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“Una canción de Víctor Jara es más peligrosa que cien metralletas juntas. Era una gran amenaza, lo tenían que matar”, afirma una mujer emocionada en el impresionante documental de Netflix: “Masacre en el estadio”, sobre el asesinato del cantautor chileno perpetrado vilmente el 16 de septiembre de 1973, cinco días después de que el presidente electo, Salvador Allende, muriera sepultado en el Palacio de la Moneda bajo las bombas del general golpista Augusto Pinochet, hace ahora 47 años.

El estremecedor reportaje producido por la distribuidora norteamericana en 2019 y dirigido por el joven cineasta estadounidense, Bent-Jorgen Perimutt (“Havana Motor Club”, 2015), forma parte de una iniciativa cinematográfica en la que se incluyen ocho capítulos dedicados a la vida de diversos artistas, entre ellos, Bob Marley, Johhny Cash y  Sam Cooke.

En esta incursión en la vida del popular cantautor latinoamericano, el  documental arranca con lo que Víctor Jara y sus canciones representaron en la dura existencia de los campesinos y obreros chilenos, y con la lucha del militante comunista para que “las cosas cambien profundamente  en Chile”. Una primera parte que concluye vigorosa y dolorosamente con la elección, en 1970, de un presidente marxista por la vía democrática burguesa, y tres años después, con el sangriento golpe de Estado fascista sostenido por la oligarquía chilena, y urdido por los EEUU del presidente Richard Nixon.

Un largo combate

La brutal y sistemática represión que sucedió al levantamiento militar y el incansable e inefable combate de la esposa de Víctor Jara, la coreógrafa británica Joan Turner, por llevar ante la justicia a los asesinos materiales de su esposo componen el grueso del resto del reportaje. Una represión que las primeras semanas del golpe de Estado se centró en el Estadio Nacional de Santiago de Chile convertido en campo de concentración, y por el que, entre el 12 de septiembre y el 9 de noviembre de 1973,  pasaron en calidad de detenidos más de cuarenta mil presos políticos. Allí fue arrestado, vejado y torturado Víctor Jara, y más tarde asesinado, según testigos presenciales, por un subteniente quien, mientras otros oficiales destrozaban las manos del poeta “para que no vuelva a tocar la guitarra”, él le asestaba un tiro en la sien. Un crimen infame  que Joan Jara (nombre actual de la mujer de Víctor Jara, de 90 años de edad) no ha querido que quede impune, aunque para ello, como muestra el documental emotivamente, hayan hecho falta más de 40 años de batallas jurídicas, superación de obstáculos y el logro de decenas de testimonios, en muchos casos difíciles de conseguir. Pero el esfuerzo ha valido la pena.

Hoy el mundo conoce a sus asesinos materiales, y sus imperecederas canciones siguen concienciando. 

Rosebud