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El Festival Viña Rock, en toda su historia, se ha caracterizado por ser un espacio “alternativo”, lejos de los grandes medios de masas y con grupos con cierto mensaje político en sus letras o que incluso han tenido problemas con la justicia por ellas (véase el caso de Soziedad Alkohólika, denunciada por la AVT). No obstante, no deja de ser un festival dirigido a desviar la atención de la juventud potencialmente combativa y que pese al maquillaje no deja de mostrar la cara más amarga del ocio capitalista: alienación, explotación laboral y, de lo que hablaremos más extensamente en este artículo, machismo.

Este año, siguiendo con la tradición de las ediciones pasadas, hemos podido indignarnos con las fechas del Festival Viña Rock 2019: un año más la fiesta de bienvenida al festival tiene lugar el 1 de mayo y se extenderá hasta el día 4 de mayo . Así pues, los días que deberíamos de emplear en organizar la jornada de lucha, mucha juventud consciente y con potencial de entrar a militar en la juventud comunista asistirá al evento.

Esto nos recuerda a la época franquista, durante la cual se boicoteaba el Primero de Mayo poniendo grandes eventos deportivos (en su mayoría fútbol y balonmano) el día anterior para evitar que los comunistas y otras fuerzas políticas en la clandestinidad pudieran organizar una movilización contra el régimen. Táctica que, casualmente, la oposición golpista venezolana ha seguido recientemente de manera similar. Y así ha sido que, para apoyar el intento de golpe y posterior ridículo mayúsculo de Guaidó, músicos de todo el mundo, como Alejandro Sanz, Miguel Bosé o Juan Luís Guerra -a quienes curiosamente nunca hemos visto abrir la boca sobre la situación en sus países- acuden a un megaconcierto organizado por multimillonarios como Richard Branson en la frontera entre Colombia y Venezuela el mismo día que la supuesta “ayuda humanitaria” (el eufemismo de los ya conocidos tanques de la democracia y la muerte norteamericanos) debía entrar en el país bolivariano.

Volviendo al tema inicial. También, durante el mismo Primero de Mayo, el sindicato vertical franquista organizaba actos "culturales" y deportivos. Hoy, situar un festival masivo de música (y más en el caso del Viña Rock, al cual acuden en su mayoría jóvenes concienciados) en esta fecha tiene objetivamente el mismo efecto: la desmovilización de parte de la juventud combativa de este país.

Un hecho remarcable para destacar el carácter alienante y desmovilizador de este festival. En la edición de 2019 se celebra el VI “Viña Grow”. ¿Qué es el Viña Grow? Pues como se habrá podido deducir, dentro de las propias actividades del festival, tiene lugar un encuentro de productores de marihuana. Y es que, como dice la misma página “el mundo cannábico se consolida como uno de los ejes principales de Viña Rock”. Cualquiera que haya acudido a estos festivales habrá visto la total impunidad y pasividad de la Guardia Civil y la Policía Nacional hacia los camellos, que se pasean por el campamento y el recinto de conciertos con absoluta tranquilidad. Esos mismos cuerpos policiales que saltan como perros de caza cuando nos ven pegando carteles una noche o acuden con las luces de emergencia encendidas por la carretera cuando el patrón llama para avisar que está teniendo lugar un piquete de trabajadores en la puerta de una fábrica.

Cabe hacer mención además de la explotación laboral de la que se benefician las empresas detrás de este tipo de eventos, cosa de la que tampoco se salva el ViñaRock. Jornadas maratonianas o el pago del trabajo con la entrada al propio festival (llámese voluntariado) están completamente normalizados. Hay que recordar que, en concreto, este festival es el primero en asistencia en todo el estado, cerrando el año pasado con 200.000 asistentes y un beneficio neto superior a los 20 millones de euros en solo 3 días de festival.

El cartel y programación del festival nos muestran la indiferencia ante la desigualdad entre hombres y mujeres: de los casi 100 grupos que participan en el festival este año, tan solo 7 de ellos son mixtos. El año pasado hubo 464 artistas hombres confirmados frente a 15 mujeres, siendo un 3,13%. Como curiosidad, las mujeres somos mayoría entre el público.

Esto ha sido el continuo en el resto de ediciones y no parece que el cambiar esta situación sea intención ni del Viña Rock ni de toda la industria en general. Cuenta de ello dió la asamblea feminista Femirockers, que se encargaba de los puntos violetas y actividades varias, y que vio retirado el apoyo al compartir en su página de facebook una noticia que hablaba de manera general de la falta de mujeres en los carteles de los grandes festivales. La media de mujeres artistas está en un 5% en los festivales de música a nivel estatal.

Para más inri, en este tipo de festivales nos encontramos a ciertos grupos con integrantes a los que se denunció por agresiones sexuales; nosotros tratamos de boicotearles para que ninguna agresión quede sin respuesta, mientras que en estos eventos se les da oportunidad de trabajar. O casos de grupos o actitudes machistas, a los cuales en estos festivales se les proporciona juventud a la que hacer llegar su mensaje.

Además de esto, la mayoría de las veces si el puesto de vocalista lo ocupa una mujer, le atribuimos algo más de importancia, pues en este caso la mujer es insustituible ya que un hombre no puede cantar como una mujer; pero si nos metemos en el mundo del instrumentista los datos son completamente espeluznantes. Así, la mujer en la industria musical llega a estar reducida a ser la “cara bonita visible”, a usar como reclamo publicitario y siendo gran parte de las veces hipersexualizada (especialmente en el pop).

Hemos de tener en cuenta que los grupos y bandas están prácticamente todos formados íntegramente por hombres, y por lo tanto, a la hora de seleccionar un nuevo miembro, siempre escogen hombres para evitar “complicaciones” de amoríos que puedan romper la banda, o posibles embarazos que causen la baja por maternidad de la integrante.

Todo lo que hay no es más que el simple rol de género que nos relega a las mujeres a la postura o bien de madres, o de amantes, dando por hecho que solo en compañía de un hombre y con la maternidad, estamos realizadas. Somos minoría en los carteles de festivales. En los museos sólo entramos como musas, y en los libros de texto, desde el arte hasta la ciencia, como esposas o anécdota. Porque ese es el papel al que ha relegado, y continúa relegando, el patriarcado a la mujer. Que esto ocurra es la manera de recordarnos que en la sociedad capitalista nosotras no tenemos más cabida que la de ser “compañeras de”, que nos quieren sumisas y desmemoriadas.

Por todas estas razones consideramos al Viña Rock como tan solo otra herramienta del capitalismo para explotar, para intensificar su doble opresión hacia las mujeres, y para menguar la organización de cara al 1 de Mayo. Y esto es algo que no podemos permitir.

Juventud del Partido Comunista de los Pueblos de España