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Es curioso cómo el último caso de un jugador expulsado de un equipo de fútbol ha levantado cierto revuelo. Cierto, porque si hubiese sido de un neonazi como Zozulya o como tantos otros como Soldado, Negredo, o Pepe Reina, los ríos de tinta de los ultraconservadores medios de comunicación futbolística habría inundado hasta el Atlántico.

Hace poco vimos cómo se condenaba a la afición del Rayo Vallecano por llamarle nazi a un nazi. Una paradoja difícil de entender, puesto que si alguien considera que ser nazi es un insulto, ¿cómo es posible que defienda esa ideología?

El fútbol como espectáculo y todos sus actores no son ajenos a la realidad. El fútbol tiene ideología o debería tenerla y eso no es malo. Es coherente: gente con pocos recursos académicos inundados de dinero son un cóctel perfecto para la ideología ultra. Ellos (los futbolistas de nivel, que los otros son asalariados del mundo del espectáculo, y ni hablar de ellas, que ni siquiera aparecen en los rankings de ingresos) defienden sus intereses económicos sin entender nada de historia, ni de economía (salvo la suya), ni de solidaridad, ni conciencia de clase, ni ná de ná…que pa eso son más chulos que la pata de un pollo.

Afortunadamente hay excepciones. Se entiende, porque entre la burguesía también nacieron revolucionarios. Porque ser justo y coherente está por encima del puro metal.

Pero no nos despistemos. Al portero del Granada, Unai Etxebarria, lo han puesto de patitas en la calle porque Vox solicitó la apertura de expediente por lucir una camiseta a favor de los chicos de Altsasua. Claro que también habría que culpar a la afición del Granada, que tendría que poner de patitas en la calle a esa directiva, salvo que, y desgraciadamente, también participen de esa ideología ultra derechista.

En la legislación laboral sería un despido por causas ideológicas y, por tanto, radicalmente nulo. Pero no nos fiamos mucho de esa justicia burguesa que es la misma que condenó a unos chicos por un delito de terrorismo por un altercado en un bar.

Por cierto, que cuando la justicia europea meta los dedos en el asunto, condenarán al estado burgués español a indemnizarlo y deberían indemnizar igualmente a Unai Etxebarría.

Tampoco es el primer caso en que la ultraderecha (el liberalismo económico o el capitalismo sin más) linchan a un jugador. Isco, fue linchado virtualmente por dar un like a un rapero que lucía una camiseta con la leyenda “All Cayetanos are bastards”, o Piqué que es linchado sistemáticamente por su apoyo a la autodeterminación catalana, o Pep Guardiola o Xavi Hernández. O en su momento, Sócrates o Maradona. Todos pecaron al ir contra el sacrosanto mundo del espectáculo de los ricos.

Suerte que el gol de la selección española en la final de Sudáfrica lo marcó Iniesta, que aunque del Barça era manchego, que si lo mete Piqué, alguno habría emigrado como prometió Eduardo Inda en otras circunstancias.

El fútbol y su prensa son de los mayores aleccionadores de las masas. No hay alternativas. El 100% de la prensa deportiva está alineada con la extrema derecha. Fomentan la violencia con sus estúpidos discursos que son la comidilla, la tapa, de los cuñaos de barra de bar.

Otro fenómeno asociado es el de los aficionados ultras. 12 muertos (contabilizados oficialmente) es la cifra trágica que dejan estos grupos. Desgraciadamente, casi todos caen del mismo lado y el trato policial es totalmente discriminatorio.

Me comentaba un camarada, cómo siendo aficionado del Atlético Baleares había sufrido la desproporción de trato entre ellos y los aficionados ultras del Mallorca, los primeros de izquierda, los segundos de derecha, y de cómo había policías entre estos últimos. Curioso, puesto que enarbolan en Baleares la bandera de España para evitar que caiga en manos de los “zafios independentistas catalanes”….

También en esto, hay que tener claro que sólo el pueblo organizado salva al pueblo, boicoteando a la liga y a sus dirigentes, no siendo cómplices de su enriquecimiento. Defendamos al fútbol como deporte y no como negocio, que las copas las ganen los que hacen de todo una competición monetaria, pero a nuestros hijos e hijas regalémosles salud y deporte.

Juan Luis Corbacho