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La introducción de las máquinas en el proceso de producción ha causado siempre profundas crisis de desocupación, superadas sólo lentamente por la elasticidad del mercado de trabajo. Los obreros fabriles y los campesinos pobres son las dos energías de la revolución proletaria. Especialmente para ellos el comunismo representa una necesidad primordial: su llegada significa la vida y la libertad, la permanencia de la propiedad privada significa el peligro inminente de ser triturados, de perder hasta la vida física.

Todo trabajo revolucionario tiene probabilidades de buena salida solamente cuando se basa en las necesidades de su vida y en las exigencias de su cultura [en las condiciones materiales, sociales y culturales]. Esto debe ser comprendido por los líderes del movimiento proletario y socialista.

La producción industrial debe ser controlada directamente por los obreros organizados en las fábricas, la actividad de control debe ser unificada y coordinada a través de organismos sindicales puramente obreros; los obreros y los socialistas no pueden concebir de utilidad a sus intereses y a sus aspiraciones un control de la industria ejercido por los funcionarios del Estado capitalista.

La consigna de “la tierra para los campesinos” debe entenderse en el sentido de que la hacienda agrícola y la fábrica moderna deben ser controladas por los obreros organizados en la hacienda agrícola y en la fábrica. No pueden concebir como útil a sus intereses la propaganda para “la tierra inculta o mal cultivada”. ¿Qué obtiene un campesino pobre ocupando una tierra inculta o mal cultivada? Ello satisface, en un primer momento, sus instintos de propietario, sacia su primitiva avidez de tierra. Pero en un segundo momento, cuando advierte que los brazos no bastan para arañar una tierra que sólo la dinamita puede desgarrar, cuando comprende que son necesarias las semillas y los abonos y los instrumentos de trabajo, el campesino siente su impotencia, su soledad, su desesperada condición y se convierte en un bandido, no en un revolucionario; se convierte en un asesino de los “señores”, no en un luchador por el comunismo.

Teniendo en sus manos la industria y la Banca, el proletario resolverá la enorme potencia de la organización estatal para sostener a los campesinos en su lucha contra los terratenientes, contra la naturaleza y contra la miseria. La clase obrera tomando el poder del Estado en sus manos lo resolverá a su favor y el de los campesinos pobres.

Entre los oprimidos por la propiedad privada, sólo el proletariado tiene una doctrina política, el marxismo.

[El periódico] “La Stampa” intenta lograr que las fuerzas revolucionarias del “Mezzogiorno” sean decapitadas nacionalmente, que se haga imposible una alianza entre las masas campesinas del Sur, que no podrán jamás atropellar solas al capitalismo, y la clase obrera del Norte, comprometida y deshonrada en una alianza con sus explotadores.

El fascismo ha quitado a los “demócratas” el arma más fuerte para hacer desviar sobre los obreros el odio de las masas campesinas que deben arrojarse sobre el capitalismo. “La sanguijuela roja” ya no existe: pero las condiciones del “Mezzogiorno” no han mejorado por esto.

La cuestión meridional no puede ser resuelta por la burguesía más que transitoriamente, episódicamente, con la corrupción a hierro y fuego. El aparato industrial restringido ha podido salvarse del completo desastre sólo por una disminución del nivel de vida de la clase obrera a causa de la disminución de los salarios, del aumento de la jornada de trabajo, de la carestía de la vida. Esto ha determinado una emigración de obreros cualificados, o sea un empobrecimiento de las fuerzas productivas humanas que eran una de las más grandes riquezas nacionales. [¿Les suena lo anterior?]

Debemos luchar contra toda tendencia de derechas que quiere un compromiso con la oposición, que tratase de impedir el desarrollo revolucionario de nuestra táctica y el trabajo de preparación para la fase sucesiva. Debemos tratar de atraer a nuestras organizaciones el mayor número posible de obreros y campesinos revolucionarios para educarlos en la lucha, para hacer de ellos organizadores y dirigentes de masa, para elevar su nivel político. El Estado obrero y campesino puede ser construido solamente si la revolución dispone de muchos elementos cualificados políticamente, la lucha por la revolución puede ser conducida victoriosamente sólo si las grandes masas están en todas sus formaciones locales encuadradas y guiadas por compañeros honestos y capaces.

La lealtad de todos los elementos del partido hacia el Comité Central (CC) debe resultar no sólo un hecho puramente organizativo y disciplinario, sino un verdadero principio de ética revolucionaria. El núcleo de la organización de partido consiste en un fuerte CC, estrechamente ligado a la base proletaria del partido mismo, sobre el terreno de la ideología y de la táctica del marxismo-leninismo.

Hay factores ideológicos que deben ser rechazados tajantemente como una plataforma de derecha: 1) la afirmación de que el gobierno obrero y campesino puede construirse sobre la base del Parlamento burgués; 2) la afirmación de que la socialdemocracia no debe ser retenida como el ala izquierda de la burguesía, sino como el ala derecha del proletariado; 3) que en la valoración del Estado burgués es necesario distinguir la función de opresión de una clase sobre la otra, de la función de determinadas satisfacciones a ciertas exigencias generales de la sociedad. Estos tres factores revelan una orientación hacia la solución de la crisis de la sociedad burguesa fuera de la revolución.