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La consigna central del PCPE, para la nueva etapa de la lucha de clases que ahora se inicia en el Estado Español, es: “SÓLO EL PUEBLO ORGANIZADO SALVA AL PUEBLO”

¿POR QUÉ ESTA CONSIGNA?

La covid-19 ha puesto en evidencia la alta capacidad del bloque oligárquico-burgués en España para manejar esta situación de alto impacto social, trastocando al extremo las condiciones de la vida diaria con el confinamiento y manipulando la conciencia colectiva con todo tipo de recursos y mecanismos, incluyendo las tecnologías más avanzadas. Podríamos utilizar el ejemplo del Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, el general José Manuel Santiago, quien en una rueda de prensa del Gobierno reconoció que monitorizan campañas de desinformación o bulos susceptibles de generar “desafección a instituciones del Gobierno”. Tan descarada fue esa espontánea confesión de los secretos de Estado que, días después, desaparecieron de esas ruedas de prensa los representantes el Ejército, Policía Nacional y Guardia Civil.

La organización del pueblo es la mejor herramienta de que disponen la clase obrera y el movimiento popular para dotar a su estrategia de lucha de una herramienta con poder suficiente para poder derrotar las estrategias de perpetuación de la dictadura del capital. Esa organización sienta las bases para cambiar la conciencia del pueblo, y lleva a cada rincón, a cada barrio, a cada centro de trabajo, el cambio de subjetividad necesario para que el enemigo de clase no pueda llevar su represión de una forma dirigida y organizada, porque es el pueblo quien cambia su posición en la estructura de la pirámide social de las clases. Es una especie de guerra de guerrillas donde el tejido social es una tupida selva que permite todo tipo de escaramuzas de combate aquí y allá, pero también una movilización generalizada de todo el pueblo en simultáneo que desborda todas las capacidades represivas de las estructuras represivas del poder.

Pueblo y clase a la ofensiva, lanzando un colectivo contraataque con las armas de la organización y la conciencia, forjadas en el yunque de las contradicciones sistémicas. La fragua se alimenta de las llamas de la explotación, los salarios de miseria, los despidos, la pobreza y el hambre, los cortes de los suministros domiciliarios, las violencias de género, la destrucción del medio ambiente, los desahucios, la violencia policial, etc. Con semejante combustible se alzan las llamas bien altas, y el que parecía indoblegable acero se transforma bajo el golpe certero del herrero, que es el pueblo combatiente, sobre la firme resistencia del yunque, que es la conciencia revolucionaria de clase.

ORGANIZAR, LUCHAR, AVANZAR

El Partido Comunista tiene una confianza infinita en la clase obrera, y en el pueblo. Su paradigma revolucionario se sustenta en esa confianza sin límites.

Hoy, cuando el capitalismo español prepara todas sus armas para, amparado por el encanto de la socialdemocracia, someter a la clase obrera y a los sectores populares a un aumento generalizado de las condiciones de explotación, reforzando sus estructuras represivas y empobreciendo hasta el extremo las condiciones de vida de la mayoría social, el Partido Comunista tiene que fundir todas sus capacidades, toda su militancia, con las luchas más inmediatas del pueblo trabajador.

El Partido como parte natural del pueblo, como su parte más consciente y más organizada.

Fusión del Partido con las masas, que solo se dará si cada célula y cada Comité tiene un plan concreto ajustado a las condiciones más particulares de la lucha de clases, y si su militancia dedica todas sus energías, todos sus tiempos, a estar en las trincheras que las condiciones de explotación y opresión abren aquí y allá. Trinchera en la que no esté el Partido y/o la Juventud, trinchera que previsiblemente será derrotada y sus defensores apresados por el enemigo de clase, o por su sucedáneo, la socialdemocracia.

Organizar a todo colectivo afectado por las nuevas formas de la dictadura del capital. Convocar la asamblea más amplia posible para valorar los efectivos y sus capacidades. Señalar con certeza el enemigo concreto a combatir. Dirigir las luchas, con la confianza de que el pueblo en combate tiene la capacidad de superar cualquier barrera que se le presente para alcanzar su objetivo. Y al final de cada lucha avanzar hacia la siguiente posición, consolidarla, armar de nuevo la trinchera o la barricada, trinchera para las batallas más largas, barricada para la guerra de movimientos, reorganizar los efectivos y alcanzar una nueva victoria para subir a un escalón superior el conflicto social.

ASAMBLEAS

El proceso organizativo se consolida con la participación de las más amplias masas. La Asamblea es una herramienta fundamental en el primer proceso de convocatoria y acumulación. En la Asamblea participan los miembros del Partido, y en ellas construyen alianzas que son imprescindibles para ganar la mayoría, preferiblemente por aclamación, sin muchos formalismos. A continuación surge la Plataforma, que es asamblea organizada, que tiene la representatividad del colectivo, y donde el Partido consolida sus alianzas y ayuda a promocionar a los cuadros con mayor potencialidad. Posteriormente surge el Comité, lugar fundamental donde no debe quedar excluido el Partido. Si el Partido no consigue formar parte del Comité ha de buscar entre sus miembros quien pueda realizar la tarea de promocionar las posiciones del Partido.

Todo ello es un proceso enormemente dinámico, en ocasiones también paciente cuando la lucha pierde impulso. Hay que tener reflejos muy ágiles, intuición de clase y nervio organizativo. Se gana el reconocimiento para la conducción revolucionaria cuando se colocan ideas, se anima a la masa, se arriesga en los momentos difíciles y, sobre todo, cuando se tiene constancia, no se flojea y se enfrenta cualquier tipo de dificultad con moral de victoria, buscando siempre una salida ante cualquier problema.

COMITÉS POPULARES

El Comité (que puede tener cualquier nombre, eso no es importante) es la fase siguiente al proceso asambleario.

En el Comité ya están seleccionados los cuadros de mayor compromiso y mayor capacidad. Se consolida la estructura, empieza a ejercer su liderazgo en la orientación de las luchas. Se toman iniciativas para ampliar los primarios objetivos iniciales, se amplían los objetivos, se establecen coordinaciones con otros Comités que intervienen en los mismos frentes en otros lugares, y posteriormente con otros Comités que intervienen en frentes diferentes. Empieza a tejerse la malla que relaciona los diferentes conflictos sociales sectoriales, donde existen fuerzas y capacidades organizativas diferentes.

Con ese inicio de la coordinación se pasa a una nueva identificación del enemigo concreto a combatir. Ya no será la instancia más local e inmediata. Ahora hay que tirar más alto, a las jefaturas del enemigo de clase.

Se avanza con determinación hacia Comités municipales, luego a los comarcales y provinciales. También, en paralelo, los principales Comités sectoriales avanzan en sus frentes temáticos. Contra las privatizaciones, por la reinversión del gasto militar en servicios sociales, por el empleo juvenil hacia la gran Asamblea de Juventud en paro que finalmente llegará a un Comité Estatal, etc.

Los Comités tienen sus núcleos duros en los temas más estructurales como el paro y las privatizaciones. Pero tienen también una geometría variable, de tal manera que un movimiento que se inicia por una reivindicación muy puntual, cuando encontramos la oportunidad, amplía su lucha a objetivos superiores y más amplios.

Cuando el movimiento de los Comités va adquiriendo mayor estructura y carácter de masas es el momento de introducir de forma explícita las consignas por el poder obrero y la república socialista. Se da el salto cualitativo y se eleva el nivel de confrontación de clases.

EL PARTIDO Y LA JUVENTUD REVOLUCIONARIA

En todo este proceso el Partido es el Estado Mayor de las luchas, planificando, valorando y decidiendo. Corrigiendo las debilidades, enviando refuerzos allá donde se necesiten, ganando apoyos e incorporando nuevos cuadros a las filas propias, sustituyendo con agilidad a quienes flojean.

Como dijera Lenin, colocando la necesidad del socialismo desde fuera del movimiento, con un plan y una táctica bien precisas. El Partido, producto de su trabajo constante e inteligente, es reconocido como conductor natural de las luchas en la etapa más álgida de la confrontación directa, en la disputa y en el asalto al poder burgués.

Juan García Corredera