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Alejandro Amenábar (Santiago de Chile, 1972), director de este su séptimo largometraje, el primero que rueda en España y en castellano desde “Mar adentro” (2004), explica el sentido del enigmático título de la película considerando que “la frase forma parte de un documento firmado por el bando nacional al comienzo de la guerra que fue clave en la toma de poder de Franco. Pero sobre todo - dice el realizador de “Los otros” (2001) - es una reflexión lanzada al público. Somos nosotros los que parecemos seguir sin entendernos, en guerra constante”. Y añade finalmente, “quizá incomode más a quienes están en los extremos, porque yo no soy extremista”.

Con esos propósitos, Amenábar opta, conscientemente, por defender el consenso político para terminar con “el enfrentamiento de las dos Españas”, en detrimento del derecho a conocer la verdad histórica de un conflicto cuyas heridas aún sangran. Una elección, por otra parte, que conecta perfectamente con lo pactado en la Transición entre franquistas y fuerzas democráticas, y cuya inoperancia, particularmente en este tema, es más que notoria.

No convenceréis

Pese a ello, es decir pese a esa lacerante asignatura pendiente (obtener verdad, justicia y reparación por el cruento golpe de estado fascista del 36), el director chileno-español, apuntala la tesis oficial de la reconciliación, y por consiguiente del olvido, situando su filme en un momento concreto de la Guerra Civil: la entrada de las tropas facciosas en Salamanca, el 19 de julio de 1936, y el encuentro del contradictorio escritor y filósofo, Miguel de Unamuno (magnífico Karra Elejalde), con la cúpula de los militares golpistas. Un intelectual que  con sus paradojas y constantes incongruencias políticas (duda entre República y fascismo) permite vehicular lo que, en mi opinión, Amenábar, quiere trasmitir a la España de hoy: la equidistancia entre golpistas y defensores de la República (los aludidos extremos). En ese sentido, dos secuencias, entre otras, corroboran sutilmente lo que digo. Una de ellas se desarrolla durante una entrevista que Unamuno tiene con Franco para solicitarle clemencia para con dos de sus mejores amigos encarcelados; al tiempo que critica las atrocidades que su ejército está cometiendo con la población civil, a lo que el aspirante a Generalísimo responde cínicamente que “qué cree que hacen los otros en el otro bando”. La otra escena tiene lugar el 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca donde, ante un Millán Astray embravecido por su ¡Muera la inteligencia!, Unamuno manifiesta su “venceréis, pero no convenceréis”, mientras escandalizado grita que lo que estaba sucediendo en España era culpa de los sublevados y de los bolcheviques. Rematando la secuencia de manera ridícula, equívoca y al ralentí con la mano de la mujer de Franco en primer plano asiendo la de Unamuno, y arrebatándolo de las fauces fascistas. Aquí cabe preguntarse, ¿qué pensarán los/as jóvenes viendo esta película de la IIª República, cuando ignorando las circunstancias que la proclamaron y el por qué los fascistas la violentaron, se equipara a agresores y agredidos? Sintiéndolo mucho, otra ocasión fallida de conocer convenientemente nuestra historia más reciente. Rosebud