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A pocas semanas del fin de ciclo que se abrió hace cuatro años con la deseada expulsión del PP de un gran número de ayuntamientos y gobiernos autónomos, nos encontramos ya en condiciones de hacer un balance más allá de las expectativas y suposiciones que ampliamente ocuparon miles de páginas, incluidas muchas de nuestro querido UyL.

Fue, la nunca suficientemente despreciada Rita Barberà quien, a la contra, mejor describió lo sucedido al escapársele eso de ¡qué hostia, coño, que hostia! ¡Qué alegría, leche, qué alegría! Eso es lo que sentimos quienes gozamos de la imagen cabizbaja y triste de los, hasta hacía unos minutos, prepotentes y corruptos sátrapas del PP que nos habían gobernado durante más de dos décadas. Esa fue la única ilusión del cambio, la de ver a la grúa municipal sacar del garaje del Ajuntament de València el coche que veinticuatro años antes había aparcado la Sra Barberà para sustituirlo por el coche oficial. Realmente esas fueron las únicas alegrías que nos brindaron ese día a quienes, como toda la militancia del PCPE, sabíamos que el “cambio” no iba a ir más lejos de lo que ya en 1982 nos enseñaron Felipe González y el PSOE que podía llegar el “cambio”.

Pero las posiciones políticas e ideológicas comunistas no son hegemónicas entre la clase obrera y el pueblo y nuestra desconfianza sucumbía ante los argumentos idealistas de una mayoría social confiada en que “esta vez sí se puede”.

Pero pasaron las semanas, los meses y los años y la realidad nos transportó a la cruda realidad que demostraba lo poco o nada que habían cambiado las condiciones reales de vida del pueblo trabajador. Desgraciadamente esa es la conclusión del ciclo abierto hace ahora cuatro años; aquel que, triunfante, culminaba el proceso abierto con el 15M. ¿Pero puede eso explicarlo todo? ¿puede ser ese nuestro único argumento? No lo creo, sería muy pobre y triste, resolverlo con esa afirmación general. Somos marxistas y el materialismo histórico nos impide concluir nuestros análisis con hipótesis que elevamos a tesis sin más análisis que el “porque yo lo digo”. Nunca más volverá a ser esa la posición del PCPE...vayamos más allá de todo tipo de análisis parcial y binario situado en el que ¡salvo nosotros! todos son iguales. Eso puede valer para engañar a infantes y cretinos, pero no para hacer avanzar el movimiento comunista.

Consecuentemente, sería injusto decir que todo ha sido igual al escenario de corrupción y nepotismo generalizado de las décadas ominosas del PP. Han habido cosas distintas y muchos ¡no todos! son los compañeros y compañeras que se van limpios de corrupción y abriendo espacios a una forma de relación social más horizontal, plural y democrática; pero aun valorándolo así y contemplando como muy posible que un nuevo periodo de gobiernos del cambio abriera la espita de la corrupción y los favoritismos entre las filas del “cambio”, ¿qué es lo que les ha impedido transformar nuestras condiciones de vida?

Incapaces de trascender los límites ideológicos del sistema.

Esa es la verdadera razón del nuevo fracaso del segundo “cambio”. El reformismo de quienes instalados en el más estúpido cretinismo institucional asumen como propio e inalterable el marco de dominación burgués y, consecuentemente, lo gestionan sin salirse de él ni un milímetro.

¿Acaso puede cambiarse algo sin superar los límites políticos e ideológicos del marco impuesto por el sistema? No; esa es la gran lección y la razón última del incumplimiento sistemático de todas las promesas electorales de los gobernantes del cambio.

Revertir las privatizaciones, generar bolsas públicas de empleo, acabar con los desahucios, crear empresas públicas, hacer frente a los “carteles” mafiosos de la construcción que dominan el suelo y la obra pública, garantizar plazas públicas suficientes para la educación infantil, desmercantilizar la cultura y el ocio, depurar de fascistas y paliceros las plantillas de policía local, priorizar la construcción de espacios verdes en los barrios obreros, acabar con las subvenciones a los toros y la semana santa, impedir la presencia institucional en actos religiosos….todo, o prácticamente todo, ha quedado en el tintero porque, insisto, no había la menor capacidad ideológica para comprender cómo hacerlo.

Todo para el pueblo, pero sin el pueblo.

El despotismo ilustrado de la burguesía radicalizada, en su prepotencia y clasismo decadente, se piensa el sujeto social del cambio. Pobrecitos...van al barranco de cabeza, ven ya el abismo y siguen incapaces de ligar su futuro como clase al de la clase obrera.

Consecuentemente, ahora sí, digamos con argumentos que, en definitiva y si hablamos de lo que, de verdad, condiciona y determina nuestra vida, nada ha sido lo que ha cambiado en estos años de relevo de collares

Dos pasos atrás

El primero porque nada ha cambiado; el segundo porque, en gran medida, han quemado las últimas reservas de ilusión de un pueblo permanentemente traicionado desde los tristemente famosos Pactos de La Moncloa.

Levantemos la bandera de la Unidad y la Lucha

Nos corresponde a los y las comunistas, al PCPE, con nuestra posición de ofensiva en los movimientos de masas, levantar de nuevo esa barricada de movilización obrera y popular que, sin miedo y definitivamente, quiebre los límites que nos impone el sistema y nos permita avanzar decididamente hacia nuestra liberación sin que una vez más, como ha quedado demostrado estos cuatro años, nos vuelva a callar el dogal del reformismo.

Julio Díaz