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Han corrido ríos de tinta sobre los fraudes de los Ertes y su uso por las empresas para no pagar a sus trabajadores y trabajadoras mientras siguen trabajando con normalidad aunque a escondidas. Estas prácticas son sancionables según está previsto en La Ley de Infracciones y Sanciones del Orden Social que recoge  estas conductas como  incumplimientos "muy graves" tanto por parte de la empresa como por parte del empleado/a  

Para el empleador se prevén multas al entenderse que infringe  algunos artículos   de la LISOS: el correspondiente al falseamiento de documentos para que los trabajadores obtengan o disfruten fraudulentamente de prestaciones y, por otra parte, el que establece como infracción hacer trabajar a los empleados que están en periodo de suspensión de contrato o reducción de jornada.  Para el trabajador o trabajadora se establece que  trabajar durante un periodo de ERTE es  infracción muy grave que puede ser sancionada con la pérdida de prestaciones durante seis meses y la exclusión de cualquier ayuda durante un año, además de devolver la cantidad de las prestaciones percibidas. Coloca a ambas partes en “igualdad” cuando no existe tal, el trabajador o trabajadora no suele tener elección si quiere trabajar, además al identificarle como “cómplice”  hace recaer sobre esa persona la sombra de la culpa y la sospecha,  lo que en ocasiones hace que desde las propias organizaciones sindicales no se efectúen las denuncias al entender que la “credibilidad” es dudosa por haber aceptado esas condiciones. Este es uno de los  ejemplos más claro  de presentar a la víctima como verdugo.

La mayoría de personas trabajadoras que están en esa situación no lo están por voluntad propia. Les obliga el patrón a seguir trabajando. La necesidad de tener ingresos,  la consabida amenaza de no recuperar el  puesto de trabajo o es el  momento de arrimar el hombro…y siempre el miedo a  que la empresa tome represalias después de que todo esto del coronavirus termine.  

El colmo del cinismo tal vez está en aquellas empresas que viven habitualmente defraudando a sus trabajadores y mantienen normalmente a parte de la plantilla sin dar de alta en la seguridad social, haciendo más horas de  las establecidas y pagadas, y un largo etc. De irregularidades e infracciones laborales. Presentamos un ejemplo sin  más datos identificativos,  puesto que ni la inspección actúa sin que medie denuncia y ni  aun identificándola  se mejorarían las condiciones laborales a medio y largo plazo de esa plantilla.  Se volvería a victimizar a las victimas haciéndoles pagar lo que es el descarado fraude patronal.

En esa empresa hasta febrero la media de la jornada  eran  10 horas de trabajo, a partir de marzo  9 horas y media. 2 Sábados al mes se trabajan 6 horas cada día. El sueldo 1000 € para quien tiene contrato, 900 € para quien no. Si además eres  subsahariano el fin de semana trabajarás  cuidando las propiedades y fincas del amo.

Con la declaración del estado  de alarma  las  horas de trabajo de lunes a viernes bajaron a 6 y sin ningún tipo de medidas preventivas para la salud de la plantilla. Ni mascarillas ni materiales de protección, más allá de un mono y unos guantes de obra.

 Ante la previsión de que sea posible el descenso de trabajo y por tanto de ingresos, se vende a la plantilla la necesidad de presentar un ERTE, pero  con la novedad de que dice hacerse para  "cuidar de los trabajadores”.  Se sigue trabajando todo el tiempo a excepción del periodo durante la paralización de la actividad no esencial. 

Con la reapertura de las actividades no esenciales, el lunes 13 de abril se reincorpora la plantilla tras ser llamada por el jefe y, como el ERTE o está aprobado expresamente o lo estará por silencio administrativo, todo el mundo trabaja con las puertas de los  talleres cerradas a cal y canto sin que nadie pueda salir para no ser visto. 

Pero… ¡aún hay más!  En este  negocio redondo consiste en estafar al estado, sangrar y robar a los obreros. 

No solo seguirá  manteniéndose la empresa en activo cuando debe estar cerrada; sino que en aras de ese fin superior de “cuidado”  obliga  a dichos trabajadores incluidos en el ERTE a que el dinero que van a cobrar del estado, en forma de prestación por desempleo, lo aporten a la caja común que el mismo  administra  para cubrir así  los sueldos de toda la plantilla. De  los trabajadores a los que explota habitualmente  sin estar dados de alta en la Seguridad Social y de los que explota con alta en TGSS; mientras mantiene su actividad económica en funcionamiento a puerta cerrada. La plantilla sigue produciendo y los salarios salen del fondo común de la prestación por desempleo del ERTE, ha descubierto la cuadratura del círculo para no pagar ni un centavo y seguir incrementando su cuenta de resultados. 

El señor patrón lo explica con total desparpajo y cargado de “razón”…

 

No es ciencia ficción, es la historia descarnada de quienes tienen que vender su fuerza de trabajo en unas condiciones cada vez peores y sin garantías. Cada día que pasa,  se evidencia la necesidad de levantar un amplio movimiento obrero que ponga como eje de su accionar el acabar con el sistema de explotación capitalista y el mandar al basurero de la historia a los explotadores. 

 

Socialismo o barbarie.