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La sentencia del Tribunal Supremo contra los presos políticos del procés catalán ha movilizado a centenares de miles de ciudadanos en toda Catalunya. La desproporcionada condena, impuesta con la intención de finiquitar el proceso de secesión, ha provocado todo lo contrario de lo que pretendía. La ciudadanía se ha concienciado y repudia la represión que el Poder ejerce contra aquellos que disienten del modelo de este Estado y sus formas poco democráticas. Son numerosos los cortes de carreteras, las concentraciones y manifestaciones que recorren todo el país. En estas circunstancias de máxima preocupación hay mucha tensión, y la causa es la actitud contraria del Poder a reconocer el derecho a la autodeterminación del pueblo de Catalunya

En esta época incierta recordamos amargamente las infames palabras del Dictador Franco, (Lo dejo atado y bien atado), era su legado, su forma de expresar su “solidaridad” con el régimen que él había implantado. Era un legado envenenado para las generaciones venideras.

La “descentralización del Estado Monárquico”, El café para todos, aparecía como un bálsamo para la nueva clase política. Las burguesías periféricas tenían su papel en los beneficios. No importaba que la constitución estuviese blindada, mientras, el parlamento reformaba el Código Penal cuantas veces hiciera falta. La Burguesía y la Social Democracia estaban de acuerdo en estas reformas, eran medidas para acallar a las masas y reprimir sus movilizaciones frente a las políticas económicas de la U.E. y el F.M.I. Las contradicciones y la Crisis Sistémica aceleraron con más fuerza que nunca el desafío rupturista de los sectores de la burguesía catalana que se sienten apartados del nuevo reparto de mercados.

La posibilidad de negociar con el Estado Español un acuerdo para legalizar un referéndum de autodeterminación fue siempre dinamitada y la operación de impulsar una República Catalana de manera unilateral, un error táctico de consecuencias dramáticas para los dirigentes del proceso que sumarán 100 años de prisión.

Este es un Estado que no reacciona frente a las movilizaciones populares de cientos de miles de catalanes exigiendo el derecho a la autodeterminación, no es capaz de ofrecer una alternativa democrática a esta exigencia, y actúa de manera desproporcionada con violencia y represión.

Por eso con la mayor firmeza exigimos:

Absolución. Para los sentenciados en la causa del proceso catalán. Absolución y no amnistía, para las mujeres y hombres, que, apreciando las contradicciones del sistema, movilizaron y hegemonizaron en Catalunya la insumisión pacífica, contra el Estado Monárquico, forzando un Referéndum de Autodeterminación que fue reprimido violentamente por las fuerzas de orden de un Estado que se atrinchera con un código penal al servicio de la Oligarquía.

Libertad de expresión, manifestación y reunión para enfrentar sin temor ni represión la política anti obrera y anti popular de los Gobiernos de turno, títeres del FMI y que utilizan el Código Penal como instrumento de coacción contra las masas populares.

Autodeterminación. Para resolver de manera pacífica, participativa y democrática los conflictos nacionales.

Estas consignas, no son lanzadas de manera retórica, son un punto de inflexión, un espacio para la reflexión. No hay posibilidad del reconocimiento al derecho a la autodeterminación si no hay un cambio de rumbo histórico.

Para acometer tal empresa, la clase obrera ha de superar a los elementos burgueses y su hegemonía en el entramado nacionalista, ha de recomponer la táctica por la ruptura con el Estado Monárquico y el derecho a la autodeterminación en un proyecto de clase, estratégico, que nos lleve a la República Socialista.

Con la sentencia se espera un escenario de revancha y de victoria moral de la reacción. Es una victoria efímera, las causas que produjeron estos hechos persisten y persistirán en el tiempo, si la clase obrera no toma partido, si no es capaz de ocupar su lugar en el combate por la libertad y la justicia social, el entramado nacionalista con un discurso sesgado al servicio de la burguesía, y unos instrumentos organizativos inútiles para ejercer la democracia de base o popular propiciarán un desencanto que los elementos fascistas aprovecharán para organizarse. Esta afirmación es fruto de acontecimientos que se están desarrollando en algunos barrios obreros de Catalunya, donde movilizaciones vecinales son instrumentalizadas por elementos de extrema derecha.

No basta con la movilización del 11 de septiembre (Diada de Catalunya) y de un referéndum autoconvocado para el advenimiento de la República Catalana. Es necesario un proceso democrático y constituyente soportado por las masas trabajadoras y con alianzas para la consecución de una República Confederal y Socialista que reconozca el derecho de autodeterminación de todos los pueblos de España.

Los comunistas como Juan Comorera i Soler y el President Companys también fueron víctimas de la represión de los Gobiernos reaccionarios del Estado Español. Y conviene recordar hoy, que la unidad de las masas populares en todo el estado conformó el Front d’Esquerres y el Frente Popular. Fuerzas políticas que derrotaron a la reacción y abrieron el camino a la esperanza de la clase obrera.

¡Por la absolución de los presos políticos, por la libertad y la autodeterminación!

¡Viva la República Socialista!

¡Viva la clase Obrera!

Enric Lloret