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Situación económica anterior al año 2008

A principios de 2008 se dieron las primeras evidencias de que la “idílica” situación económica que atravesaba España estaba a punto de cambiar. Se manejaron cifras económicas contrapuestas por las distintas facciones de la burguesía y se utilizaron como arma electoral para los comicios que se llevarían a cabo en el mes de marzo de ese año.

Desde las filas de Aznar se intentaba atemorizar a la población sobre las nefastas consecuencias de una crisis que se consumaría de continuar la gestión del capitalismo a través del gobierno del PSOE, mientras que éstos, capitaneados por Zapatero quitaban importancia a la previsión y mostraron los datos económicos del milagro español que aspiraba a jugar en la “Champion Leage” del G7.

Al final de la contienda, la oligarquía decidió que la gestión de tan dura crisis con las nefastas consecuencias que traería para la clase obrera, mejor fueran gestionadas por la socialdemocracia que tan buenos servicios prestó al capitalismo español en otros tiempos, y así conseguir que la movilización popular se mantuviese en parámetros controlables.

De una forma u otra, los datos que en esos momentos se manejaban eran los siguientes:

La economía española creció en el 2007, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), un 3,8%, una décima menos que en el 2006. Por tercer año consecutivo, España creció más que las economías más potentes. Superó con holgura el promedio de la UE (2,9%) y de la zona euro (2,7%). El PIB nominal acabó en 1.080.807 millones de euros.

La deuda pública en 2007 fue de 383.798 millones de euros, lo que supuso un 35,6% del PIB.

En la primavera de ese mismo año, España contaba con un récord de ocupación. El desempleo, se situaba en 1,76 millones de personas (un 7,95 % de la población activa).

Cuando el lunes 15 de septiembre de 2008, la quiebra de Lehman Brothers oficializó el inicio de la última crisis de sobreproducción del capitalismo, España contaba con los número descritos anteriormente.

Los datos de hoy

En el año 2013 el desempleo llegó a sus máximos históricos, llegando hasta el 26,94 %. A partir de ahí, “los brotes verdes”, la “recuperación” o la “normalidad.”

En 2014 el PIB creció 1,4 % del PIB, en 2015 el 3,2% . El año pasado arrojó un valor de 1.208.248M €. Efectivamente, la crisis era cosa del pasado y ahora tocaba otra gran época de vacas gordas.

Las cifras de desempleo se fueron dulcificando, que no sus características, ni su precariedad.

A pesar del fin de la crisis económica desde el año 2014, la tasa actual de desempleo en España es del 13,9%, siendo el de las mujeres un 15,6% y el de las jóvenes un 34,7%.

Actualmente la deuda española es superior al 100% de su PIB.

Pero, llegar al “milagro de la recuperación”, ha sido gracias al expolio de lo público, al incremento de la precariedad y la explotación absoluta y relativa de la clase obrera, a la fagocitación entre capitalistas y a otros muchos gestos que en detrimento de las capas populares se han llevado a término en los últimos años.

Alguno de ellos son los 42.017 millones de euros que el Banco de España da por perdidos de los 54.353 millones de dinero público destinado a rescatar 14 entidades financieras españolas desde 2009.

Otro factor es que la clase obrera en los últimos años ha perdido un poder adquisitivo de alrededor del 30%. Tampoco las pensiones se han librado de los recortes durante estos años.

La hucha de las pensiones pasó en 2011 de 66.815 millones de euros a estar vacía. El déficit acumulado desde entonces supera los 90.000 millones de euros.

A nivel político, la movilización obrera, fue reconducida a través de vías de escape ajenas al interés de nuestra clase (15M, Podemos, cambio de Rey...). Esto dio los frutos previstos y los sectores populares que siempre cuentan con la lucha organizada como única herramienta para mejorar sus condiciones de vida, se vieron dirigidos a expresiones asumibles por un sistema que ha hecho del engaño y la desilusión bandera en los últimos años.

La paz social mendigada por los sindicatos mayoritarios a través de pactos y acuerdos a la baja han allanado el camino hacia la situación en la que nos encontramos actualmente.

La cosa va a ir a peor.

Hay claros indicadores económicos de que una nueva crisis de sobreproducción se atisba por el horizonte. Los “expertos” en economía parece que esta vez sí están de acuerdo en el devenir económico. El Fondo Monetario Internacional alerta también sobre el mismo asunto.

Otro elemento que nos debe poner sobre aviso de que una nueva crisis está en camino y que será devastadora para la clase trabajadora, es ver movimientos políticos dirigidos a salvaguardar los intereses de la oligarquía, ante el eventual cabreo de los desposeídos: el incremento de las normas coercitivas como la ley mordaza, la posición cada vez más beligerante entre la burguesía central y la periférica o la promoción de la extrema derecha hasta situarla en la “pole position” de las instituciones públicas, son algunos indicadores de que la que nos viene encima es mayúscula. La oligarquía ha hecho bien los deberes y tiene sus guadañas listas y afiladas.

Para suavizar la crisis surgida a partir del 2008, se inyectó dinero público a la economía privada. Al margen de la cesión millonaria de dinero público a la banca que ya hemos mencionado, hubo otras acciones como El Plan Español para el Estímulo de la Economía y el Empleo o, Plan E, que insufló cerca de 50.000 millones de euros.

La cuestión es que ante la nueva realidad económica entrante hay poco margen de actuación en comparativa con la que hubo en el 2008. Los niveles de deuda pública actuales no ayuda a jugar a las políticas keynesianas.

La privatización de empresas y servicios públicos que ha sido una constante en las últimas décadas, en el periodo de crisis, consiguió una alta rentabilidad a corto plazo y un descenso del gasto en su “mantenimento”, pero ha conseguido dejar un solar donde antes había riqueza. De esto poco se puede ya echar mano.

A pesar de esto, el deterioro y expolio de lo público se planteará de nuevo como cesión a los “pobres oligarcas con dificultades”. La privatización de la sanidad, la educación y el pastel de las pensiones públicas con el objetivo de su capitalización, volverá a exponerse con mayores argumentos de necesidad que hasta ahora y con mayor ensañamiento e intensidad… Y la bajada salarial, el aumento de la jornada laboral, la flexibilidad o la destrucción de los acuerdos colectivos como salida “provisional” para encarrilar la economía.

La lucha economicista sobre los salarios y las condiciones laborales dirigidas por los mismos sindicatos que en el 2008 está hundida en el mar del pacto social, y por ende, las trabajadoras y trabajadores, seguiremos perdiendo derechos hasta que digamos basta. Ese, y sólo ese, será el límite del incremento de la explotación de la clase obrera que una vez más, soportará sobre sus espaldas la recuperación del crecimiento económico burgués.

Este nuevo ciclo económico en negativo, sin la recuperación del anterior, hace que llueva sobre mojado y que sea preciso preparar y activar a los sectores más conscientes de la clase obrera para enfrentar con nuestra herramienta principal de lucha, el partido de la revolución, las agresiones del capital monopolista en descomposición y a sus agentes, tanto los de rostro amable y lengua de serpiente que representa la vieja y nueva socialdemocracia como a aquellos que por la vía de lo más retrogrado y casposo apuesta por la violencia extrema y explícita hacia los pueblos y sectores populares como representa actualmente la extrema derecha y sus palmeros.

Fuentes: Banco de España, datosmacro.com, Instituto Nacional de Estadística (INE)

Kike Parra