene el Estado de alguna manera y no dejan de ser una declaración de intenciones. Pues como cada 8 de enero que te apuntas al gym para adelgazar, pero a lo bestia…

El día 5 de Octubre Naciones Unidas hizo un reclamo global en el día Mundial del Hábitat. Pedro Sánchez aún está riéndose… El comunicado pedía adoptar medidas en todos los países para proporcionar a las familias de bajos ingresos y poblaciones vulnerables viviendas asequibles.

En Mallorca la vivienda es de todo menos asequible, pero hay viviendas para todos, miles de viviendas vacías, esas que, o bien pertenecen a los bancos o bien pertenecen a grandes tenedores (especuladores de toda la vida) o fondos de inversión (buitres y cuervos que son). Pero esos pobres poseedores de miles de viviendas no van a regalarlas, pobrecitos, mejor las alquilan a precios desorbitantes y sin declarar en muchos casos, o bien usan los contratos de alquiler temporal, saltándose la Ley de Arrendamientos Urbanos y haciendo imposible el acceso a la vivienda de la clase trabajadora.

Menos mal que están los de Securitas Direct, con sus alarmas y sus campañas de miedo, protegiéndolos y sus jueces y sus procedimientos express, y la policía y la Guardia civil…y a los pobres que los zurzan.

Mientras tanto en la República Bolivariana de Venezuela se han construido 3 millones de viviendas. La Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV) participó en la primera Asamblea del Programa ONU-Hábitat que se efectuó en la ciudad de Nairobi, Kenia en 2019 y se ve que todavía siguen discutiendo. Otra muestra de la decadencia, triste decadencia, de la ONU.

En España, lo que se paga para mantener una vivienda, ronda el 70% del salario. La cuenta es fácil: Si el salario medio es de 27.537 €, según algunos informes, pero que el salario bruto anual más frecuente es de 17.482 € (la diferencia salarial entre la mayoría y la minoría pudiente es abismal), un alquiler cuesta 700 € en una ciudad media y el salario neto mensual (17.482 € entre 12 meses o 14 meses, deducidos IRPF y aportación a la seguridad social) rondaría los 1.200 € (en 12 pagas) o los 1.000 € (en 14 pagas). Efectivamente dedicamos el 70% a vivienda. Aún nos quedan 300 € para comer, beber, luz, agua, gas y transporte. Nos olvidamos del estudio y la medicina, pero eso así, ahorra para un plan de pensiones y para un seguro de salud privado.

La media de la zona euro ronda el 25% ... algo estaremos haciendo mal, y en los países socialistas…ah esa es otra historia: vivienda garantizada. Es que las “dictaduras comunistas” solo quieren tener a su gente bien cuidada para explotarlos más … sí debía ser para eso ….

Cualquiera diría que se están riendo del pueblo trabajador.

Juan Luís Corbacho