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El sector industrial de la automoción en el estado español no ha cesado de retroceder en las últimas tres décadas, a pesar de seguir siendo el metal el sector industrial más importante en la economía española, pero que en general también sigue la misma dinámica. Todo ello por la sumisión de los gobiernos pro capitalistas (incluido el actual de PSOE y Podemos) a los intereses de las grandes multinacionales.

El proyecto de la oligarquía española para nuestra economía no pasa por modernizar y hacer competente nuestra industria, sino que cumple los objetivos marcados por la UE para el papel que tiene asignado el estado español en este proyecto imperialista.

El desarrollo de los acontecimientos en torno al cierre de Nissan nos muestra una vez más que las leyes están hechas a medida de los intereses empresariales y que las instituciones sirven a estos mismos intereses.

Finalmente, se ha conseguido prolongar el cierre hasta diciembre de 2021 y el compromiso de priorizar los despidos voluntarios como prejubilaciones (llamados hipócritamente no traumáticos) antes del cierre. Todo ello con la unidad del Comité de Empresa principal, dominado por los sindicatos amarillos CCOO y UGT, y dejando fuera de las condiciones a las empresas de componentes afectadas las cuales sustentan la mayoría de los puestos de trabajo (unos 20.000 frente a unos 3.000). Un acuerdo basado en la unidad sindical en torno a los sindicatos representados en el Comité de Empresa, pero que no favorece absolutamente a los intereses generales de la clase trabajadora afectada y que vuelve a mostrar la falta de solidaridad y de vocación unitaria del sindicalismo amarillo como dirigente del acuerdo.

Porque la propia lucha en el conflicto de Nissan es un reflejo de la situación organizativa general de la clase obrera, de su división y de su falta de conciencia del poder de la unidad para obtener victorias. Una unidad que debe entenderse independientemente de la afiliación sindical, basada en los intereses de la mayoría explotada y no en los intereses empresariales. Es decir, una afiliación sindical centrada en las posiciones clasistas, como eran las de CCOO cuando se fundaron. Posiciones clasistas que deben además sumarse al sindicalismo de clase a nivel mundial que hoy dirige la FSM (Federación Sindical Mundial) con más de 100 millones de trabajadores organizados en 330 sindicatos de 130 países (11 de ellos, aún pequeños y en proceso de unidad, en el estado español).

Y también podemos ver nuevamente los límites de la lucha sindical sin organización ni unidad en los objetivos políticos que defiendan los intereses de la clase trabajadora. Sólo uno de los 4 sindicatos del Comité de Empresa de Nissan ha planteado objetivos políticos como la socialización o nacionalización de la Empresa y su transformación en fábrica útil para los habitantes de Catalunya y España.

Hace tiempo que no se realiza la formación sindical que se hizo bajo la dictadura fascista de Franco y que permitió construir las CCOO. Y hace tiempo que CCOO y UGT han abandonado su carácter sociopolítico.

Otra vez recuperemos la memoria histórica de las Comisiones Obreras como sindicato sociopolítico para construir el nuevo sindicalismo unido de clase que necesitan Catalunya y el estado español. Las viejas estructuras no las cambiaremos, pero sólo lograremos organizar victorias en favor de la clase obrera si trabajamos para forjar esa nueva unidad sindical, al margen de las estructuras que sirven al poder explotador, democrática, asamblearia, de base, de clase, combativa y sociopolítica.

Área de Movimiento Obrero y Sindical del PCPC