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Tras el fin de la II Guerra Mundial, Italia se convierte en frontera de la Guerra Fría. La razón de ese encaje en el tablero geopolítico responde a la histeria que entre los supuestos vencedores – los que olvidan interesadamente el papel de la URSS en el resultado  de la contienda  – suscita la existencia del Partido Comunista más numeroso de Europa Occidental. Ese supuesto peligro para el arraigo de la “democracia” fue la gran excusa para la renovación de la antigua alianza entre las oligarquías terratenientes, sobre todo del Sur, y el crimen organizado

Con el tiempo, dicha alianza adquirió un inmenso poder dinamizado por la maquinaria política de la Democracia Cristiana, y es entre 1978 y 1981 cuando hasta los más incrédulos que Italia es, más que un país, una empresa en cuyo Consejo de Administración abundan barones del capitalismo, padrinos mafiosos, generales y jueces y docenas de miembros de la Logia Masónica P.2, todos en connivencia con otras redes de poder similares auspiciadas por la OTAN.

Con un estilo no exento de la aridez del lenguaje jurídico y atento a infinidad de datos recogidos en investigaciones y procesos judiciales, Giuliano Garone analiza en Italia oculta las piezas y el funcionamiento de un poliédrico sistema de des-gobierno que encarna el capitalismo más agresivo: golpes de estado “en frío” que requieren de la previa manipulación de la psique colectiva; atentados de enorme salvajismo a veces atribuidos a inexistentes grupos de izquierda; presión coercitiva sobre el sindicalismo de clase; tráfico de drogas, especulación inmobiliaria, manejos dinerarios a mayor gloria de las finanzas Vaticanas y otros elementos más propios de un relato criminal conforman el sobrecogedor retrato  de una sociedad secuestrada por los arrogantes que dicen protegerla y por quienes entienden el delito como la más alta y sofisticada expresión de la actividad empresarial.

Juan Mas