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En el anterior número de Unidad y Lucha escribíamos sobre los planes de la oligarquía en los países de la Unión Europea, consistentes fundamentalmente en acelerar el saqueo a las clases populares para tratar de revertir la tendencia a la baja de la tasa de ganancia de los monopolios europeos en plena crisis capitalista.

No decíamos entonces, pero lo decimos ahora, que los partidos social-liberales como el PSOE han sido y son parte activa de esta estrategia, por mucho que ahora pretendan proponer planes bucólicos que no se sabe por qué razón no quisieron llevar a la práctica cuando gobernaban.

Pero hay también quienes plantean alternativas a la actual gestión de la crisis capitalista señalando como ejemplos a países como Islandia o, en su momento, a Chipre. Se trata de los voceros de la nueva socialdemocracia, de los portavoces de planteamientos políticos que ofrecen supuestas salidas a la crisis en nombre de la “democracia” pero sin tocar ninguno de los elementos esenciales del sistema capitalista que originó esta brutal crisis económica.

Hemos dicho en anteriores ocasiones que el caso chipriota es paradigmático de lo que las políticas oportunistas y socialdemócratas consiguen: un gobierno que dice que va a defender los intereses de la clase obrera y sectores populares vendiendo, a sabiendas, falsas promesas de bienestar sin poner en duda la dinámica de desarrollo capitalista y sin hablar de socialismo; un gobierno que vende humo y que, finalmente, es sustituido en unas elecciones por partidos conservadores, tras haber generado una buena dosis de frustración en los sectores populares que, de buena fe, se creyeron sus promesas. ¿La consecuencia? Una nueva legitimación de la política burguesa y un desprestigio de las posiciones pretendidamente “de izquierda”. En el actual gobierno de Andalucía podemos ver que algunos no aprenden y pretenden seguir por la misma senda.

Pero seamos honestos. Hay que decir que Chipre no era el ejemplo más utilizado por los oportunistas, quizás porque el partido AKEL forma parte del Movimiento Comunista Internacional y hay un sector importante dentro del oportunismo que busca, casi desesperadamente, alejarse de todo lo que huela a “comunista” para ganarse el respeto de no se sabe quién. Así, muchos han preferido hablar del caso islandés, manipulando las informaciones para hacernos creer que ése es el modelo que otros países podríamos seguir para salir de la crisis. De quienes se creyeron al francés Hollande mejor hablamos en otra ocasión.

Sobre Islandia nos cuentan que hubo referéndums por medio de los cuales se decidió no pagar la deuda a los acreedores extranjeros. Nos cuentan que se juzgó a ciertos políticos y banqueros por no se sabe qué delito. Nos dicen también que se aprobó por referéndum una propuesta de Constitución “ciudadana” que haría las delicias de quienes celebraron el segundo aniversario del 15-M hace unos días. Y nos dicen que ése es el ejemplo a seguir, pero nos vuelven a vender humo: no nos cuentan que en Islandia, a partir de 2008, el paro se multiplicó por nueve, o que el gobierno islandés inyectó a los bancos el equivalente al 20% del PIB, obtenido fundamentalmente del dinero con que el FMI “rescató” al país a cambio de recortes en salarios y en servicios públicos y subidas generalizadas de impuestos, lo que ha supuesto la pérdida de casi la mitad de la renta per capita. Y todo ello para que ahora nos encontremos con que los bancos vuelven a ser privatizados o que el gobierno salido de las urnas el 27 de abril, del mismo Partido de la Independencia que gobernaba en 2008 y cuyo primer ministro, Geir Haarde, fue llevado a los tribunales, afirme tajantemente que va a paralizar la aprobación definitiva de la nueva constitución que, por qué no decirlo todo, fue consultada con las autoridades de la UE. Por cierto, Haarde resultó absuelto. Toda una revolución lo de Islandia.

Ástor García