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Una vez más la socialdemocracia al rescate del capitalismo.

Podríamos arrancar con la traición de Casado en 1939, pero por no hacerlo más largo bástenos mirar unas pocas décadas atrás y recordar al PSOE del desmantelamiento industrial, la OTAN, el GAL, la Ley Corcuera, la reforma del mercado laboral y la legalización de las ETTs, el Tratado de Maastricht y las privatizaciones de empresas públicas para hacernos una idea clara del papel jugado por la socialdemocracia de este país en la gestión de los elementos centrales del capitalismo español. En su expresión periférica o central, la gran burguesía siempre ha tenido a un compañero de confianza en el PSOE; una herramienta contrastada para la superación de las más adversas circunstancias. En definitiva un socio de fiar del que tirar mano en los momentos más complicados.

Una crisis económica generalizada que lejos de amainar crece y genera metástasis también en la superestructura.

Con una ralentización de la economía en la zona Euro que ya se da por descontada, España se suma a la cola de los países que rebajan sus previsiones de crecimiento. El FMI, Fitch o la Fundación del BBVA, coinciden en señalar la necesidad de “cambios estructurales” para invertir esta tendencia y hacer frente a lo que ellos llaman los retos del futuro. Qué significa eso para los trabajadores y trabajadoras, qué representa para la pequeña burguesía destinada a proletarizarse; muy sencillo, nuevas medidas de ajuste tendentes a la pérdida de derechos y destinadas a fortalecer el papel protagónico de los monopolios. Crisis es destrucción de fuerzas productivas; no olvidemos nunca esa lección de primero de escolar que aprenden todos los días los millones de personas paradas y/o víctimas de una injustificada y extrema precariedad y temporalidad laboral. La clase trabajadora en general, pero especialmente mujeres y jóvenes saben muy bien de que hablamos cuando hablamos de trabajadores pobres.

Y es en todos estos años de profunda crisis de los que en ningún momento se ha salido y que sitúa a cerca de un 30% de la población en riesgo de exclusión social. (https://www.eapn.es/estadodepobreza/), en los que la fracción dominante de la burguesía española, no solo no ha sido capaz de superar su decadente espiral económica y política, sino que, además, ha entrado en barrena al campo de la confrontación interburguesa con las burguesías periféricas, pero muy especialmente con la burguesía catalana generando una crisis institucional sin precedentes, que de facto, da por liquidado el llamado modelo de la Transición.

A pocos metros del barranco, es necesario reaccionar y encontrar una solución.

Muy inocentes seríamos si pensásemos que van de cabeza al barranco sin que nadie ordene parar, acordar y buscar una salida que permita a las fuerzas supervivientes de esta fase de la crisis, consolidarse en el poder hasta el próximo nuevo ciclo agudo de la crisis estructural. Pese al carácter aventurero y violento del capitalismo, cometeremos un error si pensamos que su primera opción es la autodestrucción. Para nada, primero y siempre antes, está la opción de hacerle pagar la crisis a la clase trabajadora y los sectores populares y, si esto no es suficiente para taponar las heridas, encontrar el ajuste institucional necesario para mantener su posición hegemónica como clase y, consecuentemente, el poder del estado.

Las derechas políticas centralistas no valen para esta tarea.

Por un lado iniciar un nuevo ciclo de ajustes estructurales que debiliten el marco de derechos laborales, sociales y políticos en función de dar respuesta a un nuevo ciclo de la crisis estructural del sistema que ya asoma la patita y que amenaza con ser casi tan fuerte como el padecido en 2008. Eso si lo hacen “los nuestros”, “la izquierda” siempre genera menos respuesta obrera y popular. Si encima lo hace en forma de gobierno de coalición con Podemos e IU, mucho mejor.

Por otro, recomponer el marco institucional y avanzar hacia un modelo federal, no es tarea para los legítimos herederos del franquismo y la caverna oligárquica que padecemos desde el siglo XIX. Señoritos, curas, fascistas y borbones, son incapaces de construir una España plural que deje de ser una cárcel de pueblos y excusa para la “rebelión” de las burguesías sin mercado propio, ni voz en la UE. Son incapaces, y debe ser el PSOE – legítimo representante de esa fracción de la oligarquía dominante más moderna y europeísta- quien asuma esa tarea.

En definitiva, iniciamos un periodo político en el que, priorizando la recuperación de la normalidad institucional mediante el diálogo interburgués, la zanahoria y el palo serán las herramientas con las que dominar a la clase trabajadora.

Una vez más, la necesidad de levantar un amplio frente de respuesta obrera y popular que defienda en exclusiva los intereses y necesidades de la clase obrera y el pueblo, se constituye en una prioridad absoluta para nuestro futuro.

Julio Díaz