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El 20 de junio de 1791 los reyes de Francia, el Borbón Luis XVI y María Antonieta, la archiduquesa de Austria, huyeron de un París revolucionario disfrazados de familia aristocrática rusa. Una huida planeada y organizada por el amante de la reina, el conde sueco Hans Axel de Fersen. Con tan mala fortuna para tan refinados prófugos, que la infructuosa fuga sólo sirvió para exacerbar el ardor revolucionario de los sans-culotte (las clases populares) y para, en 1793, decapitarlos en medio de una gran fiesta popular en la Plaza de la Revolución. Cumpliéndose así la marcha inexorable de la rueda de la Historia. En este caso, el paso de la sociedad feudal a la sociedad burguesa, representada en la implantación de su República.

Hoy, hace como aquel que dice cuatro días, otro Borbón, éste menos refulgente y seguramente algo más campechano, tomó también las de Villadiego. Una tradición ancestral en esta ociosa y decadente dinastía. Recuerden los casos del cornudo Carlos IV, de la ninfómana Isabel II o del franquista Alfonso XIII, por citar sólo algunos ejemplos. Todos ellos pusieron pies en polvorosa en un momento o en otro. El caso es que el rey emérito, Juan Carlos I (algo así como un pensionista pero con mucho parné), siguiendo la usanza familiar se las piró de su queridísima España el pasado 3 de agosto sin ni siquiera decir au revoir a sus amados/as súbditos/as. Vamos, que se largó a la chita callando. Y no porque le amenazaba la afilada cuchilla de la guillotina, que eso ya no se lleva en estos tiempos, sino porque al muy bribón le investiga la Justicia suiza por ladrón y por redomado sinvergüenza. Es decir, por esconder millones de euros en paraísos fiscales, blanquear capitales y hacer donaciones millonarias a ricas amantes. Escándalos que obligaron a la Fiscalía Anticorrupción española a investigar sobre un presunto “delito de corrupción en transacciones internacionales”, y a emitir un informe al Tribunal Supremo sobre un presunto “delito fiscal y blanqueo de capitales”. Suficientes cargos como para que a este infame personaje se le hubiera prohibido abandonar el territorio del Estado español hasta ser juzgado. Para otros/as, por muchísimo menos, así han actuado. Pero no, la Justicia no es igual para todos en esta “república bananera”.

Un Nuevo Proyecto

Así, en “unión sagrada”, la Casa Real, la Justicia, el Poder fáctico (Banca, Iglesia, empresas monopolistas, medios de comunicación) y el Gobierno socialdemócrata (PSOE-UP), en aras de salvar a la Institución monárquica, y en consecuencia el sistema de dominación que hoy ella representa, es decir el capitalismo, han organizado la evasión de quien en estos momentos pudiera crear una crisis política, y con ello, perturbar su funcionamiento. Máxime cuando vivimos una crisis económica, social y sanitaria catastrófica. Quedando así al descubierto que, como demostraron Carlos Marx y Lenin en su día, el Estado no es una organización política neutra sino el “órgano de dominación de una determinada clase”, en este caso de la burguesía, a la que ese Estado representa y defiende al precio que sea. Incluido el de coger a este falso “paladín de la  transición democrática”, meterlo en un avión con los bolsillos llenos de pasta por los servicios prestados y mandarlo a donde convenga hasta que el temporal amaine. Por todo eso nosotros creemos a pie juntillas que la vergonzosa huida de este rey bobo y corrupto no se salda con plantear algún día la elección entre República y Monarquía, sino que es todo el sistema de dominación capitalista el que está en el punto de mira. De ahí la necesidad de un Nuevo Proyecto Histórico para el Estado Español, según nosotros, el de una República Socialista de Carácter Confederal. Un nuevo proyecto dirigido por la clase obrera y el movimiento popular. Por él luchamos ya.

José L. Quirante