Compartir

Asistimos a una situación sin precedentes en los tiempos modernos, que sin embargo, ya han sufrido las mujeres trabajadoras a lo largo de la historia, encerradas en casa, sin voluntad, sin capacidad de acción, sometidas a la opresión del sistema. 

Asistimos también a la “romantización” de la cuarentena, personas aplaudiendo en los balcones, bailando, cantando, jugando, saltando, comiendo la insólita cantidad de provisiones adquiridas en “Mercadona”. Nos muestran la cara de la cuarentena que más les conviene, como en todo, también el modo de pasar la cuarentena está relacionado directamente con los privilegios de clase.

¿Qué pasaría si pudiéramos adentrarnos en las casas de nuestros barrios? ¿Cuál sería la realidad?

Lo primero que encontraríamos son cientos de mujeres trabajadoras de hogares ajenos, limpiadoras de escaleras y portales, y cuidadoras de personas mayores de familias acomodadas que tienen que poner en riesgo su salud porque su precario trabajo ha sido considerado necesario, otras han sido enviadas a sus casas con una mano delante y otra detrás, pues nunca les han dado de alta en la seguridad social. Mujeres, que en muchos casos son sustentadoras de familias enteras, con varias bocas que alimentar que se han quedado sin ningún tipo de ingresos. ¿Puedes imaginar su desesperación, obligadas a estar encerradas, preguntándose cómo van a pasar la cuarentena cuando se les acabe el poco dinero que les queda en el monedero? ¿Crees que tienen ganas de cantar en sus balcones? ¿Balcones? La inmensa mayoría de viviendas no disponen de dicho ornamento, acaso ventanas que asoman a otras ventanas y con algo más de  suerte asomen a la calle. 

También veremos a muchas mujeres a las que el sistema abocó a convertirse en mujeres prostituidas. Sabemos que las circunstancias que arrastran a estas mujeres a esto son diversas , drogas, falta de empleo, escapar de un padre o un marido maltratador, no vamos ahora a profundizar en el tema,  pero lo preocupante ahora es que la incertidumbre de qué va a pasar mañana las aísla aún más, incluso alguna se arriesgará a contagiarse para poder darle de comer a quienes dependen de ella. ¿Alguien se acuerda en estos momentos de estas mujeres? ¿Y qué pasa con las víctimas de la trata? ¿Las que viven en los clubs de alterne? ¿Quién se preocupa por ellas? ¿Les darán de comer? ¿El Gobierno de España se preocupa porque no se contagien? ¿Vela por su bienestar? No parece muy probable, no se preocupan mucho por las condiciones materiales del confinamiento domiciliario ni de ellas, ni de las personas más vulnerables, ni tan siquiera por las condiciones sanitarias de las miles de personas que siguen trabajando sin que se garantice  su salud y seguridad de puertas adentro de centros de producción no vitales.  

Ocultas tras oscuras cortinas vemos a las mujeres víctimas de la violencia machista, mujeres que sufren los golpes en silencio, ahora están en casa sus hijos e hijas, pero él sigue culpándola de todo, sigue descargando su rabia en ella, ¿qué pasa con estas mujeres? ¿Crees que su maltratador las dejará salir   a mostrar sus marcas a la calle llena de policías? ¿Crees que los vecinos van a ayudarla, cuando no lo han hecho hasta hoy? ¿Crees que denunciarían dejando a sus niños y niñas con el monstruo? En la primera semana de confinamiento ya han sido asesinadas tres mujeres. El número de agresiones de género que sin duda aumentaran y se quedaran en un segundo plano.

Y por último, encontramos a las mujeres en situación de pobreza, miles de mujeres trabajadoras en precario, de ancianas, que ya antes de la cuarentena, vivían en condiciones indignas, compartiendo su vivienda, su chabola, su caravana, con otras personas en un espacio vital mínimo, mujeres que se levantaban cada día con la preocupación de cómo iban a salir adelante las siguientes 24 horas, cuyos hijas e hijos tenían garantizado un mínimo alimento en los comedores escolares y que en estos momentos no tienen nada que darles, solo algunos días un repartidor de comida basura les acerca unas pizzas o una hamburguesas. ¿Quién se preocupa por estas mujeres, por estas ancianas, por esta infancia? La salud de estas personas se encuentra en grave riesgo.

¿Y qué hace el Gobierno? Preocuparse por las empresas, destinar millones a que sufran el menor impacto posible, darles las mayores facilidades para llevar a cabo sus ERTES, empresas con tantos millones de beneficios en algunos casos, que no somos capaces de imaginar tanto dinero junto. Las mujeres más precarias y en trabajos de la denominada economía sumergida ni siquiera tendrán la migaja del  paro...ni esas migajas de la prestación durante el tiempo que dura el estado de alarma que le ha tocado a la clase obrera en el desigual, como siempre, reparto del botín efectuado por los gobernantes. El capitalismo muestra su verdadero rostro criminal y consume carne humana, la del pueblo trabajador, en un despiadado darwinismo social. Esta haciendo “limpieza” aprovechando que el covid 19 llego a nuestras “apacibles sociedades “. Nos  matan (o dejan morir que viene a ser lo mismo), aunque le llaman eufemísticamente “triaje”, así, en nuestras narices. Mientras las ricas pueden seguir bailando apaciblemente al sol. Saben que mientras nosotras esperaremos en un oscuro pasillo que nos atiendan, tras una semana de confinamiento casero con fiebre, tos y otros síntomas, sin ninguna prueba médica y sin más tratamiento que paracetamol, las mujeres burguesas tendrán test y cama hospitalaria al primer síntoma. Ahí el caso de la Sra. Aguirre que corrobora lo anterior. Tampoco parece que el “triaje” esté previsto para la monarquía, con independencia de su edad o estado de salud. 

Existen soluciones y medidas, en lo inmediato, para paliar esta pandemia, como la ocupación y nacionalización de todas las instalaciones de la sanidad privada para hospitalizar a las personas enfermas, a todas sin exclusión y, desde luego a  las más vulnerables y darles la atención médica necesaria e imprescindible, garantizando así una atención médica suficiente a todas las personas, principalmente a aquellas de mayor riesgo.

 La gestión que se está haciendo de los mermados recursos públicos  ha de acabarse, y desde luego ha de acabar cualquier tipo de selección negativa para las personas de mayor vulnerabilidad. Hay recursos para ello, basta detraerlos de la partida de gastos militares y de la casa real o el clero. También hay medidas para detener la pandemia, no las represivas y racistas que es la única vía ofertada por la socialdemocracia, sino otras como el uso de la tecnología que ofrece hoy medios suficientes para implementar un protocolo que permita controlar los focos de infección y las cadenas de transmisión, como práctica más efectiva para combatir la expansión del proceso infeccioso.

Y en  el plano económico, el acuciante día a día, cuando has de resolver el sustento vital, es necesaria  la activación, de mucho más que los 300 millones del cacareado escudo social, de un plan de emergencia social que movilice los recursos económicos necesarios para atender a todas las personas que, social o clínicamente, lo requieran. De todas esas personas, mujeres en su gran mayoría, que no perdieron el trabajo según las estadísticas  porque estaban fuera de esa contabilidad. Así como la creación de fáciles y accesibles mecanismos para tramitar esas ayudas. 

La crisis sanitaria pasará, pero las consecuencias humanas y económicas  permanecerán entre nosotras y nosotros. Cuando se levante el estado de alarma,  deberemos exigir y luchar para que la prestación social de quienes la necesiten, permanezca en el tiempo y que la prestación de desempleo sea indefinida para quienes perdieron el trabajo definitivamente  tras el Estado de Alarma. 

La próxima vez que te asomes al balcón acuérdate de todas estas mujeres y piensa que harás el día que podamos salir a la calle…vivir alienadamente o empezar a abrazar los intereses de tu propia clase.   

Secretaria Feminista del CC del PCPE