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Ante todo, insistir en que la aguda crisis del capital consecuencia, por supuesto, de sus propias contradicciones no solo no se ha resuelto, sino que una antes latente recesión ya anuncia su presencia. Parodiando un verso antiguo, podríamos decir que "en fuga irrevocable huye…" el capital hacia el caos, hacia la nada. Por eso no puede desistir de una cada vez mayor violencia y más terrible criminalidad.

Reafirmamos nuestra posición clásica contra la posición vacía y caduca pequeñoburguesa de la inexistencia de las clases absorbidas como grumos en la costra de la ciudadanía, afirmamos de forma tajante la vigorosa existencia de la clase trabajadora y su amplitud mayor que en ningún momento anterior. De ahí nuestra sana y científica convicción de que habiendo clases hay lucha de clases y que para que haya lucha de clases tiene que haber clases (por ej. 200 millones de trabajadores realizan una histórica huelga en la India).

La no existencia de la clase trabajadora, su menguada importancia o su equiparación a las "identidades emergentes" enuncian su validez solo desde la muy subvencionada quimera teóricopolítica pequeñoburguesa, de aquellos que con su actividad política e ideológica apuntalan la permanencia del capital.

Tras este preámbulo con el que, espero, más o menos estaremos de acuerdo, abordamos el objeto de este artículo, que no es otro que la polémica ya antigua que sacude a los activistas obreros, revolucionarios, comunistas unos y otros no, en torno a la dualidad sindicatos amarillos/sindicatos de clase. Polémica que derrama ríos de tinta, debates acalorados y causa irritaciones sin fin.

En mi opinión la división sindicatos de clase/sindicatos amarillos (estos últimos referidos principalmente, cuando no en exclusiva a CC:OO) no es, desde luego, un problema menor; sin embargo, no es la cuestión fundamental que sitúe a la clase obrera en disposición de realizar su tarea emancipadora, de ser, con las alianzas imprescindibles, la clase capacitada para transformar esta sociedad caduca.

La real oposición se da entre sindicalismo de clase/sindicalismo reformista: o si se prefiere sindicalismo del sistema. Ambos, con intensidades diversas y diferentes matices y variantes practicados tanto en los llamados sindicatos amarillos como en los llamados sindicatos de clase.

Sin embargo, para los activistas del movimiento obrero la guía de su actividad debería ser cómo intervenir no exclusivamente desde una visión estrictamente sindical, sino desde un punto de vista revolucionario, es decir intervenir para elevar el conocimiento, la conciencia y la organización en un sentido transformador, comunista, del grupo o sector de la clase a la que nos estamos dirigiendo.

Aquí viene oportunamente, sobre todo para los activistas comunistas la vigente y extraordinaria reflexión/directriz de Lenin:

“Ya que no puede ni hablarse de una ideología independiente, elaborada por las propias masas obreras en el curso mismo de su movimiento (sindical), el problema se plantea solamente así: ideología burguesa o ideología socialista. No hay término medio […]. Por eso, todo lo que sea rebajar la ideología socialista, todo lo que sea alejarse de ella equivale a fortalecer la ideología burguesa [...] y el tradeunionismo implica precisamente la esclavización ideológica de los obreros por la burguesía".

Efectivamente, no hay término medio. En esa real dicotomía, en esa lucha entablada entre ideología burguesa e ideología SOCIALISTA es en la que debemos intervenir y transformar el movimiento. Hay que fijarse bien en la característica de la petición/directriz leninista, pues no señala que la actividad sea clasista, reformista o no, por el contrario, indica con sencilla claridad que huyamos de una actividad exclusivamente sindical -tradeunionista en su lenguaje-, que no consintamos en "…la esclavización ideológica de los obreros …".

Aquí se aloja, en mi opinión, el meollo del asunto. En si los activistas dentro del movimiento obrero desarrollamos una actividad comunista, consistente en no “..rebajar la ideología socialista…", una actividad que incida en una mayor comprensión, conocimiento y conciencia de cuál es la situación de la sociedad y el papel de la clase trabajadora en ella.

Por supuesto que las direcciones de la mayoría de los sindicatos que reconocemos como de clase denuncian desde sus estructuras jerárquicas muchas de las violaciones y fechorías que se cometen contra la clase trabajadora y otras capas y clases sociales, cosa que no hacen por principio los otros sindicatos, pues muchas veces son ellos mismos causantes de los desmanes.

La más dura pero diaria tarea del activista obrero ha de realizarse en el centro de trabajo, entre su grupo de trabajo, en la asamblea de trabajadores, en la sección sindical, en el comité de empresa, en el barrio...En el propio sindicato, denunciándole por algún acto contra la clase o antisocial.

¿En qué consiste esa tarea comunista, esa actividad que permita desterrar "la esclavización ideológica de los obreros por la burguesía"?. Pues fundamentalmente, denunciando, explicando y llamando a luchar y organizarse contra las mil y una tropelías que la violencia del capital ejecuta a diario.

Algunos ejemplos de denuncias políticas, no economicistas, pero concernientes a toda la clase ante la que hemos de denunciar (colectivo de trabajo, asamblea, sección sindical, comité de empresa, organización sindical, vecinal, etc.) su violencia.

Las pensiones no son una realidad ajena a cualquier colectivo de trabajadores. Es cosa de toda la clase sin distinción. La reivindicación "Pensiones de hoy, pensiones de mañana", afecta a toda la clase, sean activos, parados, mujeres, jóvenes, dependientes, etc.; en consecuencia, debe ser defendida por toda la clase. Por solidaridad con los actuales pensionistas, por interés propio y por ser una manera de distribuir renta que ataca las pautas distributivas del capitalismo y sus mercenarios. Defender la pensión pública también de aquellos sindicatos que hablando de lo público promueven los planes privados de pensiones. Con mayor énfasis si eres afiliado a ese sindicato.

El caos en la sanidad de Madrid, o en la de Galicia. En absoluto es una cuestión ajena al conjunto de la clase. Centro por centro, barrio por barrio, hay que denunciar la finalidad de lo que comienza a ser una catástrofe sanitaria; finalidad consistente en preparar la conciencia colectiva para establecer la sanidad privada, para que el capital tenga acceso irrestricto a los miles y miles de millones de la sanidad pública. Es una forma sutil de la violencia y criminalidad de que es capaz el capital con tal de encontrar un depósito de acumulación.

La brecha salarial de género no es exclusiva del feminismo y menos del feminismo de Ana Botín, de Ana Rosa Quintana, de Mujeres, hombres y viceversa. La brecha salarial mengua la media del salario (hay acuerdos cuyo aumento es según la masa salarial), reduce cotizaciones a la seguridad social, reduce el valor de la fuerza de trabajo a la vez que obliga a una mayor carga en la reproducción familiar, que principalmente es femenina. Otra violencia consciente del capital.

Al interior de los colectivos de trabajadores ¿se ha explicado lo que significa la F.S.M., y la importancia de estar en una federación sindical de clase?

Hay numerosos ejemplos más. Debemos analizar la realidad cotidiana y extraer las múltiples oportunidades denunciables de explotación y opresión. Los citados no corresponden a preocupaciones estrictamente economicistas e inmediatas para colectivos de trabajadores que entienden no verse afectados, al no tratarse de EREs, salarios o jornadas. Pero la agitación política e ideológica en torno a esas cuestiones no inmediatas es imprescindible. Y apenas se utilizan. Esa es nuestra gran carencia.

Agitar en el núcleo del colectivo trabajador en las actuales condiciones es tarea difícil, compleja, arriesgada y reclama paciencia, pero tarea necesaria y factible que habrá que aprender a realizar. Pero para activistas que han manejado situaciones dificultosas e incluso arriesgadas, no ha de ser un mayor obstáculo. Por el contrario, hay miles de posibilidades para denunciar hechos diarios y comprensibles por la clase.

No es maldiciendo en todos los tonos posibles a los sindicatos amarillos y desde lugares, al menos en España, a los que la clase en general no accede (declaraciones de ejecutivas de sindicatos muy minoritarios, cuentas de correo, reuniones de cúpulas y similares) como se acaba con los sindicatos amarillos.

Su destrucción vendrá por la agitación y actividad conscientes por apartar al movimiento obrero, a la clase, del economicismo, de la esclavización ideológica burguesa.

Julio Mínguez