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Según datos de la web del Instituto Nacional de Estadística, en el año 2018 entraron en España 86.000.000 millones de turistas. Y 24.000 inmigrantes irregulares, lo que representa el 0,029% de extranjeros en suelo español.

Sumada a la población española (46M) a los 82M de turistas, suman 128 millones de personas pisando suelo español, con lo que el impacto de la presencia de “inmigrantes irregulares” sobre total representa el 0'018%.

Pero si seguimos con las cifras del INE, de esos 24.000, 18.000 abandonaron el suelo español a lo largo de este año, bien por dirigirse a diferentes países de la UE, o por retorno forzosos a sus países de origen, con lo cual solo quedaron en España a final de año 6.000 indocumentados, la mayoría internos en los CIE, lo que significa un 0'13% de la población española y un 0,005% del conjunto de personas que han tenido presencia en España.

Las cifras manejadas son las procedentes del Instituto Nacional de Estadística, un órgano independiente del gobierno, por lo que las cifras no han sido cocinadas por ningún sector político ideológico ni de ninguna clase.

Pero sucede que la acumulación de inmigrantes indocumentados, al paso de los años se acumulan sobre franjas de territorio muy concretas, lo que acentúa la percepción visual de su aparente concentración por razones de color de piel, idioma, vestimenta y actitudes, ocupación, manteros, etc.

Si nos vamos a localidades murcianas como Torre Pacheco, con un censo de vecinos magrebíes que casi iguala al de origen español, y que son la base laboral que ha propiciado -con su explotación- el enriquecimiento masivo (sí, escribo bien) de empresas y agricultores, como sucede en El Ejido (Almería), nos encontraremos con eso que la extrema derecha política y sociológica llama "invasión".

Una "invasión" de siervos de la gleba, sin la que no se podría explicar el más que evidente auge económico de la zona, porque ya cuesta ver a un natural del lugar cogiendo la pala y el azadón. Lo más que cogen es un tractor con cabina climatizada, o el volante de su BMW 4x4 de 2100 CV pagado al contado.

Pero si te desplazas por Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, Castilla y León, La Rioja, Navarra, Aragón, gran parte de Castilla-La Mancha y Extremadura, es decir, por las tres cuartas partes de España, puede ser que por los lugares que visites no consigas ver a nadie a quién puedas colgarle el sambenito de “inmigrante ilegal”.

Lo más que puedes ver es un colombiano o salvadoreña sirviéndote amablemente la cerveza en el Depaso de la autopista, o en el restaurante de camioneros donde te paras a pedir el menú de 10€ con café.

No existe razón objetiva para convertir el tema de la inmigración irregular en una gravísima cuestión de estado, como si lo es el escándalo de dejar que la gente muera ahogada en el Mediterráneo, porque los que tanto vociferan contra "la invasión", no tienen respuesta a la pregunta: ¿qué hubiera pasado sí las ONGs no se hubieran lanzado al rescate de pateras a la deriva, algunas semi-hundidas, y a la recogida de náufragos flotando en la inmensidad del mar? Y si saben la contestación, mejor se lo callan.

El drama de las causas de la inmigración, sin embargo, parece que tiene menos interés para la extrema derecha política y sociológica, esa masa de esa gente, entre los que están tantos miles de españoles descendientes de aquellos que marcharon con la maleta de cartón y el saco con las judías y los garbanzos a cuestas, subidos en vagones de tercera, camino de la emigración a Francia y Alemania en los años 60.

Son los gobiernos europeos los que mantienen las dictaduras africana, para servir a los intereses de los lobbies financieros y empresariales europeos, explotando y esquilmando las materias primas de ese continente riquísimo que es África o Asia. Como ha sucedido durante décadas con los países latinoamericanos.

Así pues Europa es parte del problema cuándo debe ser parte de la solución. En realidad todos los europeos nos estamos beneficiando de la explotación de África y parte de Asia, sí, tú que me lees, también, porque un alto porcentaje de nuestra producción de todo tipo de bienes, se fabrica con materias primas procedentes del Cono Sur.

La presión popular debe ir en una doble dirección, presionar a los gobiernos nacionales para que impongan, por la fuerza si es preciso, el derecho de asilo a esta pobre gente sancionando económicamente a países racistas y xenófobos como Hungría, Italia, Polonia, Rumanía, etcétera, y acabar con los dictaduras africanas, sostenidas por países europeos como el nuestro. Por ejemplo Guinea Ecuatorial.

No, no somos del todo inocentes, ni culpables, pero si vemos a alguien que se está ahogando no podemos preguntarle por los papeles, hay que sacarlo del agua y atenderlo, porque es un ser humano. Luego viene lo demás.

Floren Dimas

Miembro del Colectivo de Militares Demócratas ANEMOI

15/08/19