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Una serie noruega producida en 2015 llamada Occupied narra la ocupación militar de Noruega por los rusos con el beneplácito de la Unión Europea. Esta invasión es consecuencia tres factores: la independencia energética de los EE UU y, por consiguiente, su abandono de la OTAN, los problemas de producción en Oriente Medio debido a problemas sociales y la llegada de los verdes al gobierno de Noruega que cortan toda producción de petróleo y gas. Los rusos invaden para restaurar la producción de petróleo y gas que necesitan.

Como Julio Verne, los guionistas de la serie se adelantaron a su futuro en cuanto a la producción de petróleo en Noruega. Salió la noticia que el Fondo Soberano de Noruega, tras aprobarlo el parlamento noruego, pondrá a la venta sus acciones en combustibles fósiles repartidas en 9.153 compañías y 73 países. Esto generará unos 11.000 millones de euros que se invertirán en el sector de las energías renovables.

Esta idea, aunque ejecutada en 2019, no es de ahora. Ya en 2017 el Banco Central de Noruega le hizo una propuesta al ministerio de Finanzas de desinvertir en las compañías de combustibles fósiles pues debido a la caída permanente de los precios de petróleo y gas ponía en peligro los fondos del Estado. No es una decisión tomada, a diferencia de la serie Occupied, por motivos ambientales. Es paradójico que Noruega siendo unos de los principales exportadores de petróleo y gas del mundo sea uno de los mayores patrocinadores de proyectos ecológicos en el extranjero.

La apuesta del gobierno de Noruega es clara y un jarro de agua fría para todos aquellos que dudaban de la capacidad del capitalismo de adaptarse y reinventarse, abandonan los combustibles fósiles por las energías renovables. Al estilo más schumpeteriano hacen una gran inversión en tecnología y energías renovables ya que hay un sector, a priori rentable, que consumirá la energía renovable. El mercado ya está listo, no hay más que ver el desarrollo y venta de los automóviles eléctricos.

Esta transferencia de inversión se hace desde una convicción burguesa, pues obedece a la idea de innovación de Schumpeter. Se innova mediante la introducción de un nuevo método de producción (que hasta ahora se veía más caro de producir que el petróleo) y aunque no abre un nuevo mercado, sí que habrá personas que por moral decidan consumir esta energía. Aquellas compañías que les pille mejor posicionadas serán las que obtengan las mayores ganancias extraordinarias, disminuyendo poco a poco al incorporarse más compañías.

Ya hubo voces pidiendo este modelo de cambio energético, Anthony Giddens, Naomi Klein o Christian Parenti plantean que sólo mediante una intervención estatal y economía planificada se puede forzar el abandono de los combustibles fósiles. No defendiéndose en ningún caso el cambio del modo de producción.

También en el seno del partido Demócrata de los EE UU ya hay miembros que piden una intervención en la economía para poder hacer esta transición. La que está más de moda es Alexandría Ocasio-Cortez que, tomando la idea de Thomas Friedman sobre el Nuevo Plan Verde (Green New Deal), propone hacer que los EEUU se abastezcan al 100% mediante energía renovable en 10 años. Ella cuenta con el apoyo de Greenpeace y la organización ecologista 350.org entre otras organizaciones internacionales.

Parece que el cambio de modelo energético está aquí, impulsado por la decisión del gobierno noruego, y que va a ser liderado por los social liberales. Habrá que ver la respuesta de la EE UU de Donald Trump, China y Arabia Saudí.

Todavía las organizaciones obreras están a tiempo para poder tomar las riendas y hacer de esta tan necesitada transición un buque insignia para hacer la revolución socialista y crear un mundo más verde, diferente al que los capitalistas nos están preparando.

Manuel Francisco Varo López