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Claire Lacombe, artífice destacada de la Revolución francesa nació en 1765, “la Rosa roja” era una mujer de acción y se involucró desde el principio en la revolución, defendió la participación de las mujeres trabajadoras en la lucha como algo natural. Apostó por la creación de batallones femeninos y su derecho a portar armas. Participó valerosamente en el asalto al palacio de las Tullerías en 1792, donde recibió un disparo y siguió luchando, ganándose el reconocimiento de “la Heroína del 10 de agosto”.

Se alineó con el ala más radical de la Revolución y fundó con Pauline León en mayo de 1793 la Sociedad de Mujeres Republicanas Revolucionarias, que aglutinaba a mujeres de clase trabajadora en defensa de sus derechos y mejores condiciones de vida y exigían la imposición de un precio máximo sobre los alimentos, en plena efervescencia popular contra la carestía y el acaparamiento.

Tras su llegada al poder, los líderes jacobinos dejaron de necesitar la organización de mujeres y sus reivindicaciones incómodas, identificándolas como extremistas que amenazaban los intereses de la dictadura burguesa. En 1793, el Comité de Salud Pública clausura la Sociedad de las Republicanas Revolucionarias y la Convención ratifica la prohibición de todas las sociedades de mujeres.

Lacombe y sus compañeras apelan a la Comuna de París, se las recibe con hostilidad, «¡Abajo el gorro rojo de las mujeres!», negándoles el distintivo que como revolucionarias usaban. Su procurador general dice: " … ¿Desde cuándo es decente ver a mujeres abandonar los cuidados devotos de su familia, la cuna de sus hijos, para venir a la plaza pública, a la tribuna de las arengas a realizar deberes que la naturaleza ha impuesto a los hombres solamente?". Se las acusa de contrarrevolucionarias una y otra vez, convirtiéndose en las primeras víctimas de la reacción, mucho antes de las purgas y del golpe de Termidor.

Claire Lacombe acabó siendo encarcelada por la dictadura de Robespierre en marzo de 1794, se desprestigió su figura y al resto de republicanas revolucionarias, lo que escondía el temor a su agitación en las colas de las panaderías y en las secciones en favor de la igualdad económica y contra el hambre del pueblo.

A su salida de la cárcel 18 meses después, el triunfo definitivo de la reacción era un hecho, las últimas revueltas por el pan de Germinal y Pradial habían sido reprimidas. Asumió que las condiciones de la lucha ya no eran las mismas, sus ideas en defensa de las mujeres estaban reprimidas o perseguidas y volvió a su profesión. Esta mujer, que tres años antes había participado en el asalto a las Tullerías echando abajo una monarquía que llevaba siglos en pie, en 1798 desaparece de la Historia.

No por recurrente el trato a las mujeres y sus reivindicaciones en los procesos revolucionarios y en el relato de la historia, no deja de ser desalentador. Que sirva este espacio como homenaje y reconocimiento de todas las que lucharon antes, incluso con sus compañeros en contra, en palabras de “Femme Lacombe : Nuestros derechos son los del pueblo y, si nos oprimen, sabremos oponer resistencia a la opresión”

Tatiana Delgado.