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Es de común dominio que el sistema de producción capitalista sufre crisis cíclicas durante las cuales la clase obrera sufre de una forma mucho más agudizada la violencia organizada de la burguesía, la cual necesita imperiosamente exprimir al máximo la fuerza de trabajo que la clase obrera se ve obligada a vender para mantener intacta su tasa de ganancia, recortando salarios, derechos laborales, sociales y todo lo que sea necesario para continuar subsistiendo, siempre a costa de parasitar a la clase obrera y demás sectores populares. 

Se sabía por todo el mundo que una nueva crisis económica, mucho más grave que la del 2008, estaba a las puertas y que era cuestión de tiempo que la misma cayera como una pesada losa sobre la clase obrera y los sectores populares. La pandemia del COVID-19 ha resultado ser el catalizador que ha precipitado de forma abrupta la llegada de esta nueva crisis del sistema capitalista, quedando al descubierto hasta qué punto este obsoleto sistema es incapaz de afrontar cualquier emergencia sanitaria de un mínimo calado de una forma eficaz, priorizando salvar al capital antes que a los trabajadores y trabajadoras. Todo ello para mantener a flote una economía que no es capaz de paralizar la producción no esencial ni siquiera un mes, tal es su debilidad, que, como se ha visto recientemente, es incapaz de producir  ni siquiera unas simples mascarillas  sanitarias que cubra su demanda.

Por otro lado, la burguesía ha aprovechado esta crisis para testar modos y formas de control sobre la población, sabiendo que, en un futuro no muy lejano, va a necesitar de todo su arsenal de medidas coercitivas para contener las más que previsibles movilizaciones populares.

No cabe ninguna duda que, pasada la crisis sanitaria del COVID-19, la burguesía hará recaer sobre la clase obrera y los sectores populares el coste de su recuperación económica, lo que se traduce en más destrucción de empleo, trasvase de fondos públicos a capitales privados, destrucción de los sistemas sanitarios y educativos públicos, etc.

¿Cómo afrontar esta nueva ofensiva de la burguesía? Son dos los aspectos que habría que considerar en primer lugar: Tomar conciencia de clase y organizarse.

Tomar conciencia de clase no es solo saber a qué clase social pertenece una persona (conciencia en sí). Esto lo sabe, de forma innata, la inmensa mayoría de la clase obrera, con excepción de los muy ingenuos (ingenuas también) o los analfabetos sociales. Se trata de tomar conciencia de clase "para sí", es decir, asumir que los intereses que se defienden son intereses de clase.

El otro aspecto mencionado, la organización, es de vital importancia para la clase obrera, dado que su enemigo histórico, la burguesía, está sumamente organizada y cuenta con enormes medios para imponer su dictadura sobre el resto de las clases sociales.

Frente a esta granítica organización de la burguesía, la clase obrera solo puede oponer su masa. Pero esta "masa" si no está organizada, es  fácilmente manipulada en favor de los intereses de la clase dominante. Por ello, la necesidad de organizarse es tan vital para la clase obrera, pasando de ser una masa amorfa a ser una masa consciente que eleva su nivel de lucha hasta el punto de disputar la hegemonía a la clase dominante y ofrecer la única alternativa posible: el socialismo-comunismo.

Indudablemente, es en un Partido Comunista Marxista-Leninista, donde la clase obrera encuentra su más lograda expresión de organización como clase. En el caso del estado español, el Partido Comunista de los Pueblos de España cumple esta necesaria función.

La organización y lucha sindical son otro de los elementos necesarios para que la clase obrera presente un bloque cohesionado frente a los intereses de la burguesía. La lucha por la defensa de los intereses inmediatos  y a medio plazo de la clase obrera ante la ofensiva del capital es vital: Defensa de salarios justos y suficientes, defensa de los puestos de trabajo, fin de la precariedad, defensa de derechos laborales, mejora de las condiciones de vida, etc.

Recuperar la vitalidad del movimiento obrero es una cuestión fundamental. Un movimiento obrero que se niegue a asumir el coste de la crisis patronal, que se niegue a formar parte de "políticas conciliadoras" y "pactos sociales", que confronte en los centros de trabajo cualquier medida patronal que perjudique la estabilidad del empleo, los salarios, las jornadas o cualquier otra que se tome en detrimento de los derechos de los trabajadores y trabajadoras, y que, en última instancia, dispute el control de la producción a la patronal.

Además, es necesario extender esta organización a los barrios obreros y populares, a los colectivos sociales en conflicto con el actual sistema: Desempleados, mujer, jóvenes...

Pero esta organización y nivel de lucha no nos llega por "intervención divina", sino que será el fruto de un arduo y constante  trabajo por parte de la militancia comunista, que encuadrada en el Partido Comunista de los Pueblos de España, vaya marcando los objetivos, como la mejora de las condiciones de vida de la clase obrera, toma del control de la producción, toma del poder por la clase obrera, destrucción del estado burgués y su maquinaria, creación del estado proletario y construcción del socialismo-comunismo como única vía posible de superación del sistema capitalista y de las lacras que éste genera.

F.J.Ferrer