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Editorial Diciembre 2019

La Elecciones del 10-N no resolvieron nada en relación a los problemas de “gobernabilidad” que tiene la clase dominante.

Los resultados no cambiaron el mapa, fraccionado y lleno de contradicciones, de la representación política institucional. El desplome de Ciudadanos, que entra en fase de liquidación, y el ascenso de la ultraderecha fascista son las notas más singulares de unos resultados que siguen poniendo muy difícil el objetivo de conformar un gobierno que tenga la estabilidad suficiente para acometer las duras medidas contra la clase obrera que el capitalismo español necesita aplicar, con urgencia, para tratar de mantener la tasa de ganancia.

El bloque del nacionalismo catalán, en sus diversas variantes, sale fortalecido de estas Elecciones. Sumando los votos de las fuerzas que en Catalunya están a favor de la celebración de un referéndum para decidir, éstos suman 2.188.796, esto es, el 56,77% de los votos emitidos. Ese bloque consigue 30 de los 48 diputados que se eligen en ese territorio, y la representación de las fuerzas del más rancio españolismo constitucionalista (PP, Cs, Vox) obtiene tan solo un raquítico resultado de 6 plazas en el Parlamento (12,5%). Queda en evidencia que la cuestión catalana es una realidad inevitable, que necesita de una respuesta desde la política y la democracia, y que la respuesta represiva no supone ninguna salida para el actual bloque de poder, por mucho que lo intente.

Siendo hoy la cuestión de Catalunya la que de una forma más visible evidencia la crisis del bloque de poder en España, sigue siendo la cuestión de la economía la que, como siempre, es el factor determinante.

Bajos salarios, precariedad laboral, pobreza social, infancia con déficits muy graves de alimentación, etc., son aspectos de la realidad de nuestro pueblo que ponen de manifiesto la barbarie del sistema capitalista. Ese que en esas fechas está reconociendo que el rescate bancario dejará 65.725 millones de euros que la banca nunca devolverá, o que ese rescate en el total de la UE ha supuesto 1,6 billones de euros entregados a la sanguijuela financiera.

Esos 65.725 millones de euros que la banca nunca devolverá (y hay que tener en cuenta que en esta contabilidad no se están incluyendo cantidades aún mayores de avales y otras facilidades financieras y fiscales) supone que cada uno de los 47 millones de habitantes de España ha regalado a la banca 1.400 euros, incluso aquella gente que no tiene ni un bocadillo que llevarse a la boca. Y si hacemos las cuentas considerando solamente la población activa en nuestro país, en ese caso el regalo a la banca ha sido de 2.800 de euros por cada trabajadora/trabajador, de los cuales muchos solo cobran un mísero salario de quinientos o seiscientos euros.

En estas fechas está sobre la mesa la posibilidad de un gobierno de coalición PSOE-PODEMOS, y se puede hacer una primera pregunta. ¿Este posible gobierno obligará a la banca a devolver esa cantidad de dinero a las arcas públicas, o sencillamente actuará igual que los gobiernos anteriores y, en todo caso, impondrá alguna fiscalidad a las entidades financieras, que finalmente éstas repercutirán, como siempre, a sus usuarios?

El bloque de poder dominante necesita, con urgencia, un gobierno. Y a la vista de las graves dificultades para obtenerlo, en esta ocasión, se presta a incluir a la organización podemita. Una combinación entre pragmatismo burgués, y pactos con el Partido de Iglesias que habrá aceptado rebajar sus pretensiones de ayer, y de eso ya ha advertido en una carta a su ingenua cibermilitancia.

Ese posible gobierno, u otro que pudiera darse si la realidad apremia y lo frustra, será un gobierno funcional a las necesidades del bloque dominante de poder. En ningún caso un gobierno confrontado con ese bloque hegemónico. Y, por ello, sus políticas serán las que necesitan el capital monopolista y financiero.

La clase dominante, en situaciones de dificultades, puede admitir concesiones en sus políticas de gobierno, y aceptar algunas medidas sociales. Pero lo que no aceptará, y hoy de una forma especial por su grado de agotamiento crítico, es un gobierno que ponga en cuestión las bases de su sistema de dominación y el ejercicio privilegiado de su dictadura. Por ello la clase obrera se ha de preparar para, desde ya mismo, empezar a combatir el nuevo gobierno que finalmente se constituya, pues será en todo caso un gobierno de la burguesía.

El XI Congreso del PCPE, ya convocado por el Comité Central, analiza esta situación como resultado del agotamiento del proyecto histórico dominante de la burguesía para el Estado Español, y la necesidad de levantar un nuevo proyecto histórico para este país, sobre los principios de la república, la autodeterminación y el socialismo. Una República Socialista de carácter Confederal que sea unión voluntaria de pueblos libres. Y para avanzar en ese nuevo proyecto histórico el PCPE ha de articular una amplia política de alianzas sociales en lo que llamamos el Frente Obrero y Popular por el Socialismo.

 

 

 

 

 

LA LUCHA DE CLASES INTERNACIONAL

 

 

 

Se agudizan las contradicciones internas del sistema de dominación capitalista, en su fase imperialista.

 

 

 

Dentro del capitalismo –y como consecuencia del altísimo desarrollo de las fuerzas productivas- se ha constituido ya la base material necesaria para el inicio de la edificación de la sociedad socialista. Por ello, hoy, los grandes centros capitalistas se aprestan a librar, de forma desesperada, su última gran batalla contra la clase obrera y contra los pueblos, para tratar de mantener su bárbaro sistema de dominación.

 

 

 

Esta será una guerra especialmente cruel, sin normas ni principios, que aunque el capitalismo sabe que tiene históricamente perdida la mantendrá mientras pueda, con todas sus fuerzas y con todos sus criminales recursos de violencia.

 

 

 

En estas semanas últimas los acontecimientos en América Latina (Bolivia, Chile, Colombia, Haití, etc), Oriente Medio y países árabes (Yemen, Siria, Mali, Afganistán, Irak, etc), Sáhara Occidental y Palestina, son consecuencia y expresión concreta de esta situación de contradicciones internas irresolubles del imperialismo internacional.

 

 

 

Igualmente la persecución inmisericorde, especialmente en la UE y en los EE UU, contra las poblaciones migrantes es consecuencia de ello también. Y en esa misma lógica, también, el acoso a Cuba y Venezuela.

 

 

 

Los pueblos resisten y luchan de forma heroica, pero para enfrentar esta confrontación fatal se impone hoy, en la agenda de la lucha antiimperialista y por el tránsito a la sociedad socialista, la necesidad de la coordinación de esfuerzos y la unificación de programas. Un gran Frente Mundial Antiimperialista, concebido como amplísimo frente de masas mundial de todas aquellas fuerzas y organizaciones que confrontan con el actual sistema de dominación capitalista. El programa de ese FMA se ha de concretar en aquellos ejes de acuerdo que cuestionen el actual sistema de dominación y que faciliten la confluencia amplia de las diversas fuerzas y sectores.

 

 

 

La clase obrera y sus organizaciones de vanguardia, en el seno de ese Frente, han de demostrar que tienen la capacidad necesaria para obtener el reconocimiento, y ganarse el liderazgo, que les permita constituirse en la fuerza determinante del mismo. Las masas obreras y populares son las que tienen el protagonismo, a la organización de vanguardia le corresponde ganarse la posición de la conducción revolucionaria.