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Hasta el siglo XVI, Ptolomeo (siglo II de nuestra era) mantuvo su autoridad con el Sistema Geocéntrico; según él la Tierra era un cuerpo fijo situado en el centro del Universo, que se movía alrededor del ella, incluidos la Luna, el Sol, los planetas, las estrellas, una capa cristalina y después se llega al cielo morado de “Dios y de todos los Bienaventurados”. La religión católica lo inscribe en las Sagradas Escrituras y todo el que cuestionaba esta teoría era considerado como hereje por la Santa Inquisición (Tribunal Pontificio).

Nicolás Copérnico (1473-1546), astrónomo polaco creador del Sistema Heliocéntrico del mundo, señala la ruptura con las concepciones teológicas según las cuales la Tierra ha sido elegida por Dios como centro del Universo.

Engels estima que la teoría de Copérnico fue el acta revolucionaria por la cual la ciencia de la Naturaleza proclamó su independencia, data la emancipación de la ciencia de la Naturaleza con respecto a la teología, produciéndose a partir de entonces un desarrollo de las ciencias a pasos de gigante (párrafo extraído de su obra Dialéctica de la Naturaleza).

En la época del Renacimiento, Copérnico ejerció una gran influencia en el desarrollo de la Filosofía y de las Ciencias Naturales. Su doctrina asestó un golpe aplastante a la religión y a la iglesia, a la leyenda de la creación del mundo por Dios. Creó como consecuencia natural las teorías de la formación natural del sistema solar y de su evolución.

Quiso que su obra, Las Revoluciones de las Esferas Celestes, se publicasen después de su muerte, pues sabía cómo obraba la Inquisición. Giordano Bruno (1548-1600), filósofo italiano del Renacimiento, adversario encarnizado de la Iglesia, de la Escolástica y del oscurantismo religioso fue quemado vivo en la hoguera por la Inquisición. El punto de partida de su filosofía es el sistema de Copérnico, que Bruno enriqueció con ideas nuevas, por ejemplo la existencia de un número infinito de mundos o la de la atmósfera terrestre que gira conjuntamente con la Tierra.

Galileo Galilei (1564-1642), astrónomo y físico que situó las bases de la mecánica y luchó por el triunfo de una concepción avanzada del mundo, defendió y desarrolló las hipotéticas teorías de Copérnico, fue el primero en emplear lentes para observar los cuerpos celestes e inauguró una nueva época en la historia de la astronomía.

Con la ayuda del telescopio construido por él mismo, que enfiló a la Luna, descubrió que lejos de lo que se suponía, no estaba formada por una superficie lisa y probó que en la Luna había valles y montañas, como en la Tierra. Asestó de ese modo un golpe de gracia a la idea de que había una diferencia de principio entre lo terrenal y lo celestial y demostró la inconsistencia del dogma religioso sobre la naturaleza particular del cielo.

Galileo descubrió cuatro satélites de Júpiter, las fases de Venus, las manchas del Sol, la rotación del mismo sobre su eje y corroboró el hecho de que la Vía Láctea está formada por un conjunto de estrellas.

Para conocer las leyes de la naturaleza, Galileo preconizaba el método experimental. El conocimiento según él no podía tener otra fuente que la experiencia. Para Galileo queda claro que la Tierra es un cuerpo más en el Universo y no el punto central de todo movimiento.

Éste apuesta definitiva y públicamente por el sistema copernicano y quiere provocar la aprobación oficial de la teoría copernicana por parte de la Iglesia Católica. Pero Roma, aferrada a las concepciones tradicionales, determina que esta teoría es filosóficamente necia y teológicamente una herejía, que va en contra de las Sagradas Escrituras.

Finalmente Galileo debe soportar un proceso de la Inquisición y retractarse. Tenía la opción de afirmar que las teorías de Copérnico eran exactas, lo que suponía correr la suerte de Giordano Bruno y por tanto, tuvo que retractarse. Pero a pesar de ello fue encarcelado de por vida.

Johannes Kepler (1571-1630) está a favor de la concepción copernicana y se consagra a la investigación de las órbitas planetarias. Afirma que los planetas se mueven en elipses y no en círculo, como afirmaba Copérnico.

Isaac Newton (1642-1727), físico, astrónomo y matemático inglés, fundador de la mecánica científica descubrió la ley de la gravitación universal, sobre cuya base elaboró la teoría del movimiento de los cuerpos celestes que tenía tres ejes:

  1. Todo cuerpo se mantiene en estado de reposo o de movimiento regular o rectilíneo mientras no es obligado por fuerzas exteriores a modificar ese estado.
  2. El cambio de la cantidad de movimiento es proporcional a la fuerza aplicada.
  3. Toda acción provoca una reacción igual y contraria.

La mecánica de Newton reconoce el espacio y el tiempo como realidades objetivas, pero lo separa de la materia. Newton consideraba el tiempo al margen de la materia. Creía Newton que Dios dio el primer papirotazo al movimiento de los planetas alrededor del Sol (Engels calificó el sistema de Newton de culminación de todo el período mecanicista metafísico de la Ciencia de la Naturaleza).

Desde el siglo II de nuestra era hasta el siglo XVII, es decir, en 1.300 años, la ciencia avanzó muy poco. Con razón los científicos culpan a la teología medieval de ser un obstáculo para el desarrollo de las Ciencias Naturales.

Disgregada la sociedad esclavista y desaparecida la civilización antigua, el estudio de los problemas teóricos relativo a la estructura de la materia, quedó interrumpida durante esos 1.300 años. Para la Iglesia, que dominaba las mentes de los hombres y mujeres del feudalismo, la verdad se encerraba en los textos de la Biblia y en las obras de Aristóteles. Aristóteles fue discípulo de Platón (este último defendía la democracia esclavista, quería perpetuar la esclavitud).

Cada generación de sabios aportó sus conocimientos, hasta alcanzar el estado actual. Los países imperialistas utilizan el avance de la ciencia, no en favor de los pueblos, sino para incrementar la explotación de la clase obrera, para obtener mayor plusvalía, someter a los países subdesarrollados y saquear sus riquezas naturales.

La ciencia liberada de toda injerencia religiosa e idealista, ha avanzado en los últimos 120 años más que en 10.000 años de historia de la sociedad humana.

Demócrito, filósofo materialista de la antigua Grecia, fue el primero en lanzar teorías sobre el átomo, que en griego significa indivisible (aparte de que el átomo es el elemento constitutivo de la materia). A finales del siglo XIX se descubrió que el átomo está formado por una parte central llamada núcleo, integrada por partículas elementales, neutrones y protones. Alrededor del núcleo giran los electrones a la velocidad de la luz, trescientos mil kilómetros por segundo. El neutrón, de carga neutra, fue descubierto por el físico James Chadwick; el protón de carga eléctrica positiva y el electrón de carga negativa, dos partículas de la misma carga se repelen y dos partículas de carga contraria se atraen (el protón y el electrón).

Todo lo que nos rodea es materia, ni se puede crear, ni se puede destruir. La materia está en continuo movimiento y transformación; la materia eterna en cualquiera de sus formas. No ha habido ni habrá ningún proceso natural al margen de la materia, que existe en infinidad de formas, el campo electromagnético en todo el Universo íntimamente unido a la gravitación universal, con las ondas de radio, la atmósfera de los planteas y el agua.

Gracias al avance científico y técnico se pudo iniciar a mediados del siglo XX la conquista del espacio cósmico, donde la URSS, estado socialista, tuvo el honor de ser el primero en lanzar el primer satélite artificial de la Tierra, el Sputnik, hace 60 años. Demostró al mundo lo que se podía hacer y crear en una sociedad libre de la opresión capitalista y de las injerencias religiosas.

Con el avance técnico y científico se podrán enviar naves tripuladas a otros planetas del Sistema Solar en unos 50 a 60 años.

Con la conquista del poder por la clase obrera, ésta y toda la sociedad se beneficiarán de las ventajas de la ciencia y la técnica en todas las facetas de la vida política y social, ya liberadas del lastre de la propiedad privada de los medios de producción.

José Casado García