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El 29 de abril de 1975, a las 00:00 horas, la capital del Vietnam ocupado era asaltado por las fuerzas del Viet Cong y del ejército de la República Democrática del Vietnam. 15 horas después se producía la rendición incondicional del gobierno proimperialista de Vietnam del Sur y se culminaba la unificación de la hoy República Socialista del Vietnam.

La historiografía y la cultura de masas del imperialismo, ante la estrepitosa derrota de su guerra contra el pueblo de Vietnam, intenta dar una explicación que no ponga en cuestión el mito de su hegemonía e invencibilidad. En primer lugar, está el mito de la lucha por la democracia y el socorrer al Sur democrático, ignorando el carácter sangriento de dictadura militar del gobierno títere del Sur y dando a entender que perdieron la guerra por ser demasiado democráticos y respetuosos de las normas civilizadas de la guerra ante un enemigo bárbaro que no respetaba las “reglas” de la guerra. Si lo de la democracia falla, entonces se habla del carácter corrupto del gobierno del Sur y de su poca implicación en la guerra, ignorando, claro está, que eran sus gorilas. Cuando el factor externo falla, se habla de la desconexión entre políticos y militares, dando a entender que los políticos no aplicaron la mano dura que exigían los militares, e ignorando las masacres, bombardeos, el napalm y el agente naranja, y pasando de puntillas sobre la propuesta de Nixon de usar armas nucleares tácticas. Cuando todas las explicaciones dejan de ser creíbles, desde el progresismo timorato se lanza el argumento de la impopularidad de la guerra en los USA como el factor clave de la derrota imperialista.

Todas y cada una de las explicaciones de la derrota imperialista en Vietnam niega la realidad. La derrota imperialista en Vietnam fue la victoria del Partido Comunista, de un pueblo patriota y de una doctrina militar de guerra de todo el pueblo. La capacidad de sacrificio de un pueblo que luchaba por su libertad y por la vida, la guía del glorioso Partido Comunista y el genio político y militar de Ho Chi Minh, Vo Nguyen Giap y miles de cuadros político-militares que fueron capaces de enfrentar la bestialidad de los imperialistas, fueran franceses, japoneses o estadounidenses. Enfrentarlos en el campo y en la ciudad, en el combate abierto y en la guerra de guerrerillas, mujeres, hombres, ancianos; todo el pueblo en todos los rincones en todas las condiciones.

La heroicidad del pueblo vietnamita y la grandeza de un Partido fundido con las masas expulsaron al invasor y acabaron con las ratas colaboracionistas. La imagen de la embajada estadounidense en el caos de la huida, o los helicópteros y aviones lanzados al mar desde los portaaviones para hacer sitio al personal que huía precipitadamente de Saigón, son las imágenes que pasarán a la posteridad, junto a otros iconos como la pequeña y aparentemente frágil guerrillera capturando a un rubio y alto piloto abatido o a la niña abrasada por el napalm corriendo sin saber a dónde.

Hace 45 años de la victoria vietnamita que unificaría la nación, garantizaría la independencia y abriría el camino de la construcción del socialismo en Vietnam. Vietnam, igual que Corea, demostraron la falsedad del mito de la invencibilidad estadounidense.

Ferrán Nieto