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Hay que avanzar hacia la unidad de las luchas, hacia el socialismo

Ni el amplio seguimiento que tuvo la convocatoria de huelga entre profesorado, estudiantes y familias, ni las masivas manifestaciones en defensa de la educación pública (en las que participaron cientos de miles de personas en todo el estado), han frenado la tramitación de la LOMCE por parte del gobierno. Era de esperar. La LOMCE no es ningún capricho del gobierno, ni tampoco la expresión de contradicciones menores como la pugna entre españolismo y catalanismo, por mucho que los medios de comunicación pretendan hacernos creer que ésa es la polémica principal.

La LOMCE es la expresión concreta para el ámbito educativo de una necesidad histórica del capitalismo español, puesto que la crisis no es únicamente una crisis financiera, ni siquiera únicamente una crisis económica. Se trata de la crisis estructural de todo un sistema social. El capitalismo necesita recomponerse en todos sus niveles para asegurar su supervivencia. La educación no es, no puede ser, una excepción.

Tanto la LOMCE para la educación primaria y secundaria como las reformas del Plan Bolonia y la Estrategia Universidad 2015 para la educación universitaria, son manifestaciones de las necesidades del capital para el ámbito educativo. Y, más allá de los cambios legales (que sólo suponen una parte de la política del capital contra la educación pública), el capital ha lanzado toda una ofensiva política global que se aplica en diferentes niveles:

  • A nivel económico y laboral:

    • Trasvase de dinero público hacia sectores privados, aumentando los conciertos educativos, dando subvenciones, cediendo terrenos públicos, privatizando la gestión de servicios públicos…

    • Recorte del gasto público en becas, ayudas para material escolar o comedores, aumentando las tasas.

    • Recortando derechos laborales, desregulando las condiciones laborales y reduciendo los salarios de los empleados públicos, todo ello justificado con el desprestigio del profesorado público al que se acusa de ser un sector privilegiado, poco preparado y acomodado, para aislar socialmente sus movilizaciones y debilitar el apoyo del resto de la clase obrera y del pueblo trabajador.

    • Jerarquizando al profesorado y a los centros educativos según rankings, dando capacidad de selección y gestión del personal a los directores como si fueran gestores de empresas privadas.

  • A nivel social:

    • Se restringe el acceso a los niveles superiores de la educación, puesto que la LOMCE plantea una mayor exigencia académica a través de las reválidas, pero sin aportar recursos ni metodologías, lo que supondrá una selección del alumnado, en gran medida motivada por factores socio-económicos, lo cual perjudica a los estudiantes de clase obrera. Otras medidas como el aumento de las tasas o la disminución de becas apoyan ese objetivo y expulsan a miles de jóvenes obreros de las universidades públicas. La burguesía se asegura filtros para que sus hijos mantengan su situación social privilegiada con menos competencia.

    • El objetivo del capital, expresado sin tapujos en la LOMCE, es que el sistema educativo cubra las necesidades de mano de obra del sistema capitalista. El capital ni necesita ni desea un acceso masivo de los jóvenes obreros a una formación superior, al capital le basta con que adquieran formación profesional (cada vez más orientada hacia las necesidades del capital privado por medio de la Formación Profesional Dual).

  • A nivel ideológico:

    • El capital pretende convertir la competitividad y empleabilidad (eufemismo para referirse a adaptarse a las necesidades coyunturales del capital) en los objetivos supremos de la educación.

    • El capital trata de inculcar la privatización de lo público como mejor modelo de gestión, tanto de forma directa (aumento de la educación privada y concertada) como indirecta (a través de la gestión privada y autoritaria de los servicios públicos por medio de un director-gerente).

    • Favorecer a los aliados ideológicos del capital, en especial a la Iglesia Católica, que controla la inmensa mayoría de centros privados y concertados, además de aumentar el horario de religión, asegurar los conciertos para centros que segregan por género…

La resistencia frente a todas estos ataques se lleva organizando al menos desde el curso pasado (en algunas comunidades incluso antes) y se visualiza con intermitencia por medio de diferentes movilizaciones, desde encierros y manifestaciones, a huelgas. Estas movilizaciones, la llamada Marea Verde, tienen sus fortalezas, especialmente aquellas que comprenden que debe unirse la lucha de todos los sectores educativos para huir del corporativismo del algunos sindicatos de profesorado, pero también muestran las mismas carencias y debilidades que están lastrando otras luchas sectoriales. Las principales carencias son de tipo ideológico y organizativo.

La lucha no puede plantearse únicamente contra los recortes y contra la LOMCE; son objetivos que aparentan dar fuerza al evitar debates de mayor calado y ser fácilmente asumibles, pero que a la larga debilitarán el movimiento al no representar un programa claro. No se puede plantear un programa basado en mantener el sistema educativo de hace cinco años, como si aquello diera respuesta a las necesidades educativas de la clase obrera y de la mayoría de sectores populares. Por el contrario, es necesario replantearse todo el sistema educativo, sus objetivos, sus métodos, su estructura, su financiación, para que veamos realmente una educación al servicio del pueblo trabajador. Es imprescindible, en definitiva, comprender que los recortes y reformas en Educación son sólo una serpiente más de la hidra capitalista, que una educación pública y de calidad será imposible mientras el resto de relaciones sociales estén dominadas por el capital.

De igual modo, a nivel organizativo, la lucha por la Educación Pública, como el resto de luchas sectoriales que se están produciendo, está destinada al fracaso si no se incluyen en una estrategia global de lucha obrera y popular contra el capitalismo.

Los y las comunistas estamos y estaremos en ese camino, con el objetivo de que movilizaciones sectoriales como la del 9 de mayo tengan el mayor éxito y combatividad, pero también para que esas luchas se inserten en una lucha global.

Eloy